La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Los buenos recortes

Desde hace mucho tiempo, todos los días, a todas horas, todos los analistas, desde todos los medios nos repiten que estamos al borde de la quiebra, que el tren de vida que se ha “disfrutado” durante muchos años es sencillamente insostenible.  Esto es ahora así incluso para quienes irresponsablemente se empeñaron en negarlo cuando ya la crisis era una evidencia y no adoptaron medidas adecuadas para hacerle frente. Ahora, además, sale a plena luz que muchos de los que debían haber acometido rigurosas medidas de contención del gasto adoptaron decisiones, en su propio particular provecho personal y/o político, que no son sólo resultado de incompetencia y graves errores, sino que pueden considerarse presuntos graves delitos. Determinadas actuaciones de responsables en instituciones que manejan dinero público o del público resultan, tal como se han dado a conocer,  moralmente nauseabundas y presuntamente delictivas, además de, en algunos casos, estéticamente “cutres”.

En esta situación parece que debiera ser unánime la convicción de que hay que recortar un desbocado gasto público, inflado por el despilfarro y la corrupción.  Sin embargo, paradójicamente, algunos han decidido demagógicamente que eso tan evidentemente imprescindible  –recortar el gasto público–   es cosa de la Derecha. Por lo visto, la Izquierda no va a hacer recortes. Ya los ha hecho.  Y los haría, tendría que hacerlos, si continuara en el Poder.

Pero no cabe discutir si es o no necesario hacer recortes. Son imprescindibles. Lo que hemos de discutir y decidir es qué es lo que hay que recortar, con qué criterios, dónde, qué y cuánto se recorta. Resulta sorprendente que no haya noticias de recortes en los sueldos, pensiones, dietas y pagos en especie de quienes ostentan cargos públicos y, para más sarcasmo, son los que aplican recortes directos e indirectos sobre los demás. No faltará entre ellos quienes consideren que recortar “lo suyo”  (¿suyo?)  sería como prescindir del “chocolate del loro”. Pero resulta, mire usted por dónde, que acabar con el chocolate del loro no sólo es una necesidad de ejemplaridad sino que, dado el número incontable de loros y la cantidad, calidad y precio del chocolate que consumen, privarles de él liberaría para “gastos sociales” fundamentales muy elevadas cantidades.

Y no digamos si a determinados loros les quitamos el costosísimo chocolate de sus aparatos multimedia. Por elementales razones democráticas nunca debió admitirse la existencia de televisión pública alguna.  Suprimir lisa y llanamente todas las televisiones públicas  asegurando a todos los actuales empleados de esas televisiones las más pingües indemnizaciones  sería mucho más barato que continuar con ese antidemocrático y ruinoso tinglado.  Hay gastos a los que ha de aplicarse la motosierra anticorrupción aunque no hubiera crisis. Hay que acabar con el despilfarro y la corrupción allí donde se encuentren… ¡No se pueden recortar gastos sociales!, se nos advierte  ¿Cuáles son los gastos “sociales”?  En el contexto al que nos referimos, todo gasto social es gasto público, pero no todo gasto público es social.  Y aun dentro de ámbitos destinados a atender necesidades fundamentales (sanidad, educación) cabe detectar gastos que no pueden considerarse “sociales”…