La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Del mare nostrum romano-cristiano al mediterráneo árabe-musulmán y cristiano

Antonio Alonso, Profesor de la Universidad CEU San Pablo, Madrid.- El 28 de abril de 711 desembarcó en Gibraltar la expedición musulmana encabezada por Tarik —campaña que se prolongó durante todo el mes de mayo y parte de junio— y se realizó gracias a la acción de Julián, gobernador de Ceuta, y de cuatro barcos de que disponía. Con ellos desplegaron en la península hasta un total de 7.000 soldados y alguna caballería. Aunque el lugar elegido para el desembarco había sido la bahía de Algeciras, tuvieron que cambiar de estrategia, al tropezar con un destacamento de vigilancia goda, dirigiéndose entonces hacia un lugar montañoso que después recibiría el nombre de Gebel Tarik (“monte de Tarik”) que derivó posteriormente en Gibraltar. Así es cómo se inició la invasión musulmana de España y se consumó la división religiosa del mediterráneo entre la Cristiandad y el Islam. 

Siglos atrás, en los turbulentos años del final de la República Romana y de su transformación en Imperio, Pompeyo Magno (106-48 a.C.) logró la unidad del Mediterráneo convirtiéndolo en el “Mare nostrum”. Fue hacia el año 67 a.C. cuando la asamblea de la plebe aprobó la Lex Gabinia, por la que se nombraba a Pompeyo comandante de una fuerza naval especial para hacer campaña contra los piratas. En virtud de dicha ley, se facultaba a Pompeyo a actuar en cualquier parte del Mediterráneo, en las costas bañadas por él e incluso hasta 50 millas tierra adentro. En efecto, nada más recibir este mando, Pompeyo comenzó sus preparativos para la guerra y culminó su tarea de manera rápida y eficaz. Pompeyo dividió el Mediterráneo en trece regiones separadas, cada una bajo el mando de uno de sus legados, de manera que en tan solo cuarenta días expulsó a los piratas del Mediterráneo occidental y restauró la comunicación entre Hispania, África e Italia. Persiguió al grueso de piratas hasta sus refugios en la costa de Cilicia (la costa meridional de la península de Anatolia) y, tras derrotar a su flota, les ofreció su perdón, si se rendían. De hecho, muchos de estos piratas se asentaron en Soli, rebautizada posteriormente como Pompeyópolis.

A la muerte del emperador Teodosio I (395) el Imperio Romano se dividió en dos: el Oriental (Bizancio) y el Occidental, en el que trajo como consecuencia la división en múltiples reinos (regna) con sus correspondientes escuadras, como las de Aragón, las Galias y las señorías marítimas de Génova y Venecia.

Con la irrupción del Islam (s. VII) y la ocupación subsiguiente del Imperio Bizantino (1453), se consuma la quiebra de la unidad del Mediterráneo, pasando de ser el “Unificado mare nostrum” al multidividido política y religiosamente mediterráneo. Dee consiguiente, en el s. VIII compitieron belicosamente las escuadras del Imperio Oriental (Bizancio), del Islam (que posteriormente dará lugar al nacimiento de nuevos Emiratos independientes) y de los Reinos cristianos, volviendo a producirse, como efecto colateral, la piratería.

A pesar de que las paces posteriores a la I y II guerras mundiales parecían ya definitivas, el Mediterráneo vuelve al presente a ser escenario de movimientos revolucionarios y aun bélicos entres los países ribereños independientes.
El Diálogo de Barcelona y la iniciativa de Sarkozy, la Unión por el Mediterráneo, también han buscado estrechar los lazos de cooperación en diversas materias entre ambas orillas del Mediterráneo, pero sin llegar a plantearse una reunificación política, cultural o religiosa

Concluyendo, 1300 años después del desembarco de Tarik en Gibraltar, tenemos de nuevo un mediterráneo “política y religiosamente dividido y entre guerras”.

Referencia bibliográfica: MARTÍNEZ DÍEZ, G., El Condado de Castilla (711-1038), (Marcial Pons 2005).