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Nace la Ruta Mariana, un itinerario de fe y cultura

Elena Cabrera.- Zaragoza siempre ha sido cruce de caminos y encuentro de culturas pero, también, es cuna de la cristiandad, lugar donde se comprende la advocación mariana. Allí, en Cesaraugusta, a orillas del río Ebro, hace más de dos mil años la Virgen María se le apareció al Apóstol Santiago para confortarle en sus tareas de evangelización. Para testimoniarlo dejó una piedra de jaspe, el famoso ‘pilar’ que hoy cientos de miles de fieles siguen venerando cada año.  

Pero no sólo en Zaragoza existe esta gran devoción por la Virgen. En el enclave de los Pirineos y en Cataluña también se encuentran los santuarios de Torreciudad, Montserrat y Lourdes. Así surge la “ruta mariana”, un itinerario de fe pero también de gran interés artístico, cultural, gastronómico y de ocio. En él se mezcla cultura y devoción con arte y espiritualidad.

Aunque la “ruta mariana” siempre ha estado ahí desde el origen mismo de los santuarios por la devoción que han profesado y siguen profesando los fieles por la Virgen, el proyecto de unificar la ruta es relativamente nuevo. Surgió poco después de la Expo Zaragoza 2008. Para los responsables de la “ruta mariana”, “está enfocada tanto a familias con niños como a jóvenes, amigos, matrimonios…” “Es un turismo religioso, pero hay muchas opciones dentro de este turismo”, afirman. 

La ruta mariana se ha constituido como uno de los destinos de peregrinación mariana más visitado y reconocido en España y Francia, así como en otros países de Europa como Italia, Portugal, Alemania y Polonia. Esta ruta, que cada año aumenta su número de visitantes, acoge anualmente alrededor de 12 millones de peregrinos entre sus cuatro santuarios.

Por ejemplo, la Basílica del Pilar es considerada el primer templo mariano del mundo. Se encuentra en el centro de Zaragoza y en su interior alberga la columna de jaspe forrada de plata de un metro setenta y siete centímetros de altura, que soporta la imagen de la Virgen del Pilar. Recientemente ha sido inaugurado el Museo Diocesano de la ciudad.

Por su parte, el Santuario de Torreciudad, en Huesca, une la modernidad -con apenas 37 años de existencia-, con la tradición, pues está construida a pocos metros de la pequeña ermita del siglo XI, que dio origen a la devoción de la Virgen de Torreciudad. Su construcción fue promovida por el fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá de Balaguer y se abrió al culto en 1975. De aspecto exterior sobrio, su interior invita a la oración y la meditación, en definitiva, a la paz interior, al encuentro con María.