La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
El cardenal Rouco inicia la Misa de las Familias con el mensaje del Papa, centrado en el fomento de los "valores" y el "amor"

El Papa recuerda que “la familia tiene una dimensión educativa imprescindible porque en ella se aprende a convivir, se transmite la fe y se afianzan los valores”

Paloma Fernández Cárdenas. – El Santo Padre ha estado muy presente en la Misa de las Familias. A través de un mensaje leído por el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, se ha dirigido a los asistentes al comienzo de la Eucaristía. Las familias esperaban emocionados su mensaje.

Benedicto XVI ha dado gracias a Dios por el gran misterio de la Sagrada Familia, que ilumina cada hogar cristiano y da muestra de humanidad, de esperanza y de alegría. Su mensaje ha querido dejar claro que el calor de la familia y del hogar es capaz de enseñar muchas más cosas de las que pueden decir las palabras.

Para Su Santidad, la familia tiene una dimensión educativa imprescindible, porque en ella se aprende a convivir, se transmite la fe y se afianzan los valores.

El Papa recuerda también la celebración de la Navidad, un importante e histórico acontecimiento en el que Jesús se hace hombre para salvar a toda la humanidad. En la Navidad, recordó, también está muy presente el espíritu de la familia de Belén,una familia, dijo, de corazón sencillo y llena de amor.

La grandeza de la familia cristiana ha sido el punto principal del mensaje del Santo Padre. “La familia es una espléndida vocación”. Así, tras estas palabras recordaba al beato Juan Pablo II, quien siempre describió a la familia como “una participación viva y responsable en la misión de la Iglesia de manera propia y original, es decir, poniendo al servicio de la Iglesia y de la sociedad su propio ser y obrar, en cuanto comunidad íntima de vida y amor” (Familiaris Consortio, 50)”. Así, animó a todas las familias españolas a ser conscientes de tener a Dios a su lado y de invocarlo siempre para recibir de Él la ayuda necesaria para superar las dificultades, una ayuda cierta, fundada en la gracia del sacramento del matrimonio. “Dejaos guiar por la Iglesia, a la que Cristo ha encomendado la misión de propagar la buena noticia de la salvación a través de los siglos, sin ceder a tantas fuerzas mundanas que amenazan el gran tesoro de la familia, que debéis custodiar cada día”, afirmó.

El hogar de Nazaret

Benedicto XVI ha tenido muy presente al hogar de Nazaret, donde nació el Niño Jesús. Esta familia es un ejemplo de humanidad que, como recuerda el Santo Padre, supo educar en la convivencia, la fe y los verdaderos valores. “Esto nos lleva a pensar en la dimensión educativa imprescindible de la familia, donde se aprende a convivir, se transmite la fe, se afianzan los valores y se va encauzando la libertad, para lograr que un día los hijos tengan plena conciencia de la propia vocación y dignidad, y de la de los demás. El calor del hogar, el ejemplo doméstico, es capaz de enseñar muchas más cosas de las que pueden decir las palabras. Esta dimensión educativa de la familia puede recibir un aliento especial en el Año de la Fe, que comenzará dentro de unos meses”. El Papa invita fervientemente a revitalizar la fe en todas las casas y tomar mayor conciencia del Credo que profesamos.

Finalmente hace una mención especial a los jóvenes de la JMJ, la emoción y alegría con la que vivieron el encuentro y pidió a Dios, por intercesión de Jesús, María y José, que no dejen de darle gracias por el don de la familia, que sean agradecidos también con sus padres, y que se comprometan a defender y hacer brillar la auténtica dignidad de esta institución primaria para la sociedad y tan vital para la Iglesia.