La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El desafío de la nueva constitución húngara

Con el comienzo del año, Hungría ha estrenado una nueva Constitución que ha suscitado las dudas de Bruselas al tiempo que la izquierda europea se rasga las vestiduras. La principal crítica a la nueva carta magna de este pequeño país tan lleno de historia, se basa en que restringe la separación de poderes al limitar las competencias del Tribunal Constitucional además de recortar las del Banco Central. Pero lo que más parece molestar al laicismo europeo es la decidida defensa de los derechos humanos, el fortalecimiento de la familia tradicional, el reconocimiento del embrión como ser humano, y por tanto, la prohibición del aborto, que se ha propuesto el Gobierno de Viktor Orban.

En el frontispicio de la nueva Constitución se recoge el orgullo del pueblo húngaro por su contribución, durante siglos, a la defensa de Europa, de su cultura y de sus valores bajo el signo del cristianismo, al tiempo que rinde homenaje a la memoria de San Esteban, el primer soberano que unificó el país a finales del primer milenio. La nueva Constitución supone un desafío a la corriente laicista impulsada por un sector mayoritario de la izquierda europea, con la indiferencia, hay que decirlo, de buena parte de una acomodada derecha liberal.

Lo que más incomoda a los voceros de lo políticamente correcto es que Hungría se salga de la línea cultural de fondo marcada por la revolución del 68. Un país plenamente europeo, que ha sufrido la dictadura comunista, marca ahora un rumbo que incomoda al establishment europeo. Será interesante comprobar el desarrollo de esta historia.