La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Urgencia de paz, desafío educativo

En el primer día del año, el Papa nos ha recordado que la paz, en su sentido más pleno y alto, es la suma y la síntesis de todas las bendiciones. La Iglesia invoca este bien supremo en la Jornada Mundial de la Paz, que celebra cada 1 de enero. Este año, Benedicto XVI ha querido poner el acento en la relación que existe entre educación y paz. Educar a los jóvenes en la justicia y la paz es la tarea que atañe a cada generación y, gracias a Dios, como ha subrayado el Papa, la familia humana, después de las tragedias de las dos grandes guerras mundiales, ha mostrado tener cada vez mayor consciencia de ello.

Para la comunidad eclesial, educar para la paz forma parte de la misión que  ha recibido de Cristo, forma parte integrante de la evangelización, porque el Evangelio de Cristo es también el Evangelio de la justicia y la paz. En este sentido, la Iglesia en los últimos tiempos se ha hecho portavoz de una exigencia que implica trabajar por la paz desde el desafío urgente que plantea la educación. Hay que educar, no solo instruir y hay que hacerlo incidiendo en una cultura relativista que pone encima de la mesa la base del mismo desafío: ¿Tiene sentido todavía educar?

En efecto, tiene sentido. La Iglesia lo afirma con voz clara. Frente a las sombras que hoy oscurecen el horizonte del mundo, asumir la responsabilidad de educar a los jóvenes en el conocimiento de la verdad y en los valores fundamentales, significa mirar al futuro con esperanza. Y en este compromiso por una educación integral, entra también la formación para la justicia y la paz.