Cuando no se adora a Dios, se adoran otras cosas. Dinero y poder son ídolos que a menudo ocupan el puesto de Dios (Francisco)

Pero ¿qué estado del bienestar quieren los sindicatos y la izquierda, en plena crisis económica?

Como era de esperar, el debate sobre el gasto público y el “Estado del Bienestar” centra ya la “precampaña” electoral, con evidentes dosis de demagogia y cinismo. Que después de dejar llenas de trampas las arcas de las Comunidades autónomas donde ha gobernado, venga el Partido Socialista a recriminar al Partido Popular los ajustes a que se ha visto obligado a imponer para equilibrar las cuentas heredadas, no deja de ser un ejercicio de desvergüenza política y de desmemoria histórica.

Cree el PSOE que los ciudadanos son unos imbéciles capaces de perdonar todo al Gobierno de Zapatero –la negación de la crisis, los cinco millones de parados, el déficit público, el despilfarro, las ocurrencias…- con tal de no votar a la “derecha”… que viene “con la motosierra y la guadaña” para acabar con el bienestar social… ¿Habrase visto mayor cinismo…? ¿Quién ha empleado ya estas herramientas para no hundir del todo a Europa y mendigar los créditos necesarios a fin de paliar el déficit ocasionado por el despilfarro?

Se dirá que todo es un recurso electoral, pero el fondo de la cuestión es mucho más grave. Si España ha podido mantener el Estado del Bienestar, ha sido gracias a que las arcas han estado llenas y nadie, o casi nadie, pedía cuentas a un Gobierno tan rumboso como el de Zapatero que, para mantenerlo, no ha dudado en mentir sobre el alcance de la crisis. Recordemos en qué consiste el Estado del Bienestar: médicos gratis, educación gratis, medicinas casi gratis, mantenimiento de la capacidad adquisitiva, revisiones al alza de los salarios y las pensiones bajo vigilancia sindical, ausencia de libertad empresarial en la contratación de trabajadores, jubilaciones anticipadas o garantizadas a los 65 años, subvenciones a sindicatos, partidos y ONGs, ayudas al desarrollo e, incluso, “Eres” fraudulentos además de crear centenares de empresas públicas innecesarias y de inflar la Administración…

Todo esto y bastantes gastos más ha podidosoportarse mientras no existía déficit. Pero ahora que se han quedado las arcas llenas de facturas impagadas, que el déficit tiene que ser enjugado con préstamos  exteriores que engordan cada día más la deuda pública y privada, ¿de qué Estado del Bienestar hablamos? Ahí tenemos a los sindicatos, que han sido los grandes beneficiados de las “vacas gordas”, echándose a la calle para oponerse al aumento de dos horas lectivas de los profesores porque no hay dinero para pagar a más interinos. ¡Ya quisiéramos ver a esos mismos sindicatos pedir públicamente que todo el mundo trabajara más y cobrara menos –empezando por ellos, claro, sin “liberados”- para afrontar solidariamente la crisis, al menos mientras no hay dinero para pagar las deudas. ¿Por qué no piden a sus afiliados que paguen cuotas más elevadas, si es que hay quien las paga? ¿Qué pretenden UGT y CC.OO, además del candidato Rubalcaba? ¿Qué España siga engrosando la deuda hasta que nos pille el toro como a Grecia?

Ayer, el secretario general de UGT, Cándido Méndez, hizo una propuesta aparentemente sensata al PP y al PSOE: que ambos partidos garanticen un “suelo mínimo” de gasto social en materias básicas como la sanidad, la educación o la protección para el desempleo, a través de una Ley Orgánica que fije el techo de déficit tras la reforma de la Constitución. Esto exigiría un pacto que, sin duda, será necesario en un inmediato futuro. No está mal. Pero Méndez advirtió al mismo tiempo, que la reforma constitucional firmada ya por el Rey, para fijar un límite del déficit, “va más allá en las consecuencias de la estabilidad presupuestaria” y puso el grito en el cielo ante la realidad que se avecina: que esa reforma subordinará el gasto público al pago de la deuda, algo intolerable a su modo de ver la crisis.

¿Por qué es intolerable? Porque, a juicio del dirigente sindical socialista, eso supondría “un obstáculo muy serio para el mantenimiento del Estado del Bienestar”. ¿Qué sugiere a cambio el señor Mendez? Algo muy sencillo de decir para el que no quiere pensar: subir los impuestos. Y como, según parece, el Partido Popular, al que ya da por ganador de las próximas elecciones, no quiere tomar esta iniciativa tan sencilla –y tan milagrosa, según parece- UGT se prepara ya para ofrecer a Mariano Rajoy toda clase de dificultades para gobernar.

El sindicalista parece que está convencido de que hay margen para subir los impuestos cuando en los últimos meses se ha comprobado que Hacienda recauda cada vez menos porque no deja de disminuir la actividad económica y aumentar el paro. Y ya se sabe que las grandes fortunas son bien escasas en España para que paguen más impuestos. Eso lo sabe hasta el señor Rubalcaba, consciente, pese a su demagogia, de lo inútil que será el recuperado el Impuesto del Patrimonio…

Lo dramático es que nadie quiere ver que el Estado del Bienestar ha pasado a otra vida. Si algo bueno puede tener la crisis que padecemos es que debiera abrir los ojos a políticos y ciudadanos para ver la necesidad de retornar a las fórmulas clásicas de la economía doméstica: ahorrar para que los bancos puedan dar créditos, no gastar más de lo que se tiene, trabajar más y mejor para ser competitivos y cumplir con las obligaciones con sentido de la responsabilidad. Eso y dar facilidades para impulsar la actividad económica y el empleo. ¡Ay, aquellos tiempos en que la palabra dada y el apretón de manos valían más que un acta notarial!