La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El control demográfico y la falacia de la superpoblación (y II)

Magdalena del Amo. Periodista- Cuando Clinton accedió a la presidencia en 1993, uno de sus compromisos fue colocar el control demográfico entre las “prioridades internacionales” de los Estados Unidos. Nada más asumir el cargo derogó varias iniciativas que prohibían el suministro de fondos federales a organizaciones como la International Planned Parenthood (IPPF) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), para promover el control de la natalidad en otros países. En 1997 la misma administración aprobó una partida de 385 millones de dólares para asignar a organizaciones dedicadas a la distribución de anticonceptivos en 100 países. Las políticas de Obama en esta materia son muy similares.  

China recibe dinero del Fondo de las Naciones Unidas para el Control de Población (UNFPA) para sus planes de control demográfico de un solo hijo por familia, esterilizaciones y abortos. Ítem más, este organismo le otorgó un premio al jefe del programa chino de control de la natalidad “por su contribución a la comprensión de problemas de la población”. Conviene recordar que el gobierno chino obliga a las mujeres a la esterilización y al aborto. Los funcionarios de hospitales que ayuden a las mujeres a evitar la esterilización o el aborto son sentenciados a muerte.

 

El New York Times informaba en 1992 de un grupo de mujeres chinas embarazadas a quienes obligadamente provocaron el parto prematuro a pesar de la oposición de sus familias y de los médicos. Las feministas chinas disidentes de los planes gubernamentales de control de la natalidad nunca fueron apoyadas por las feministas occidentales; muy al contrario, fueron ignoradas.

 

Aunque hechos como éste no suelen ser noticia, la administración estadounidense deportó en varias ocasiones a mujeres chinas que pedían asilo político escapando de un Gobierno que las obliga a abortar una y otra vez. A pesar de la presión de algunos congresistas y de un juez del estado de Virginia, no se consideró motivo de asilo.

 

La organización cristiana “Coalición Internacional por la Vida” ayuda a los chinos huidos a Estados Unidos buscándoles refugio en Ecuador y otros países para evitar que sean deportados. Resulta increíble que el país del sueño americano que parece haber inventado la libertad y los derechos humanos, no dé protección a personas que huyen de la persecución.

 

La asociación mexicana de la IPPF, MEXFAM distribuye entre la población femenina material para controlar la natalidad. Los médicos tienen orden de colocarles a las mujeres de baja extracción dispositivos intrauterinos (DIU), sin su conocimiento.

 

A las mujeres indias, en Perú, les ofrecen dinero a cambio de que se liguen las trompas. Los médicos peruanos están obligados, por ley, a realizar seis esterilizaciones al mes so pena de perder su puesto de trabajo.

 

La Iglesia Católica defiende a los pobres contra las imposiciones contraceptivas de los países ricos

 

La Iglesia Católica condena el “imperialismo contraceptivo” en los países del Tercer Mundo y hace llamamientos para que se rechacen estas políticas y se respete la idiosincrasia de los países y la moral de quienes se oponen al aborto y a la esterilización, porque los consideran una afrenta a la dignidad e integridad humanas.

 

La idea que se ha extendido sobre la superpoblación es una falacia. Expertos como Ben Wattenberg y Jacqueline Kasun sostenían ya hace años que muchos países occidentales tendrían a corto plazo problemas económicos serios debido al bajo índice de natalidad. El economista norteamericano, Julian L. Simon también se muestra contrario a las tesis de Malthus y demuestra los efectos positivos que el crecimiento demográfico puede tener, tanto para los países ricos como para los menos desarrollados. Dice que “la cantidad de alimentos disponibles por habitante ha aumentado en el curso de las tres décadas siguientes a la Segunda Guerra Mundial, que es el único periodo para el que disponemos de datos fiables”.

 

No hay que temer, por otro lado, que la cantidad de terreno agrícola disponible se agote, como asegura Malthus, sino todo lo contrario. “Los recursos naturales se harán cada vez menos escasos, menos costosos, y representarán una parte menos importante de nuestros gastos en los próximos años. […] Cuanta más gente haya, más genios habrá para descubrir nuevos filones y para acrecentar la capacidad de producción. […] Una densidad de población alta no es nociva para la salud ni para el bienestar psicológico y social, y el crecimiento demográfico no es responsable de la variación del nivel de contaminación. […] La esperanza de vida, que es el mejor índice global de la contaminación, ha aumentado claramente a medida que ha ido aumentando la población mundial”.

 

Ester Boserup en un estudio realizado en 1969 decía: “Una sociedad primitiva tiene más probabilidades de iniciar un proceso de desarrollo económico si su población está en expansión demográfica que si está estancada o en baja, a condición, naturalmente, de que las inversiones agrícolas necesarias se lleven a cabo…” (Evolution agraire et presion démographique, p. 213, Flammarion, Paris, 1970).

 

Lo mismo opinan otros autores como J. Klatzmann y J. M. Casas Torres quienes recomiendan revisar los métodos que se imponen para frenar el desarrollo demográfico.

 

La India es uno de los países donde más se controla la natalidad. Los gobiernos de los últimos años han presentado el aborto como un método anticonceptivo más. Lenin Raghavarshi, presidente del “Comité Popular de Vigilancia de Derechos Humanos” mantiene una lucha sin cuartel contra el control de la natalidad: “En la India –señala—tenemos un mal social grave con el aborto por selección de sexo, y me opongo totalmente y con vehemencia a estos abortos”. Resalta, además del daño moral y físico, el desequilibrio demográfico que acarreará esta práctica selectiva de matar niñas en las sociedades india y china. Los censos actuales indican una enorme desproporción entre el número de mujeres y de hombres. El Gobierno indio admite que cerca de 10 millones de niñas han sido asesinadas por sus padres, antes o inmediatamente después de nacer, en los últimos veinte años.

 

Para los ecologistas radicales, el ser humano es una plaga en el Planeta

 

Se ha repetido hasta la saciedad que la superpoblación puede acabar con los recursos energéticos y alimenticios del planeta. No existe rigor en esta aseveración. Hay que tener en cuenta que sólo se explota la mitad de la tierra disponible. Más que demográfico, es un problema político, económico y de intereses. Después de leer el Informe Kissinger y otros en la misma línea no cabe duda de la escasa voluntad de arreglo.

 

Con cierta frecuencia salen a la palestra los ecologistas de la “New Age” con ideas tan peregrinas como las publicadas en el London Daily Mail: “Cada persona que nace usa más alimento, más agua, más tierra, más combustibles fósiles, más árboles y produce más desperdicios, más contaminación, más gases invernadero y agrava el problema de la superpoblación”. En esta misma línea, se expresa el profesor emérito de planificación familiar de la University College London: “El efecto sobre el planeta al tener un niño menos es de una magnitud mayor que todas las otras cosas que podamos hacer, como por ejemplo apagar las luces. […] Lo más grande que cualquier persona en Gran Bretaña podría hacer para ayudar al futuro del planeta sería tener un hijo menos”. La Planned Parenthood publicita en sus pancartas y pegatinas eslóganes como “¿Para qué tener más cargas?” o “Cuantos menos seamos, mejor”. Se conciencia de las bondades de tener pocos hijos y se refuerza con la implantación del aborto obligatorio. Estas ideas son defendidas por ecologistas materialistas como Maurice Strong, coautor de la Carta de la Tierra.

 

En el 2007, la organización británica “Optimum Population Trust” (OPT) consideraba que los seres humanos son virus del planeta y ha propuesto al gobierno adoptar políticas para restringir la natalidad a dos hijos por familia, similares a las de China, “usando el poder del Estado”.

 

En esta misma línea, el adalid del ecologismo Al Gore, en su libro La Tierra en Juego, plantea la creación de un Plan Marshall mundial para salvar el planeta y propone reducir el número de habitantes utilizando el poder de los Estados o la presión de un gobierno mundial. (No está de más recordar que los postulados de Al Gore sobre el cambio climático son discutidos por científicos de relevancia. Sin embargo, muchos gobiernos del mundo han caído en su trampa catastrofista y se han sumado a su juego. Para mayor vergüenza se le galardonó con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2007 por su contribución a la solución de los problemas del cambio climático).

 

En 1920 se legalizó en Rusia el aborto a petición. Se asesinaron tantos niños que treinta años después se concedían premios a las madres que tenían varios hijos. Durante la era de Gorbachov la tasa era de entre 10 y 12 millones de abortos anuales, más de un aborto por cada nacimiento. En España, los bebés abortados rondan cada año los cien mil, sin contabilizar los provocados por la píldora del día después. Es vergonzoso que lamentemos la falta de niños nacidos sólo cuando vemos peligrar el estado del bienestar. Puro egoísmo.