La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Sin la Iglesia, sin la Iglesia diocesana, no se puede seguir y testimoniar a Cristo

Revistaecclesia

11/11/11

Con más de dos décadas de trayectoria, el Día de la Iglesia Diocesana llama de nuevo a nuestras puertas. El Día de la Iglesia Diocesana nació con vocación de fortalecer la comunión, la corresponsabilidad y la misión eclesiales en y desde la Iglesia local o diocesana. Asimismo, esta jornada llamaba desde sus inicios y sigue llamando ahora a concretar también estos sentimientos de pertenencia y compromiso mediante una más decidida y efectiva implicación de los católicos en el sostenimiento y financiación de la Iglesia, de su propia Iglesia diocesana.

 Y la jornada conlleva, por ello, colecta imperada y campañas de difusión y promoción de otros modos de ayuda económica a la Iglesia mediante donativos o suscripciones periódicas.

 Desde hace tres años, el Día de la Iglesia Diocesana, al igual que la campaña en primavera para signar la X en el casillero correspondiente a la Iglesia católica dentro de la anual declaración de la renta, ha intensificado su presencia pública y mediática con una profusa e incisiva campaña publicitaria que nos muestra cómo la Iglesia hace el bien, cuáles son sus actividades y cómo debe ser, pues, apoyada económicamente para seguir realizando su tan benéfica misión. Es la campaña denominada X Tantos.

 

Para el Día de la Iglesia Diocesana de este domingo 13 de noviembre de 2011, el cartel de campaña (ver la página 4 del número de ECCLESIA de la pasada semana), se han elegidos tres hermosas y bien significativas imágenes de la JMJ 2011 Madrid y el lema «La Iglesia contigo, con todos». La JMJ 2011 Madrid fue, en efecto, una clara manifestación de cómo la Iglesia sirve a todos y cómo la unión hace la fuerza. Su inmenso y tan alentador éxito, fue posible, entre otros factores, gracias al trabajo realizado en las diócesis de España y del resto de países –prácticamente todo el mundo– representados en la Jornada. La peregrinación de la Cruz y del Icono de los jóvenes, las catequesis y preparaciones locales previas y los tan luminosos DeD (Días en las Diócesis) contribuyeron de manera esencial al Pentecostés de Madrid de los días 16 al 21 de agosto. A la gran fiesta de la Iglesia, a la «cascada de luz», a la «formidable experiencia de fraternidad, de encuentro con el Señor, de compartir y de crecimiento en la fe», como definió Benedicto XVI la JMJ madrileña.

 

En el mismo día de su clausura, la homilía del Papa estuvo dedicada, al hilo de la correspondiente liturgia dominical de la Palabra, a explicar el indisoluble vínculo existente entre la fe en Jesucristo y la inserción eclesial. «Jesús construye la Iglesia sobre la roca de la fe de Pedro, que confiesa la divinidad de Cristo. Sí, la Iglesia no es una simple institución humana, como otra cualquiera, sino que está estrechamente unida a Dios. El mismo Cristo se refiere a ella como «su» Iglesia. No se puede separar a Cristo de la Iglesia, como no se puede separar la cabeza del cuerpo (cf. 1Cor 12,12)».

 

Y es dentro de la Iglesia diocesana, a través de sus parroquias, comunidades y movimientos, donde en primer lugar se entra en contacto con la Iglesia y desde la Iglesia con Jesucristo. Por ello, al igual que no existe verdadero seguimiento y testimonio de Jesús si no es en y desde su Iglesia, esta no será Iglesia si antes y después no es Iglesia diocesana. La estructura jerárquica de la Iglesia, así querida por el Señor, se vertebra, por decirlo gráficamente, en círculos concéntricos y convergentes. Y excluir, por tanto, alguno de ellos, bien por acción u omisión, derivará, tarde o temprano, en excluir el todo, en un ir por libre –en solitario o dentro de un grupo particular y cerrado– que «corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él».

«Para el crecimiento de vuestra amistad con Cristo –decía el Papa a los jóvenes en Cuatro Vientos, en mensaje igualmente válido para todos– es fundamental reconocer la importancia de vuestra gozosa inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón y el cultivo de la oración y meditación de la Palabra de Dios». Y a todo ello sirve la Iglesia diocesana. Y todo ello no es posible sin ella.