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“Que la Universidad Eclesiástica sea un fuerte incentivo de revitalización de la evangelización y un signo vivo de la fecundidad de la inteligencia cristiana en el corazón de España y del mundo”

E.C. El Prefecto de la Congregación para la Educación Católica, Mons. Zenon Grocholewski, pronunció ayer durante la inauguración del curso 2011-2012 de la Universidad San Dámaso, una magistral conferencia sobre “El significado de una Universidad eclesiástica ante la llamada a la nueva evangelización”.

Refiriéndose a que hace más de 25 años, “se iniciaba el camino de consolidación” del centro de estudios San Dámaso, el Cardenal Grocholewski reconoció sentirse “verdaderamente honrado” de haber sido invitado a pronunciar la lección inaugural del curso académico.

En su conferencia habló de la Universidad Eclesiástica como “signo vivo y prometedor de la fecundidad de la inteligencia cristiana en el corazón de cada cultura” y dio respuesta a si la Universidad Eclesiástica podría ser definida como un signo, si está llamada a permanecer intacta y a suscitar en la sociedad simple admiración o está llamada a encarnarse siguiendo su vocación particular en la sociedad y a la del significado que tiene ante la sociedad y ante la Nueva Evangelización respondió en su intervención.

En este sentido, afirmó que “la Universidad Eclesiástica es un signo”, es decir, “manifiesta o hace conocer, siguiendo su vocación particular, a Cristo y a su Iglesia”. Se requiere, entonces, prosiguió, concebir la Universidad Eclesiástica “no sólo como una simple institución eclesiástica precisa y cuidadosa en sus programas de estudio, proyectos y medios autodidácticos, sino como una comunidad que forma parte integrante de la Iglesia”.

Para el Cardenal Grocholewski, la Universidad es signo vivo y prometedor. “Cuanto más viva la Universidad Eclesiástica la realidad de ser Iglesia, cuanto más se sienta un elemento integral de la realización de la misión de enseñar, conferida a la Iglesia, colaborando con las autoridades de la Iglesia y con las comunidades creyentes respectivas, tanto más se convertirá en un signo operante de una realidad trascendente y salvífica”. Y añadió que en la comunión con el Padre, es donde encuentran significado los aspectos y momentos de la vida del hombre y de la Universidad. Por ello, “los profesores y estudiantes de las Universidades Eclesiásticas deben permanecer siempre en una estrecha unión con Cristo, deben alimentar su estudio y su enseñanza con la oración”, porque sin ella, “no podemos comprender rectamente la vedad de la fe”.

Además, “la presencia y misión de todas las Universidades Católicas serán efectivas y prometedoras” si consiguen “aportar y dar una contribución vital al hombre y a la sociedad de hoy, es decir, cuando logren una presencia, por así decir, pública, continua y universal del pensamiento cristiano en todo esfuerzo tendiente a promover la cultura superior y también a formar a todos los estudiantes de manera que lleguen a ser hombres insignes del saber, preparados para desempeñar funciones de responsabilidad en la sociedad y a testimoniar su fe ante el mundo”.

Así, se reforzará, dijo, la fe y la vida cristiana. Sobre la Universidad Eclesiástica y la Fecundidad de la Inteligencia cristiana o, como se conoce en la literatura, inteligencia de la fe, señaló que para “es esencial la revelación y que la difícil tarea de la Universidad Eclesiástica pasa por “promover la fecundidad de la delineada inteligencia cristiana en cada cultura”.

Y respecto a su significado ante la llamada a la Nueva Evangelización, manifestó que la vocación particular de la Universidad Eclesiástica es la búsqueda de la verdad, de Dios y la búsqueda del otro. Sobre la búsqueda de la verdad, se refirió a las palabras del Papa en la JMJ de Madrid 2011 cuando dijo “la Universidad ha sido, y está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia de la persona humana.

Por ello, no es casualidad que fuera la Iglesia quien promoviera la institución universitaria, pues la fe cristiana nos habla de Cristo como el Logos por quien todo fue hecho y del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios”. Así, destacó que la Universidad Eclesiástica de San Dámaso posee “una riqueza incalculable” con cuatro facultades. Con ello, continuó, “podemos augurarnos que cada día se vaya fortaleciendo el ambiente de una continua búsqueda de la verdad”.

Habló de que la situación mundial de hoy en día “presenta un gran abanico de desafíos a los cuales el hombre y la Iglesia deben responder” porque “no sólo estamos viviendo bajo una crisis económica, social, política… sino además, en palabras del Papa, “se ha verificado una pérdida preocupante del sentido de lo sagrado que incluso ha llegado a poner en tela de juicio los fundamentos que parecían indiscutibles, como la fe en un Dios creador y providente, la revelación de Jesucristo único Salvador y la comprensión común de las experiencias fundamentales del hombre”.

Ante ello, la Universidad Eclesiástica debe empeñarse a “reforzar la luz de Cristo en el corazón del creyente y portar esa luz a todos los hombres”. Y aludiendo al discurso del Papa en Ratisbona, destacó que sólo se logrará si la razón y la fe se reencuentran de un modo nuevo, y que el hombre “no descarte la cuestión sobre Dios como cuestión esencial de su existencia”. En cuanto al Atrio de los gentiles, comentó que el Papa ha propuesto crear un espacio, un ambiente, una atmósfera de diálogo en donde “los hombres puedan entrar en contacto de alguna manera con Dios sin conocerlo y antes de que hayan encontrado el acceso a su misterio, a cuyo servicio está la vida interna de la Iglesia”. Por ello, la Universidad Eclesiástica está llamada también a fomentar el intercambio con los que cultivan otras disciplinas o no son creyentes.

Finalmente, declaró que “habiendo profundizado sobre el ser y la misión de la Universidad Eclesiástica, llamada a incorporarse a la Nueva Evangelización” concluyó recordando la historia sobre el hallazgo de los restos mortales del Apóstol Santiago, lo que provocó “una renovación de la fe católica”. Desde entonces, “perdura en Compostela el testimonio apostólico y se realiza el diálogo de las generaciones a través del cual crece la fe, la fe auténtica de la Iglesia” y puso en manos del Apóstol Santiago esta nueva Universidad Eclesiástica para que sea “un fuerte incentivo de revitalización de la evangelización, convirtiéndose, este nuevo Centro de estudios eclesiásticos, en un verdadero signo vivo y prometedor de la fecundidad de la inteligencia cristiana en el corazón de España y del mundo entero”.

Intervención del Gran Canciller, Cardenal Rouco Varela

El acto estuvo presidido por el Arzobispo de Madrid, y Gran Canciller de la Universidad Eclesiástica San Dámaso, Cardenal Antonio Mª Rouco Varela. En su intervención hizo un breve repaso por la historia de la institución universitaria San Dámaso, “que tiene que ver con las universidades eclesiásticas de Madrid”. Así, recordó que la universidad nació en la Edad Media, donde la disciplinas eclesiásticas fueron “cultivadas con rigor y fecundidad”, que perdieron con el liberalismo y el pensamiento ilustrado.

Además, citó el artículo 19 del decreto de 1868, que recogía la “disolución de la facultad de Teología de las Universidades” y se pedía que los obispos organizaran los estudios en los seminarios puesto que el Estado era extraño a la enseñanza del dogma. Motivos, prosiguió el Cardenal, que se basaban en la separación entre Iglesia-Estado, la salvaguarda de la independencia y la supuesta heterogeneidad entre las ciencias religiosas y profanas. Recordó también que en 1906 se inauguró el edificio de estilo neo-mudéjar, donde actualmente se ubica el Seminario Conciliar. “Hasta hoy, ha transcurrido un siglo de estudios eclesiásticos”, afirmó, y por ahí han pasado figuras como Manuel García-Morente y Salvador García Iglesias, que ofrecen “muestras de la fecundidad del trabajo”.

Afirmó que “la historia universitaria de las facultades de Teología es muy compleja, las universidades católicas han nacido en España legítimamente y también continúan teniendo sitio. Pero, ninguna es puramente universidad salvo ésta que acaba de nacer para la vida, la cultura y la sociedad de España”. El Cardenal explicó aludiendo a la ‘sapienza cristiana’ que las Universidades Eclesiásticas “se ocupan de revelación cristiana y tienen una misión evangelizadora”, además de “preparar con cuidado a sus alumnos”. En definitiva, “investigar a fondo los campos de las disciplinas sagradas” y mantener “el diálogo entre cristianos y no cristianos”.

Finalmente, el Cardenal agradeció al Santo Padre la erección de la Universidad Eclesiástica San Dámaso por el “don de la nueva universidad” para la Provincia Eclesiástica de Madrid así como su “profunda gratitud por la exquisita cercanía con la que ha acompañado la joven historia de San Dámaso”. También tuvo palabras de agradecimiento para el Cardenal Grocholewski. Invitó a los profesores a “remar mar a dentro en el diálogo entre fe y razón, al que tanto nos urge Benedicto XVI” y declaró que “la universidad existe en función de lo humano, espiritual, cultural y eclesial de los estudiantes”. “Es –dijo- nuestra inmediata razón de ser”. “Es una respuesta al Señor, a la Iglesia y a la sociedad. Sin vosotros no se podrá responder a la llamada”.

En el acto académico, el Profesor José María Magaz, Secretario General, recordó los principales acontecimientos sucedidos a lo largo del curso pasado, sobre todo, cuando el pasado 25 de julio, la Congregación para la Educación Católica erigió la Universidad Eclesiástica San Dámaso.

Además, el Decano de la Facultad de Teología, Javier Prades, reconoció que el impacto de la JMJ “sigue vivo en nuestra mente y nuestro corazón”. Y habló de los rasgos que identifican la misión de la iglesia: afecto eclesial, identidad teológica, estructura común de gobierno, tensión para mejorar calidad la docencia y la investigación, proyección misionera y servicio de la nueva evangelización en diálogo crítico.

Por su parte, el Secretario de Estado de Justicia, Juan Carlos Campo, habló de que la neutralidad del poder público y la Constitución abogan por respetar las creencias religiosas en la sociedad española. Por ello, dijo que hacer presente la fe católica en la cultura de nuestro tiempo contribuye a una “cultura plural”.