La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

¿Qué significa para mí estar bautizado?

Por Julia Merodio, escritora.-Aunque llevamos unas semanas en las que la liturgia ha tomado un ritmo trepidante, no quiero pasar por alto, una realidad tan importante, como es la de estar bautizado y por lo tanto pertenecer ala Iglesia de Jesucristo. De ahí que les invite en este artículo a tener vivo en cada momento el Bautismo que en su día recibimos.

El bautismo puede recibirlo todo ser humano y aunque, en el momento actual, en que la persona parece que se aleja de Dios, el número de bautismos es muy elevado. Salvo raras excepciones todos estamos bautizados. A mí me bautizaron a los dos días de nacer. Era lo habitual: los niños recibían el agua bautismal lo antes posible. Más tarde empezó una corriente que decía que había que dejar a los niños crecer sin bautizarse y que ellos eligieran al hacerse adultos. Yo creo que esto tuvo poca fuerza como observamos en la realidad.

También es sorprendente que, incluso parejas que no han recibido el sacramento del matrimonio, decidan bautizar a sus hijos. Eso sí, buscan una parroquia donde no exijan preparación o ésta sea muy escasa, ya que para ellos el bautismo no va mucho más allá, de la simple ceremonia y la consiguiente fiesta. Pero sea como sea, creo que el número de bautismos en nuestro país es alto, aunque bajen estrepitosamente los números cuando se trata de vivir como bautizados.

Es fácil demostrar este comportamiento; no tenemos nada más que fijarnos en las respuestas que se dan cuando algún reportero, micrófono en mano, se atreve a preguntar sobre el tema:

–          Yo estoy bautizado. Y soy creyente pero no practicante.

–          Yo estoy bautizado; pero tengo una fe “a mi manera”.

–          Yo también estoy bautizado y creo en mis santos, pero no creo ni enla Iglesia, ni en los curas.

–          Fíjate, para que comulgue mi hijo, para que se confirme, para que se case, me han pedido la partida de bautismo; hay que ver “las cosas tan raras” que piden estos curas y luego quieren que vayamos ala Iglesia.

Pero, eso sí, va por delante lo de estar bautizado, aunque se huya de vivir como tal. ¡Y es que nos pesan, demasiado, las responsabilidades!

Ahora, yo me pregunto ¿acaso compramos un aparato, de cualquier tipo, sin leer las instrucciones? Sin embargo, las cosas de Dios son distintas. ¿Para qué quiero saber yo a lo que me comprometo al optar por ellas? Yo estoy apuntado al “cumplo-y-miento”. “Sí pero no”. Bueno, si no hay más remedio… Quizá saque tiempo… Puede que me apetezca…

Vamos a ser serios. Si hay algo importante en nuestra vida son las cosas de Dios y Él nunca nos obliga a realizarlas Por tanto tendremos que tener un gran respeto a sus solicitudes, cuando somos nosotros los que las elegimos desde la libertad más absoluta.

Al elegir los padres el sacramento del Bautismo para sus hijos, se supone: primero que son cristianos y segundo que quieren comprometerse en la misión de alimentar a sus hijos en esa vida que Dios les ha confiado. Pues lo sepamos a no, en el momento de recibir el agua bautismal y por pura gratuidad se nos está regalando la gracia de la salvación.

Pero claro crecemos, el bautismo queda lejano y lo más que podemos aportar es una fotografía que, nuestros padres tomaron cuidadosamente para tener un recuerdo. Por eso, hoy, día en quela Iglesianos presenta el momento de situarnos ante nuestro Bautismo, querría invitarles a que no dejemos apagar la luz de nuestro bautismo.

Tenemos que renovar el compromiso cuando estamos capacitados para poder optar por ello. Así suelen renovarlo los niños al hacer la primera comunión y así tendríamos que renovarlo cada uno al rezar el Credo en cada Eucaristía. Tendríamos que quedar admirados de la dicha que poseemos y, sin embargo, ¿cuántas veces nos paramos a pensar lo que significa, para cada uno de nosotros, el haber recibido el Sacramento del Bautismo? Posiblemente sería bueno acercarnos a Jesús e introducirnos con Él en el Jordán.

EL JORDÁN.-  Como signo de conversión y perdón. La aparición pública de Jesús comienza en el Jordán. Una gran masa de gente llega allí para dejar su pecado y Jesús se mezcla con ellos, se mete en las aguas fangosas y se deja salpicar por todos los pecados de la humanidad. Jesús es nuestro Jordán y el Bautismo es sumergirnos en Cristom participar de su misión, renacer por medio del Agua y del Espíritu.

El bautismo optado, en adulto, es como entrar en el Jordán, enterrar nuestro pecado y salir renovados. En el origen no estaba el pecado original. Estaba el sueño amoroso de Dios: el amor, la vida, la plenitud… En el plan de Dios no estaba el pecado. Esto no puede ocultarnos el saber que estamos situados en un mundo donde hay lados oscuros y ser conscientes de que existe el pecado dentro y fuera de mi.

Nadie puede dudarlo. Esta sociedad marginada, que tanto necesita nuestra atención, nos está enseñando el pecado del mundo. Pero hay pecado también en nuestro interior. No podemos echar la culpa a los demás de que en el mundo haya guerra, racismo, sida, pornografía, esclavitud… Todos somos culpables cuando actuamos fríamente y pasamos de largo como si ello no fuese con nosotros.

Vamos a dejar de nuevo que el agua de nuestro Bautismo lave nuestro corazón. Vamos a darnos cuenta de que Dios nos brinda, una vez más, la misericordia regeneradora y el perdón. Vamos a vernos limitados, frágiles, irresponsables…Vamos a confesar nuestros fallos y vamos a sumergirnos en nuestro Jordán “Cristo” para que Él nos limpie y nos regenere. Pues sólo el Señor puede convertirnos en portadores de misericordia. Sólo su gracia puede desterrar nuestras murallas, de desaciertos, para que pueda entrar la luz.  Sólo su bondad es capaz de hacer que nos dejemos abrazar por el Padre y sepamos, de verdad, quien es Dios.

Cuando los seres humanos perdemos la noción de Dios nos alejamos de la conciencia de pecado y huimos. Por eso es necesario renacer, dejar a Dios que me revele mi pecado y lavarme con el agua que limpia y regenera. Al salir del Jordán, ya no seguiré esos planes tan sugestivos que me brinda la sociedad; seguiré los planes de Dios. Me dejaré empapar por  su palabra y me dejaré iluminar por su luz. Entonces, seré testigo de los pueblos, cumpliendo su encargo. Y diré a todos, Escuchad lo que dice el Señor:

“Oíd, sedientos todos, acudid por agua,

también los que no tenéis dinero;

venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde.      

Después dejaremos que el Espíritu de Dios habite nuestra alma. Dejémosle obrar a través nuestro. Llevémoslo a los demás con nuestras palabras, olvidemos fórmulas e  ideologías trasnochadas y mostremos a la Persona: Jesucristo. Un ser alegre, vivo, lleno de paz, de luz, de sensibilidad… un ser que no ha venido a traer un libro de formulas y recomendaciones, sino un corazón de carne donde habita el amor.

Por si puede ayudar a alguien, les ofrezco unos interrogantes que se pueden utilizar para algún tiempo de silencio.

  • ¿Qué significa para mí estar bautizado?
  • ¿He encontrado a Cristo en mi realidad de cristiano?
  • Después de tantos año de bautizado: ¿sigue dando sentido a mi vida el sacramento?
  • ¿Qué zonas existen en mí que todavía no he dejado entrar la acción de la gracia?
  • ¿He llevado a Cristo a los lugares donde me toca vivir?
  • ¿Hago ver, con mi vida, que la salvación que Jesús ha venido a traer ha llegado ya?
  • ¿Muestro que su pan alimenta, su alegría es plena y su evangelio es luz que santifica?
  • ¿Aplico mí vivencia de bautizado a mi vida personal, familiar, comunitaria, eclesial…?
  • ¿Es Jesús el, agua viva, que sacia mi sed de amistad, de comunión y amor?