La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El presidente del Episcopado afirma que “los jóvenes son los más afectados por el trasfondo del relativismo moral de la sociedad”

El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, dedicó ayer gran parte de su discurso de apertura de la XCVIII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, a la reciente JMJ celebrada en Madrid, afirmando que ha sido “una verdadera cascada de luz” al tiempo que recordaba “los ecos de la sonora riada de jóvenes de todo el mundo que el pasado mes de agosto se dieron cita en Madrid”.   

Al hacer alusión al “intenso proceso” de preparación espiritual, pastoral y apostólica previo como la peregrinación de la Cruz de las JMJ y el Icono de la Virgen, que han viajado por España durante dos años, puso de manifiesto “la caudalosa corriente de oración e intensa plegaria”, en especial de “las comunidades de religiosas contemplativas de toda España”. Igualmente rememoró los ‘Días en las Diócesis’, en los que “las comunidades diocesanas pudieron recoger los frutos de maduración interior y de compromiso apostólico a los que había conducido la peregrinación por toda España”.

Para el cardenal, la JMJ ha sido “un acontecimiento eclesial emocionante, una experiencia festiva y un echar raíces en el Señor”, así como “una gran asamblea de comunión eclesial”. En este sentido, hizo un repaso por los actos celebrados durante la misma y afirmó que tanto los encuentros como las celebraciones con el Santo Padre “constituyeron los momentos culminantes, que abrieron el espacio litúrgico, piadoso y espiritual para el gran sí a Cristo: el personal e íntimo y el público y manifiesto”.

Frutos de la JMJ

En cuanto a los frutos de la JMJ, aseguró que “hemos de aprovechar el impulso apostólico que de ella se deriva para proseguir con decisión y confianza la tarea de la nueva evangelización en todos los campos, pero, en particular, en la pastoral juvenil”. Así, señaló que ha habido muchas conversiones, otros han vuelto a recibir los sacramentos como la confesión, se han decidido vocaciones para el sacerdocio y para la vida consagrada en jóvenes y otros “muchos han visto con mayor claridad la belleza del matrimonio y de la familia, vividos como vocación cristiana, que es la de ellos y que tan urgentemente necesita nuestra sociedad”.

“Tampoco es del todo posible calibrar con precisión las consecuencias espirituales de la profunda impresión que causó en toda la sociedad el estilo y calidad humana y religiosa de una juventud tan numerosa y sorprendentemente pacífica, solidaria, generosa y alegre”, sostuvo, afirmando que “tal manifestación pública no puede dejar de ayudar mucho a la obra de la nueva evangelización”.

En el “crítico momento social que vivimos, añadió,la JMJ ha supuesto un formidable impulso apostólico que la ha llenado de ilusión y de esperanza”, más aún cuando “atravesamos momentos de tensiones y dificultades”, entre cuyas causas, recordó, se encuentran “la pérdida de valores morales, que va de la mano del relativismo y del olvido de Dios y de su Santa Ley, cuyas consecuencias son la corrupción política y económica, la codicia, la búsqueda del propio interés a toda costa, el menosprecio de la vida humana mediante políticas y conductas abortistas y antinatalistas, la desprotección y la disolución institucional del matrimonio y de la familia, la instrumentalización y el deterioro de la educación. Todo ello no puede conducir más que a situaciones sociales y económicas muy delicadas”.

Declaró que “los jóvenes son precisamente los más afectados por ese trasfondo de relativismo moral, de escepticismo espiritual y religioso y de concepción egocéntrica e individualista del ser humano y de la vida, que tanto daño les causa a ellos mismos y al conjunto de la sociedad. Ellos deben ser protagonistas de su propio presente y futuro. Pero para ello es necesario que se les ofrezcan los medios adecuados, empezando por una educación integral, que no se reduzca a una pobre y a veces inmoral transmisión de conocimientos, sino que les capacite para el desarrollo de todas sus posibilidades humanas”.

Por último, el cardenal hizo alusión al Plan Pastoral que está estudiando la CEE, y que “prevé la realización de un congreso nacional sobre pastoral de la juventud”, que pretende ser “un foro en el que los responsables diocesanos y de otros ámbitos eclesiales puedan reflexionar en común y recibir estímulos para el trabajo que hay que proseguir y mejorar”. En él, habría que prestar atención a “la formación doctrinal”, en alusión al Youcat entregado a los jóvenes durante la JMJ, o al Año de la Fe, convocado por Benedicto XVI. Y al cultivo de “otros elementos esenciales de la vida cristiana, como son la participación activa en la liturgia y en la oración”.

Consideró que la pastoral juvenil ha de ser capaz de “ofrecer cauces para que los jóvenes puedan acceder al encuentro personal con Dios en Cristo y para ser capaces de ordenar su vida de modo duradero hacia Él. Ese ha de ser el objetivo de todas las actividades, acciones y planificaciones. Que los chicos y chicas, que se encuentran en un momento de la vida en el que han de tomar opciones muy determinantes de toda su existencia, puedan hacerlo en la perspectiva básica de llegar a ser santos en todo: en el estado de vida elegido; en la profesión para la que se preparan o que desempeñan; en el trabajo, en el ocio y en el disfrute de la creación y su belleza; en las relaciones de amistad; en la alegría y en el dolor”.

Otro punto relevante del Plan Pastoral de la CEE será “la pastoral del matrimonio y de la familia”, ya que “entre los escenarios más importantes de la nueva evangelización” tiene “especial relevancia la realidad de una cultura matrimonial y familiar gravemente herida” por “el individualismo hedonista y el positivismo jurídico, a los que ha conducido el alejamiento de Dios y de la verdadera humanidad”.

También hizo referencia a dos temas que se van a tener en cuenta en los trabajos de esta Plenaria: la declaración de san Juan de Ávila doctor de la Iglesia universal, y la celebración en el año 2015 del quinto centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús, la primera mujer declarada doctora de la Iglesia.

Nuevo período político

A modo de conclusión, el Cardenal Rouco señaló que “con nuestra Asamblea Plenaria ha coincidido el comienzo de un nuevo período político para España, después de las elecciones generales de ayer. Desde nuestro ministerio de Pastores del Pueblo de Dios, deseamos a quienes han sido elegidos para gobernar, en tiempos tan difíciles, acierto, serenidad y espíritu de servicio en su noble y decisiva tarea. Como siempre hace la Iglesia con los gobernantes, les ofrecemos el apoyo espiritual de nuestras oraciones y las de todos los católicos”.

“Ese progreso es el que, con el Papa, los obispos españoles deseamos para nuestra patria y por el que rogamos a Dios. Ofrecemos con ese fin nuestra específica y humilde colaboración. La modélica cooperación de todas las instancias concernidas del Estado, de uno u otro color político, entre ellas y con diversos sectores de la sociedad -no solo con la Iglesia-, puesta de manifiesto con ocasión de llevar a buen puerto la celebración de la JMJ, ha de ser calificada de modélica. Ojalá que pueda repetirse en el futuro, no solo para ocasiones extraordinarias, sino también en la vida de cada día”, concluyó.