La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Otro debate inútil

Tras los severos ajustes de gasto y la subida de impuestos decretados por el nuevo Gobierno, y mucho más después de las explicaciones dadas  por su presidente, la oposición socialista y sus terminales mediáticas pretenden abrir un estéril debate sobre un aspecto secundario: hasta qué punto Mariano Rajoy conocía la gravedad de la herencia recibida. Parece así que importa mucho más sembrar la duda sobre la sinceridad del presidente al justificar las primeras medidas de austeridad adoptadas, que reconocer la gravedad de la situación económica, en continuidad con la estrategia política de distracción y engaño que caracterizaron las legislaturas de Zapatero. Pero ese no es el debate que espera una sociedad que ya se temía lo peor cuando votó masivamente por el cambio el pasado 20 de noviembre.

Mejor sería que el partido socialista y los sonrientes candidatos que aspiran a dirigirlo, empezaran por reconocer su desastrosa gestión y que, al menos, guardasen un respetuoso silencio ante unas medidas que son necesarias, a todas luces, para taponar la sangría del paro que ellos mismos provocaron. En este contexto resulta poco edificante que los llamados interlocutores sociales sean incapaces de llegar a un acuerdo sobre una de las grandes reformas que el anterior Gobierno fue incapaz de abordar: la reforma laboral. Enquistados en sus rígidos y contrapuestos esquemas económicos y sociales, empresarios y sindicatos, que llevan meses de diálogo de sordos, piden más tiempo al Gobierno para maquillar  su permanente desacuerdo. Corresponderá de nuevo a Mariano Rajoy cortar este nudo gordiano que, hasta ahora, ha cerrado las puertas al sentido común, a sabiendas de que también le lloverán las críticas de una izquierda que no termina de encontrar el camino de una auténtica regeneración ideológica, acorde con los tiempos que vivimos.