La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Tristeza, no desesperación

Cope.es

04/01/12

Fernando de Haro

Triste. Era la única palabra que utilizaba The Economist hace unos días para explicar, en su especial sobre 2012, cómo va a ser el año para España. El magazine de referencia en la City Londinense, antes de que se conociera el primer ajuste del pasado viernes, urgía «al nuevo gobierno a recuperar el tiempo perdido». Y añadía que el problema es el déficit de las Comunidades Autónomas.

Al otro lado del Atlántico, la Vieja Dama Gris -también conocida como New York Times– contaba el viernes el resultado del segundo Consejo de Ministros de Rajoy. No se distingue precisamente por ocuparse mucho de nuestro país, pero en esta ocasión quería hacerles entender a sus influyentes lectores qué nos pasa. Y para ilustrarles les contaba que en Figueres, el pueblo de Dalí, hay una prisión que está vacía y que cuesta 1.300.000 dólares al mes. «Los gobiernos regionales tendrán que deshacerse de algunas de sus responsabilidades, reducir los amplios servicios sanitaros y educativos», recomendaba la referencia del «mundo liberal«, progresista, estadounidense. Es lo que leen los chicos de los mercados, que en la quinta avenida de Nueva York o en Westminster utilizan un metro mucho peor que el de Madrid.

En el nuevo ministerio de Hacienda y Administraciones Territoriales este fin de semana, con poco tiempo para las celebraciones de fin de año, han estado leyendo y releyendo los datos de ejecución presupuestaria. Y les dicen lo mismo que la prensa anglosajona. Un alto cargo contaba el sábado que, tras la subida del IRPF y del IBI, después de haberles pegado un tajo a todos los ministerios, lo próximo son las Comunidades Autónomas. Las medidas del 30 de diciembre corresponden a los 16.5000 millones de los que Rajoy habló en el debate de investidura. Pero hay que sumar 20.000 millones más por los dos puntos de déficit oculto y Hacienda quiere sacarlos de los gobiernos regionales. La tristeza de la que hablaba The Economist es soportable, la desesperación no. Ya llevamos mucho tiempo llorando y sudando, ahora lo que necesitamos saber es que esas lágrimas y ese sudor sirven para algo.