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D. Javier Cremades, director de los Actos centrales de la JMJ: «Sólo Dios sabe la repercusión que tendrá la siembra de santidad en la vida del mundo y de la Iglesia»

Elena Cabrera.- El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, mantuvo el pasado sábado un encuentro con los colaboradores del Departamento de Actos Centrales de la JMJ, organizado por el Director del mismo, el Rvdo. D. Javier Cremades, para agradecer a las personas e instituciones que han colaborado con la JMJ de manera generosa y altruista en los Actos Centrales. Con él hemos hablado. 

 

-¿Cuál es el objetivo del encuentro que mantendrá el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, con los colaboradores del Departamento de Actos Centrales de la JMJ, el próximo sábado?

El objetivo de esta reunión es el deseo del Sr. Cardenal  de dar las gracias personalmente a algunas personas e instituciones que han colaborado con la JMJ de manera generosa y altruista en los Actos Centrales. Por ejemplo, entre otros muchos que sería imposible nombrarlos a todos, a los Hermanos Mayores de las 15 Cofradías de toda España que trajeron sus Pasos a Madrid y participaron en el Vía Crucis; al Deán y Canónigos de la Catedral Primada de Toledo por haber cedido la Custodia de Arfe para la Exposición Solemne con el Santísimo que tuvo lugar en la Vigilia de Oración que se celebró en Cuatro Vientos; a los dos arquitectos que trabajaron gratuitamente y proyectaron los estrados de Cibeles, Cuatro Vientos y del Vía Crucis; a la familia Domecq, que participaron con sus caballos para el acto de bienvenida a Benedicto XVI celebrado en la Puerta de Alcalá, entre otros.

-¿Qué supone para usted volver a reunirse con todas las personas que han estado vinculadas a los actos centrales de la JMJ?

Un reencuentro grato y emocionante. Hemos trabajado codo con codo durante varios años para hacer realidad el sueño de la JMJ, y eso nos ha dejado a todos una gran huella. Han surgido amistades muy hondas y estoy seguro que serán años muy difíciles de olvidar.

-¿Qué valora de la aportación voluntaria y generosa de tanta gente buena, que ha querido contribuir a la JMJ?

Valoro muchas cosas: su generosidad, en lo humano, y su amor a la Iglesia, en lo espiritual. La JMJ no ha sido sólo un “gran acontecimiento”, sino unos días en los que se ha notado en los corazones de miles y miles de jóvenes, y en toda la sociedad, la gracia del Espíritu Santo. Y nosotros también hemos notado, en nuestro trabajo, el apoyo espiritual de personas ancianas que rezaban desde sus casas, de todos los conventos de clausura, de sanos y enfermos que ofrecían sus trabajos y sus dolores… si no, no se explican los resultados. No era una simple cuestión de organización, sino un momento de gracia singular para los jóvenes, que estoy convencido que se debe a la oración de esas innumerables personas anónimas, que han contribuido decisivamente con la JMJ. Unos hemos trabajado en las oficinas; otros, en sus casas, en la cama de un hospital, en el silencio de una iglesia, quizá a miles de kilómetros de Madrid. Estos han sido –estoy convencido- voluntarios decisivos, aunque no hayan aparecido sus rostros en ningún medio de comunicación.

-¿Qué recuerdos tiene de los días de los Actos Centrales y qué es lo que más resaltaría?

Tengo muchos recuerdos, gratos y estimulantes: la emoción del Papa ante el cariño de los madrileños, aquellas colas interminables de penitentes en la Fiesta del Perdón, la piedad y emoción con la que se vivió el Viacrucis, la paciencia y el buen humor ante la lluvia y la tormenta, con una multitud agrupada física y sobre todo espiritualmente junto al Papa… Es difícil destacar alguno. Pero si me pregunta por el momento que nunca olvidaré, la respuesta es clara: aquellos minutos de oración, bajo un cielo inclemente, ante el Santísimo Sacramento, expuesto en la Custodia de Toledo, apiñados junto al Vicario de Cristo.

-Y después de la JMJ, ¿qué?

 Pienso que la JMJ ha sido una siembra, cuyos frutos se irán viendo con el tiempo. Los actos, las actividades, eran algo coyuntural: lo decisivo fue la acción del Espíritu en tantos corazones. Eso no es cuantificable ni puede mostrarse en ninguna fotografía. Pero estoy seguro que se traducirá en numerosas decisiones de entrega y de conversión. Pienso que aquellos miles de personas que abrazaron a Cristo en el Sacramento de la Reconciliación durante esos días, fueron un fruto gozoso e inmediato. Sólo Dios sabe la repercusión que tendrá esa siembra de santidad en la vida del mundo y de la Iglesia. Con la ayuda de la Virgen de La Almudena está cuajando en fruto muy abundante.