La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Somos Evangelio para el mundo

Por Julia Merodio, escritora.- Por mucho que nos hayamos esforzado, en estas dos semanas que llevamos de Adviento, tenemos muy claro que, la iniciativa siempre es de Dios y que ha sido Él quien ha llenando de ternura y alivio, nuestro ser. Se nos ha mostrado como Padre y Hacedor; moldeando nuestra arcilla y confortándonos en nuestra fragilidad. Se nos ha mostrado como consolador, para darnos fuerza y confianza. Ahora en esta tercera semana, somos enviados a proclamar, todas esas finuras que hemos vivido junto a Él y que tan Buena Noticia han sido para nuestra existencia. Por tanto tomaremos conciencia de que somos Evangelio para el mundo.

A mí me parece que, en los tiempos que corren, esto de ser Evangelio para el Mundo suena demasiado fuerte y no nos sentimos capaces de realizar una tarea tan desbordante. Sin embargo, Lucas que conoce la sencillez de las cosas de Dios, no duda en situarnos ante uno de los últimos rincones del mundo para presentarnos a esa joven que ha sido “agraciada”, porque Dios ha puesto su mirada en ella.

Pero ¿es que Lucas no sabía lo que hacía? Lucas, no pretende impresionar a nadie. Lucas, que tanto se documentó sobre la vida de Jesús y de María, se ha dado cuenta de que las cosas de Dios se escapan, un poco, a nuestra mente humana; y, ahí está la realidad. Solamente los que saben leer con los ojos del alma, serán capaces de entenderlo. Por eso María, escasa de cultura y seguramente sin saber leer, leyó las maravillas del Señor, con tan singular nitidez y las pregonó con tanta fidelidad que es hoy nuestro paradigma.

María ha sido capaz de expresar su amor, porque ha vivido bajo la mirada de Dios. El amor de Dios  se había encarnado en Ella y eso le hacía mostrar: al Dios de la paz, del amor, de la esperanza… a cuantos se cruzaban con en su camino.

La criatura nueva, que acababa de tomar vida en su seno, le había hecho nacer un nuevo corazón, todavía mayor del que ya poseía yla Buena Noticiabrotaba de su manera de vivir y de amar.

María vivía una historia de gracia donde, el punto de partida, había sido: la revelación del amor de Dios. María había dejado a Dios, que le susurrase su nombre y la inundase de su inmensa misericordia. Y todo ello le hacía ser el gran Evangelio para el Mundo.

En esta tercera semana de Adviento, querría invitarles a tomar una nueva forma de situarnos en la vida, instarles a vivir nuestra realidad desde la contemplación. Para ello, no nos quedará mas remedio que pedir al Señor su gracia para entrar en ella con la sorpresa y la humildad que merece. Pues, cuando la persona, en cualquier circunstancia de su vida, ha tenido experiencia de Dios y ha reflexionado en ello desde Él, nota cómo sus actitudes, emociones, sentimientos, afectos y manera de ser cambian, al ser contemplados a la luz de su Palabra. Y ya no se puede prescindir del encuentro personal con el Señor; necesita buscarlo, hallarlo, sentirlo…  necesita contemplarlo.

Porque es contemplando donde uno puede meterse en el mundo escondido de Dios. Un mundo donde toda regla desaparece, toda estrategia se suprime, toda metodología se simplifica… y, solamente se encuentra la gratuidad de Dios dándose a conocer. Por tanto, es precisamente, en ese momento, en el que se toma conciencia de lo que es el mundo de la gracia, donde no hay deudas sino don y gratuidad. La contemplación es, en sí misma, oración profunda y personal. En ella nada importa el saber, sino el sentir. Así nos lo dice S. Ignacio, con esa maestría especial que tiene para instar a la persona a situarse  en la escena, como si se hallase presente. Él nos pide que veamos a los personajes, escuchemos lo que hablan, nos hagamos uno con ellos y compartamos la realidad de lo que se vive; y esto, no para recibir información si no para sentir al Señor, para ir entrando en ese mundo, escondido donde el conocimiento de Dios plenifica a la persona. Y San Ignacio pide contemplar aquellos personajes, no para hacer algo bonito y bohemio, sino para desde ellos, contemplar la vida, la de su tiempo y la del nuestro y ver en las personas que nos rodean al mismo Dios viviendo entre nosotros.

Por eso, para hacer una oración de contemplación, no se necesita tener una inteligencia privilegiada, se necesita tener sed de Dios, ansia de buscarlo, de conocerlo de amarlo. Para contemplar, no se necesita hacer experimentos, sino ansiar un encuentro personal con el Señor, para compartir con Él hasta que se note que va ocupando el corazón.

Por eso, como va siendo habitual en mis escritos, pediría hacer silencio. Entrar en lo profundo de nosotros mismos y preguntarnos:

  • ¿Qué quiere Dios de mí?
  • ¿Cómo puedo ser Buena Noticia para el mundo?

Les aseguro que la respuesta no tardará en llegar. A cada uno, Dios, le dirá algo personal y único, pero también habrá una respuesta común para todos. Serás Buena Noticia para el mundo:

–       Siendo fiel al Evangelio.

–       Siendo fiel a tu carisma personal.

–       Siendo fiel a los signos de los tiempos.

Porque Dios, en cada momento nos hablará de una manera distinta y lo importante será acoger esa Palabra, bajo la luz del Espíritu Santo, teniendo la seguridad de que, cuando Dios quiere algo de nosotros, no hay duda de que es posible. Él, lo confirmará cuando quiera, lo hará como quiera, pero sin dudarlo se efectuará, pues Dios tiene poder para realizar lo imposible. Pero no nos engañemos, nuestras acciones, nuestra conducta… tendrán que ir avaladas por las obras. Los frutos son el lenguaje de nuestra vida “Por sus frutos los conoceréis” dicela Palabrade Dios:

El árbol bueno, da frutos buenos.

El árbol malo, da fritos malos.

Y nosotros ¿Qué frutos damos?

Nada permanece oculto a los ojos de Dios. Para Él la noche es clara como el día y la tiniebla el comienzo de la aurora. Dios no nos pide acopio de bienes sino confianza. Por tanto hagamos un gran acto de fe en el Señor, eso nos llevara a acoger la voluntad de Dios con alegría y acción de gracias.

Seamos en la vida verdaderos precursores y verdaderos profetas. Posiblemente creamos, que son pocos los que lo reconocerán, pero sin saber cómo, seremos Evangelio y la presencia de Cristo se irá haciendo presente en nuestro mundo.