La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

LA CONSTITUCIÓN HÚNGARA

 Jaime Rodríguez-Arana. Catedrático de derecho administrativo.- El 1 de enero de 2012, dentro de unos días, entrará en vigor la nueva Constitución húngara que viene a sustituir a la de 1949, retocada y parcheada para hacerla en diversos momentos para compatible con la democracia, pero ya obsoleta y necesitada de una profunda modificación. Pues bien, la nueva Carta magna ha sido descalificada por el pensamiento único como ultraconservadora y laminadora de los estándares europeos más razonables. ¿Cuál es pues el pecado de una Constitución elaborada  este año y que ha puesto tan nerviosas a las terminales mediáticas de la nueva censura?. ¿Qué contenido tan lacerante, tan vejatorio ha animado a determinados grupos a etiquetar esta Constitución de violadora de los derechos humanos?. 

Sencillamente, lo que ha sacado de sus casillas a ese pensamiento plano que no tolera la diferencia y que pretende que todos andemos por el mismo carril, es el reconocimiento del respeto a la vida humana desde la concepción, la centralidad de la familia, el matrimonio como unión estable de un hombre y una mujer o la constatación del cristianismo en la pervivencia de la nación húngara. La Constitución de 2011, además de afirmar la división de poderes, la separación Iglesia-Estado, la primacía de los derechos humanos, el respeto a los derechos de las minorías y del medio ambiente, limita el poder del Tribunal Constitucional cuándo sus decisiones traigan consigo obligaciones financieras por encima del 50% de la deuda pública, permite al Presidente de la República disolver el Parlamento en caso de que se bloquee la aprobación del presupuesto y habilita a las empresas con estructuras y actividades transparentes para formalizar contratos con las empresas públicas.

En efecto, ni el Parlamento Europeo, ni la Comisión Europea, ni la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa han censurado o criticado a Hungría por su Constitución. Por otra parte, la Constitución se ha aprobado de acuerdo con la forma establecida y, por si fuera poco, responde a las convicciones de una gran mayoría de húngaros tal y como reflejan distintos sondeos de opinión. Ahora bien, como resulta que no sigue los dictados de determinados grupos que manejan a su antojo la opinión pública internacional, entonces tendríamos que plegarnos a sus deseos. Algo, lisa y llanamente, que ni van a hacer los húngaros, ni responde a los más elementales parámetros de la racionalidad.

Los húngaros se han dado cuenta que el derecho a la vida es un factor determinante para el progreso y de que la estabilidad familiar es un elemento básico para la estabilidad política, económica, social y cultural. Decisiones que por lo menos debemos respetar cuándo no emular. La política de inestabilidad familiar ya sabemos a dónde lleva así como la lesión del más fundamental de todos los derechos fundamentales. Que ello no guste a determinadas minorías que controlan los resortes de la opinión pública global demuestra precisamente la necesidad de democratizar y abrir a la pluralidad el espacio público de la comunicación también a escala mundial.

 

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