Cada familia es una piedra viva en la construcción de la sociedad”, (Francisco)

Una gran banda de forajidos

 

Octavio Roncero, Periodista.- “Un Estado que no respeta el Derecho es una gran banda de forajidos”. Esta frase de San Agustín forma parte del discurso pronunciado por el Papa, Benedicto XVI en el parlamento alemán (Bundestag).el día 22 de septiembre de este año. Los españoles sabemos algo de eso. Por eso, el discurso del Papa en el Parlamento alemán tiene para nosotros un gran interés. No creo que exista una frase que defina mejor los últimos años de nuestra historia,  de una forma tan clara.

Por otra parte, el discurso del Papa, ha tenido una repercusión internacional, no solo entre los medios de comunicación, sino muy particularmente entre los políticos. Así, no es normal que las palabras del Papa   Ratzinger hayan sido acogidas con tanto respeto por los parlamentarios alemanes, y los insistentes aplausos tras sus palabras. Pero quizá el reconocimiento mayor de sus palabras sea que, a la mañana siguiente, el diario alemán, tal vez más representativo, el “Frankfurter Allgemeine Zeitung” publicara íntegramente el discurso.

No creo que tenga formación suficiente para hacer una análisis acertado de las palabras del Papa, pero dada la trascendencia del hecho, no quiero que pase este acontecimiento sin mi opinión, sabiendo de antemano de mi pequeñez e ignorancia para sacar lo mucho que atesora sus palabras.

En definitiva, por la propia obligación de mi profesión tengo el deber y la obligación, no ya de dar de dar fe de su existencia, que ya ha sido objeto de atención  por los medios de comunicación del mundo entero, y, sobre todo, destacar su importancia. Eso es lo que debo y quiero hacer.

El discurso se inicia y termina con un breve relato, tomado de la Biblia, en que se dice que Dios concedió al joven  rey Salomón formular una pregunta , a la hora de asumir al poder. ”¿Qué pedirá el joven soberano en ese importante momento?” -Se pregunta el Papa y sigue “¿Éxito, riqueza, una larga vida, la eliminación de los enemigos…?” “Nada pide de todo esto –contesta el Papa-. Suplica en cambio: “Concede a tu siervo un corazón dócil, para que sepa juzgar a su pueblo y distinguir entre el bien y el mal”

“Con este relato –continua Benedicto XVI-, la Biblia quiere indicarnos lo que debe ser importante, en definitiva, para un político. Su criterio último y la motivación de su trabajo, como político no debe ser el éxito y mucho menos el beneficio material. La política debe ser un compromiso por la justicia y crear así las condiciones básicas para la paz”

Por si no quedara claro, el Santo Padre, sigue: “Naturalmente, un político buscará el éxito, que de por sí le abre la posibilidad a la actividad política efectiva. Pero el éxito –sigue-está subordinado al criterio de la justicia, a la voluntad de aplicar el Derecho a la comprensión del Derecho. El  éxito puede ser también una seducción y, de esta forma, abre la puerta a la desvirtuación del Derecho, a la destrucción de la justicia”

“Quita el Derecho y, entonces, ¿qué distingue al Estado de una gran banda de bandidos?”, dijo en cierta ocasión San Agustín” y, sigue el Papa: ”Nosotros, los alemanes, sabemos por  experiencia que estas palabras no son una mera quimera. Hemos experimentado como el poder se separó del Derecho, se enfrentó contra el Derecho; cómo se ha pisoteado el Derecho, de manera que el Estado se convirtió en el instrumento para la destrucción del Derecho. Se transformó en una cuadrilla de bandidos, muy bien organizada, que podía amenazar el mundo entero, empujarlo hasta el borde del abismo…

“Servir al Derecho y combatir el dominio de la injusticia es sigue siendo el deber fundamental del político”, dice el Papa y sigue: ” En un momento histórico, en el cual el hombre ha adquirido un poder hasta ahora inimaginable, este deber se convierte en algo particularmente urgente. El hombre tiene capacidad de destruir al mundo. Se puede manipular a sí mismo. Puede, por decirlo así, hacer seres humanos y privar de su humanidad a otros hombres ¿Cómo podemos reconocer lo que es justo? Se pregunta el Papa. ¿Cómo podemos distinguir entre el bien y el mal, entre el Derecho verdadero y el derecho solo aparente?”

Y se contesta Benedicto XVI: “La petición salomónica sigue siendo la cuestión decisiva ante la que se encuentra también hoy el político y la política misma”