ser progresista es luchar por una legislación que prohíba el aborto. (Mons. Elías Yanes)

El esperpento final: ¿hay que pedirle perdón a ETA?

¿Dónde está Zapatero estos días en que ve triunfar su “proceso de pazzzz” en el País Vasco? ¿Estará revisando ya el inminente comunicado de ETA anunciando su disolución “sin vencedores ni vencidos”?  Esto puede sonar a maldad, pero ya saben que la realidad suele superar a la imaginación más calenturienta. Así que hagamos un imaginativo esquema del “proceso”, en un intento novelado de entender lo que pasa.

Años atrás, antes incluso de ganar sus primeras elecciones, pero ya Secretario general de su partido, Zapatero tuvo la iluminación de que él estaba llamado a pasar a la posteridad como el “gran pacificador” y se dedicó a sondear a ETA sobre las posibilidades de un acuerdo que acabase con la “violencia”. Los sondeos fueron bien, pero parecía evidente que el flamante dirigente socialista no podía arriesgar su naciente prestigio con un acercamiento a ETA … cuando la organización terrorista estaba acosada y agotada por el Gobierno de Aznar. Así que convino con la banda que había que “vestir” un poco lo que ya tenía en el caletre, es decir, un proceso negociador más o menos largo… enmascarado en un pacto con el Gobierno de su rival que diese la apariencia de firmeza común en la lucha antiterrorista.

Vino después el todavía oscuro atentado islamista en los tres que se dirigían a Atocha y la formidable ocasión que le brindó el desacierto de Aznar en la investigación inicial, al señalar a ETA como la instigadora de la matanza. Ya saben la continuación: el PP, con un inocente Rajoy de candidato, perdió las elecciones al extender Rubalcaba la especie de que “los españoles no se merecían un Gobierno que les engañase”, etc. etc. Aunque la famosa “teoría de la conspiración” se ha mantenido a lo largo del tiempo transcurrido, ya casi nadie le da la menor credibilidad. Pero lo cierto es que Aznar pasó a la historia como el presidente que llevó a España a la guerra de Iraq y que los atentados fueron su consecuencia. La mentira caló y Zapatero ganó las elecciones.

Había llegado el momento. Con un país traumatizado por los atentados, todo hacía indicar que se recibiría con entusiasmo cualquier intento de erradicar el terrorismo mediante una política de acercamiento a los terroristas. Por un lado, la retirada de las tropas de Iraq y el invento de la “Alianza de Civilizaciones” para demostrar a los islamistas que aquí se les quiere mucho y que no tenemos nada contra ellos. Por otro, la negociación abierta con ETA en un proceso que se previó largo y difícil para no llamar demasiado la atención aunque todo estaba diseñado de antemano: las treguas de ETA, el tira y afloja de las exigencias de los terroristas, el atentado de la T-4 24 horas después de que Zapatero anunciara que “las cosas van bien y que el año que viene estarán mejor”; las detenciones sucesivas de etarras para que la opinión pública no se escamase demasiado; las manifestaciones de las víctimas; las denuncias del PP sobre el incumplimiento del pacto antiterrorista…

¿Estaba todo esto previsto en la “hoja de ruta” de la negociación? Parece evidente. Lo que no estaba previsto era la crisis económica, que sorprendió a Zapatero antes incluso de ganar por segunda vez las elecciones pero que sorteó con una estrategia basada en la mentira, en la cual el socialismo español ha sido históricamente un experto. Lo importante para Zapatero seguía siendo la negociación con ETA y, al mismo tiempo, sus proyectos de ingeniería social que coincidían en un punto esencial de sus dos legislaturas, es decir, su “plan secreto”: desmontar los cimientos de la cultura de los españoles, es decir, los valores tradicionales cristianos. Un acuerdo con ETA exigía, como premisa esencial, desmoralizar a la sociedad, cambiar sus valores morales por una nueva “ética” o, si se quiere, una nueva moral cuyo fundamento único era la ley de la mayoría parlamentaria… Una recomendación a este respecto: la relectura del reciente discurso del Papa Benedicto XVI en el Bundestag en el que recordó a San Agustín para que los señores diputados no olvidaran que en nada se diferencia un Gobierno que burla la ley de una banda de forajidos.

Muchos se han preguntado cómo es que el PNV, un partido nacionalista pero conservador en sus principios que, años atrás, formó parte de la Democracia Cristiana hasta que fue desenmascarado por el PP en Europa, llegó a apoyar la nefanda ley del aborto. La respuesta aparece hoy más clara que nunca: era necesario proseguir el desmontaje de la moral cristiana e, incluso, la interpretación que se le venía dando al artículo 15 de la Constitución –“todos tienen derecho a la vida”- para que, en su momento, la sociedad, aceptase también que el Estado de Derecho podía llegar a un acuerdo “generoso” con los terroristas de ETA a cambio de la extinción de la violencia. Así que se prosiguió sin desmayo la negociación, más o menos secreta, de acuerdo con unos pasos muy precisos y cautelosos. Primero, ETA tenía que declarar una tregua indefinida: y luego que el Estado aceptase a un partido político que fuese el portavoz de las exigencias de la banda terrorista… Es decir, se trataba de disfrazar a ETA una vez más, de partido legal para seguir por otra vía la solución del “conflicto”. Y aquí interviene el Tribunal Constitucional como una pieza clave para legalizar a “Bildu” y avanzar un pasito más en el “proceso” sobre el cual, el propio Fiscal General ya había declarado que la Justicia debe acomodarse a las circunstancias políticas.

Una vez que Bildu triunfa en las elecciones autonómicas –y de paso, le saca los colores al PNV y al PSOE- todo era cuestión de acelerar un poco el paso. Pero héte aquí que la crisis se complica y Zapatero comprueba que nada tiene que hacer presentando de nuevo su candidatura, al tiempo que ETA quiere sacar aún más rendimiento de su recuperada fortaleza –por cierto, el candidato Rubalcaba y los portavoces del Gobierno no dejan de insistir en todo lo contrario, en que ETA está ya en las últimas…- y pone en marcha, dentro de lo pactado, el procedimiento para “vestir” internacionalmente su “rendición”: una conferencia con mediadores internacionales que exijan a los Estados de España y Francia una negociación en toda regla que de carta de naturaleza a las exigencias de ETA de toda la vida… Y así llegamos al desenlace esperado: un comunicado en el que ETA anuncie el “fin de la violencia” pero sin pedir perdón a las víctimas ni condenar el terrorismo. Es decir, otra mascarada.

En realidad, ¿tiene ETA necesidad de pedir perdón? Obviamente no. Ha conseguido lo que quería por la vía del terror. En todo caso serán Francia y España las que tengan que pedirle perdón a ETA por haberla obligado a matar durante cincuenta años… Puede resultar absurdo, ¿verdad? Pero esta es la impresión que nos deja a los perplejos españoles. Y Zapatero, como el Cid, ganará su batalla después de muerto. Ya se puede preparar el Partido Popular para gobernar no solo la crisis sino una España dividida y hasta con ETA en el Congreso, que es lo único que nos queda por ver. La herencia que recibirá Rajoy es más que venenosa: es letal.