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El Cardenal afirma que “gracias a la familia cristiana comienza una historia nueva en la vida de las familias del mundo”

El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, fue entrevistado el pasado domingo, 1 de enero, en el Informativo Diocesano de la Cadena COPE, donde habló de los ecos de la Misa de la Sagrada Familia y de los retos de la Iglesia diocesana para este año que comienza. 

Para el Cardenal, la Misa del pasado viernes, 30 de diciembre, festividad de la Sagrada Familia, “fue una jornada en la que quisimos conectar esos dos grandes acontecimientos en la vida de la iglesia en Madrid, en España y en Europa, el de la JMJ y el de la familia”. Según expuso, “en el fondo, los problemas de los jóvenes tienen que ver con los problemas de la familia de una forma muy íntima, casi esencial; son inseparables. Consiguientemente, la jornada de anteayer fue como una especie de sacar consecuencias, de extraer frutos de la JMJ”.

En este sentido, consideró que “el lema lo expresaba bien: ‘Por nuestras familias cristianas hemos nacido’, parece una perogrullada, pero en la época en que vivimos no es nada normal”. Así, manifestó que “hay muchos niños que quisieron nacer y no han nacido porque muchos no han querido y, de algún modo, cuando el aborto nos impone violentamente es que su padre o su madre no han querido”. Por ello, afirmó que “el don de la vida es un don precioso” y los jóvenes lo han podido “proclamar al mundo”. “Ellos, añadió, lo han recibido de sus padres, en una familia cristiana, que son las que más han comprendido el deber y la gracia de dar la vida, y que por ellas lo han recibido. Gracias a la familia cristiana, gracias a Dios y gracias a esa familia de Nazaret con la que comienza una historia nueva en la vida de las familias del mundo”.

Sobre el sentido original de la familia, explicó que “es verdad que, en el fondo de la realidad matrimonio-familia-hombre, lo que llamaríamos en términos filosóficos e intelectuales la antropología, hay un fondo de razón que se puede conocer por el ejercicio natural de la capacidad cognoscitiva del hombre. En la luz de la razón te permite, por ejemplo, conocer que el matrimonio y la familia y su relación con la vida y el deber de respetar la vida, de darla y respetarla como algo sagrado, se conoce, se accede a su conocimiento por la razón”. Por lo tanto, prosiguió, “ha habido y hay en la historia y el presente de la humanidad, líneas de pensamiento y tradiciones religiosas que en gran medida también lo viven y lo defienden. Es verdad que, en toda su plenitud, solo ciertamente en la comunión y en el estar y en el vivir la verdad, el bien, la vida y el amor al que se tiene acceso y del que se participa en la comunión de la Iglesia Católica”.

Para el Cardenal, “lo que tenía que ser un deber primordial del ordenamiento jurídico, del legislador y del fruto de su acción de gobierno, que son las leyes, muchos casos se despreocupan de la protección del derecho a la vida, lo dejan a la libre decisión de los que lo hacen, tratan ese asunto como privado y particular, que no tiene nada que ver con el deber común, y abren la puerta a ese fenómeno masivo de la eliminación de vidas de seres humanos por cantidades que uno no quiere ni pensar”.

Preguntado por los retos de la Iglesia diocesana para este año, subrayó que “viene el gran reto de seguir cuidando de los jóvenes, de las nuevas generaciones, de que ellos se sientan en Cristo, evangelizados en la Iglesia de Madrid, que se sientan protagonistas activos de la misión de llevar a Cristo al mundo –sobre todo a sus jóvenes compañeros y familias, y a la sociedad-, y en una situación donde las consecuencias de pecado de mucho tiempo se notan, incluso, en lo más diario y próximo a las necesidades de las personas, como es el alimento, la casa, la vivienda…”

Además, señaló que “nos encontramos, de nuevo, con un mundo de pobreza agravado por la crisis, con un mundo de duda, de casi de depresión personal –entre psicológica y espiritual- que tanto dolor causa y que tantos recortes de horizonte se ponen y se edifican para los jóvenes”. Y “en ese ambiente, en ese contexto, hay que decirles lo de la JMJ: ´enraizados en Cristo, edificando la vida sobre Él, permaneced firmes en la fe y vendrán la esperanza y todas las ilusiones de amar que ahora, en vuestra vida, se manifiesta de manera tan vigorosa, y llenando todo lo que sois, tenga respuesta para vosotros y para todos los demás´”.

“Por ahí va el mensaje del Santo Padre que lo dedica, en este fin de año, al objetivo de educar a los jóvenes en la justicia y la paz. Y lo hace con esa profundidad suya de siempre, donde habla y coloca esa educación en lo más hondo de la persona y de los jóvenes, y en la responsabilidad de todos los que tienen que ver con esa educación: la iglesia en primerísimo lugar, la familia, la escuela y los responsables de la sociedad en cada uno de sus ámbitos (de la cultura, de la economía, de la política…) A ellos llama la atención el Papa con respecto a su responsabilidad de educar a los jóvenes de verdad, en la verdad y en la libertad dice él, no se puede separar la verdad y la libertad en la propuesta que se haga a los jóvenes. Se les han hecho muchos propuestas de libertad, pero muy pocas de una libertad verdadera y basada en la verdad y que les permita ser verdaderamente libres; porque la libertad es un instrumento para que el hombre encuentre la felicidad y, por lo tanto, supere el mal, el pecado y las consecuencias de éste… Para usarla, como diría San Pablo en términos de la doctrina del leguaje paulino, para convertirles en esclavos de sus pasiones, de su egoísmo, etc”.

Concluyó afirmando que el Santo Padre “nos pone en la pista de educarlos en la verdad y la libertad, y entonces la educación y la justicia vendrán como una consecuencia inevitable. Y todo ello lo podríais conseguir si levantáis los ojos a Dios o, en este caso, en este tiempo de Navidad, con la fiesta de la Sagrada Familia y los Reyes Mayos, quiere decir: ´levanta los ojos a Cristo, levanta los ojos a ese niño que es el Hijo de Dios y que es carne de la carne humana que ha sido carne en el seno de la Virgen para que nosotros podamos, de nuevo, tener verdadera libertad´”.