La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
Entrevista en exclusiva a monseñor César Franco, obispo responsable de la JMJ

“La JMJ debe ser un revulsivo que nos provoque una auténtica conversión y nos lance a la misión con la valentía y creatividad de los santos”

Elena Cabrera.- Monseñor César Augusto Franco es Obispo Auxiliar de la Diócesis de Madrid y coordinador de la JMJ Madrid 2011. Después de haber vivido tan intensamente los meses de preparación de la Jornada con el Papa, ha hablado con Análisis Digital para explicar que tras este evento internacional, ahora toca “profundizar, intensificar y madurar la experiencia de esos días de gracia” porque “es una responsabilidad de la Iglesia diocesana responder al reto de la evangelización”. Además, comparte con nuestros lectores los momentos de aquellos días de agosto que se han quedado grabados en su memoria y habla de si la JMJ puede cambiar la pastoral juvenil de Madrid. 

– Haciendo balance de la preparación y la visita del Santo Padre a Madrid para presidir los actos centrales de la JMJ, ¿qué cree que va a suponer para la diócesis haber sido sede de este evento internacional?

– La diócesis de Madrid vive ahora momentos de enorme gratitud por la acción de Dios en medio de nosotros. Es el primer motivo de acción de gracias. Hoy mismo el Cardenal celebrará en la Catedral una misa en acción de gracias por los frutos de la JMJ. La experiencia ha sido inenarrable: ver a la juventud confesando su fe  en Cristo, con una alegría profunda, no equiparable a ninguna otra, y con el deseo de transmitir a otros su experiencia de Cristo, es motivo de acción de gracias. Y, por ello, damos gracias a Dios. También damos gracias porque, a pesar de los fallos habidos, todo ha salido bien, según nuestras previsiones gracias a la colaboración de tantas buenas personas que han puesto manos a la obra. A todas ellas nuestro profundo agradecimiento.

Se dice que el don recibido merece una responsabilidad. Para la diócesis de Madrid, este acontecimiento eclesial de rango internacional se convierte en una llamada a vivir el Magisterio del Papa y animar a los jóvenes a responder con una vida entregada a Cristo y al apostolado. No se puede responder con medianías ni mediocridades. El Papa nos ha llamado – siguiendo la voz de Cristo – a la santidad. Por eso, el Sr. Cardenal quiere proponer a toda la diócesis una seria reflexión sobre la enseñanza del Papa durante los días de la Jornada, que propondremos a las parroquias, movimientos y asociaciones, grupos cristianos. Debe ser una reflexión, que no quede en la mera comprensión del magisterio del Papa, sino que implique a toda la persona, por lo que plan supone también intensificar la oración, la lectura de la Palabra de Dios (Lectio divina) y la práctica de los sacramentos. Todo ello, animado por el deseo de ser misioneros entre los que aún no conocen a Cristo. Queremos llevar a la práctica lo que dijo el Papa: no quedarnos con Cristo para nosotros mismos, sino llevarlo a todos los sitios, incluso a los que son difíciles u hostiles al evangelio. Creo que ahora comienza el después de la JMJ, que debe profundizar, intensificar y madurar la experiencia de esos días de gracia.

– Después de tantos meses de preparación, ¿cómo se queda ahora Madrid después de tanto tiempo dedicada a preparar la JMJ?

– Creo que de alguna manera, Madrid se queda tocada por el paso inequívoco de Cristo. En el libro de los Hechos se dice, a propósito de la visita del apóstol Felipe a una ciudad de Samaría, que “la ciudad se llenó de alegría”. Creo que lo mismo puede decirse de Madrid, que ha quedado llena de alegría. Así lo ha reconocido mucha gente al ver a los jóvenes con su estilo de vida. Hay que procurar que ese espíritu no se pierda y que Madrid conserve el gusto del Espíritu que ha quedado entre nosotros. La ciudad ha sido evangelizada un poco más porque la presencia de tantos jóvenes ha sido muy positiva para la gente de a pie. Las experiencias son incontables. En este sentido, Madrid ha quedado más preparada para acoger el evangelio si la Iglesia sabe dirigirse al hombre concreto con la sabiduría de Cristo. Es una responsabilidad de la Iglesia diocesana responder a este reto de la evangelización y debemos conservar lo vivido como un signo de lo que quiere Dios de nosotros.

Están surgiendo iniciativas en diversos campos –cultura, catequesis, medios de comunicación social – que pretenden recoger las experiencias vividas y prolongar mediante programas concretos que ayuden a descubrir la relación entre la fe y la vida y a descubrir la vocación de presencia en el mundo que tiene todo cristiano. También esto puede cambiar el panorama de la ciudad de Madrid si acertamos en cómo hacerlo.

-¿Cuál ha sido su experiencia como obispo coordinador de la JMJ Madrid 2011?

– He respondido muchas veces a esta pregunta y siempre digo lo mismo. Ha sido una experiencia de servicio a la Iglesia en la que doy gracias a Dios por el acontecimiento en sí mismo, y porque me ha permitido trabajar con personas de gran preparación técnica y, lo que más cuenta, de un amor inmenso a la Iglesia. Estos eventos no se pueden sacar adelante sólo con medios técnicos. Tiene que haber amor a la Iglesia, espíritu de disponibilidad y de servicio, y entrega generosa para poner los talentos a rendir según la medida que Dios nos ha dado. También ha supuesto mucha preocupación, problemas de todo tipo, coordinar personas y grupos muy diferentes, momentos de serias dificultades, pero todo ello, puesto en la balanza, no la inclina hacia ese lado, ni mucho menos, sino que resalta aún más lo positivo de la acción de Dios y de la generosidad de las personas.

-¿Qué momento de la JMJ se ha quedado grabado en su memoria y qué discurso o texto del Papa le ha llamado más la atención?

– El momento de la JMJ que perdurará imborrable en mi memoria sin duda alguna fue el momento de adoración eucarística en la Vigilia de Cuatro Vientos cuando vino una gran calma, que recuerda la del mar de Galilea después de la tempestad. Después de tantos nervios, temores, incertidumbres, se hizo patente que Cristo estaba allí entre nosotros, en la Eucaristía, en su vicario, en la asamblea de jóvenes orantes. Fue como una lección de Cristo, para decirnos: vosotros habéis preparado muchas cosas, os habéis esmerado, pero mi presencia sólo depende de mí, y estoy aquí con vosotros. Imborrable será también la insistencia del Papa en continuar, en quedarse con los jóvenes, en no renunciar al programa. Fue de una generosidad inmensa, Siempre le agradeceremos ese gesto, que, como Vicario de Cristo, nos afianzó en la fe  y en la confianza.

El discurso que más me llamó la atención, por su sencillez y estilo pedagógico, fue el que pronunció ante los voluntarios, porque supo dar al voluntariado su verdadero sentido – amar es servir – y porque aprovechó la ocasión para echar las redes, como Pescador de hombres, e invitar a los jóvenes a dar un paso más en la tarea de servir. La fina ironía de decir que venía a despedirse pero se iba pidiendo que pensaran en lo que Dios quería que ellos, me pareció magistral. Un texto breve, pero muy hermoso.

– ¿Cree que el Papa ha tocado en sus discursos los temas que más interesan a los jóvenes de hoy? 

– Creo que ha tocado los temas que más necesitan ser considerados por los jóvenes de hoy. Y en este sentido son los que más deben interesarles. El Papa ha sido fiel al lema de la Jornada y ha querido edificar la vida de los jóvenes sobre Cristo y estimularles a crecer en la fe. Sin jóvenes con una fe firme y fuerte, no hay futuro para la sociedad y para la Iglesia. Se trata, por tanto, de crecer en la fe. En este sentido, el Magisterio del Papa no ha dudado en llamarles a dar lo mejor de sí mismos en todos los campos: la oración, la escucha de la Palabra de Dios, los sacramentos, la solidaridad y preocupación por los pobres. Les ha hecho mirar hacia metas altas, hacia la santidad. Lo mismo ha hecho en su reciente viaje a Alemania en un extraordinario discurso a los jóvenes en la vigilia de oración.

También entre nosotros tocó temas que interesan a los jóvenes: el sentido de la vida, la vocación a los diversos estados de vida, el amor y el conocimiento de la Verdad, la preocupación por los que sufren y la entrega a ellos. Creo que han sido unos discursos que dan un panorama muy definido de la vida cristiana y suponen un programa de vida de formación y acción apostólica.

– ¿Cambiará la JMJ la pastoral juvenil?

 – Es de esperar que cambie a mejor. En la JMJ de Colonia el Papa dijo a los obispos alemanes que la JMJ debe ser un nuevo inicio de la pastoral juvenil. Hay que quitar inercias y monotonías, revitalizar convicciones, quitar estructuras pesadas que no dejan respirar el Espíritu, animar a muchos desalentados, promover iniciativas de misión. La JMJ debe ser un revulsivo que nos provoque una auténtica conversión y nos lance a la misión con mucha mayor valentía y creatividad, con la valentía y creatividad de los santos. Por ello, es fundamental dejarse convertir por lo que hemos visto y oído como acción de Dios y ser dóciles a su Espíritu. En este sentido los responsables de pastoral juvenil deben revisar seriamente lo que vienen haciendo y contrastarlo con el Magisterio del Papa y con la misma JMJ como acontecimiento espiritual, donde hemos visto a los jóvenes sedientos de oración, de confesión, de vida cristiana en plenitud. Hay que dar respuesta a esas necesidades. Y esto nos exige, insisto, cambiar muchas cosas, y confiar en que los jóvenes pueden decir sí a Cristo con mucha generosidad.