No hay medicina que más cure que el cariño (Francisco)

¡Ya soñaba antes de nacer!

Emili Avilés. Profesor especialista en Pedagogía terapéutica y educación familiar
Es una gran noticia saber de iniciativas que contrarresten legislaciones de diversos países en materias que implican la vida misma, en los que se legaliza el aborto, la eutanasia o las manipulaciones genéticas. Por eso, cuando en Asturias me hablaron este verano del Centro Internacional para la Defensa de la Vida Humana -CIDEVIDA-, con sede en Tordesillas, constaté una vez más que la tarea divulgativa de una cultura de la vida entre la gente joven es imprescindible. Y allí es un tema que lo bordan.

Pienso que es infumable que las decisiones que tienen por objeto la vida humana se confíen al cálculo de los votos, pues con ello la obligatoriedad de las leyes se resquebraja: ninguna conciencia siente el deber de someterse a simples números.

También es verdad que, de las amistades veraniegas, una vez más me ha vuelto a impresionar mi amigo Juan. Junto a su esposa, está feliz e ilusionado, con el mayor reto que hubiera imaginado tener en su vida profesional, familiar o de relaciones sociales. Están esperando una hija con síndrome de Down y, aun sabedores de las dificultades futuras, preparan con gran alegría el próximo nacimiento de la que será su tercera hija, sin ceder a las “facilidades” que les daban para “prescindir” de la pequeña.

¿No les parece a ustedes que, igual que el buen poema renace cada vez que se lee, el buen ejemplo deja una estela inmortal en la memoria, una renovación de lo bueno en el tiempo? Pues, especialmente en épocas de adversidad hemos de atender primorosamente a quienes más lo necesiten y las pre-mamás deberían ser objeto de los desvelos de todos, con mayor motivo si las circunstancias no les facilitan su maternidad.

Es claro que hay mucha cosa buena que ocurre y de la que no se habla, entre tanta precampaña y tanto vedetismo. Es claro que la belleza y el amor son puertas principales de la verdad. Pues a abrir bien los ojos: los más jovencillos se van a fijar en nosotros y son ellos quienes van a determinar los verdaderos cambios de rumbo en las crisis de todo tipo, de ahora o de las que nos puedan venir más adelante.

Y para muestra un botón: junto a tanta memez y pese al paqueo de los guerrilleros del laicismo irracional y decimonónico, mis colegas de Bachillerato me dan una nueva alegría al ver que recomiendan, y con gran éxito,  el ensayo de José Ramón Ayllón, “Tal vez soñar”, editado por Planeta. En él, se desgrana la paz junto a la rebeldía en el pensamiento: desde El Quijote y sus verdades, hasta Delibes en familia, pasando por el cinismo que pretende estar por encima de la moral que encarna el Iván Karamazov de Dostoievski, o el amor de “El principito”. Amueblar razón y sensibilidad, construir afecto y la lógica del amor, esa es la receta.

Sí, nos urge un baño de sensatez, ser conscientes que tal vez ya soñábamos antes de nacer. Y, en todo caso, no podemos callar cuando a la vez que se recorta en servicios sociales y sanitarios básicos se derrocha en barbaridades. Por ejemplo, el Servicio Catalán de Salud acaba de comprometer más de 14 millones de euros en los próximos 5 años para la financiación pública de unos 13.000 abortos anuales.