La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
EN EL INFORMATIVO DIOCESANO

El arzobispo de Madrid señala que en este curso pastoral “debemos ser difusores y testigos de la alegría de la Fe en Jesucristo”

En su intervención ayer en el informativo diocesano de COPE, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, dijo que “comienza un nuevo curso pastoral, viva y cálidamente cercana la JMJ 2011 que culminaba el domingo día 21 de agosto pasado con la solemnísima y, a la vez, honda y emotiva celebración de la Eucaristía presidida por el Papa en ‘el Altar’ de Cuatro Vientos, convertido en lugar de encuentro de una Asamblea Litúrgica absolutamente singular: la de los jóvenes de la Iglesia, extendida por todos los países de la tierra. Se trataba de proclamar y testimoniar ante el mundo que en Jesucristo se encuentra la raíz y el fundamento para que el hombre pueda vencer el mal −el pecado y la muerte− y alcanzar la felicidad −¡la Gloria!− eternamente”.“Hace poco, apenas un mes, que nuestra Iglesia diocesana de Madrid, junto con sus dos diócesis hermanas de Getafe y Alcalá de Henares, recibían y acogían el gozo de un don inmenso de Dios: un río de gracia que discurría por todo el tejido vivo de sus comunidades e instituciones, renovando interiormente el ser de los creyentes, tocando la fibra más sensible del alma de muchos no creyentes y abriendo los corazones de sus jóvenes a un nuevo y colmado encuentro con Jesucristo, el Hermano, el Amigo y el Señor, que los buscaba y encontró. El encuentro, en sí mismo, no ha sido ni fugaz, ni pasajero, sino penetrante y transformador de conciencias y de vidas”.

“Nuestra responsabilidad pastoral, en primer lugar, de nosotros los Obispos y Presbíteros, y, luego, de los consagrados y laicos comprometidos con la misión y la acción de la Iglesia en Madrid, encierra una urgencia primaria y fundamental: que ese efecto extraordinario de la gracia ni se diluya en ‘el gris’ de una rutina personal y comunitaria, y, mucho menos, que se pierda totalmente”.

“El Papa nos ha dejado todo ‘un Mensaje’ doctrinal, espiritual, apostólico y pastoral, que debe ser leído, releído y meditado por toda la Comunidad Diocesana en el curso que acaba de comenzar. Sus palabras, en las que ‘la Palabra’, que es Cristo, que ha llegado a los jóvenes viva, apasionante y contagiosa, por concreta y transformadora de sus vidas, debe seguir llegándoles en las circunstancias tan difíciles y, no pocas veces, tan dramáticas en las que lo envuelve la sociedad y la cultura actuales. Son las palabras que deben iluminar nuestro camino pastoral del curso que comienza: inspirar actitudes, iniciativas, programas que lo vayan vertebrando y conformando como una generosa respuesta de toda la Iglesia diocesana a una excepcional llamada del Buen Pastor, Jesucristo, que le reclama e invita a ser un instrumento fiel de la Evangelización que el mundo de nuestro tiempo y, muy singularmente, sus jóvenes necesitan”.

Así, destacó que “es necesario suscitar y cultivar ‘la vida espiritual’ en el sentido más teologal de la expresión: la vida de la fe, de la esperanza y de la caridad. Es la nueva vida que Cristo ofrece al hombre para salvarse”. También dijo que “es necesario animar y fomentar la vida de la Iglesia: que ‘la Iglesia despierte de nuevo en las almas’ (Romano Guardini)”. En este sentido, apuntó que “la importancia pastoral de la Eucaristía dominical es decisiva para vivir en ‘la Comunión de la Iglesia’”. Frecuentar el Sacramento de la penitencia es vital para vivir la Comunión eucarística con un mínimo de verdad y de coherencia cristiana. Para muchos jóvenes de nuestras comunidades parroquiales y de otras realidades de la vida de la Iglesia, el descubrimiento gozoso del Sacramento de la Confesión y del Perdón de los pecados ha sido uno de los grandes frutos de la JMJ 2011 de Madrid, como había comenzado a serlo en las anteriores Jornadas Mundiales de la Juventud”. Y “alentar y promover el espíritu y el compromiso apostólico y misionero”. Cardenal Antonio Mª Rouco Varela

“En el curso pastoral que comenzamos, solidarios con el dolor, los sufrimientos y los problemas de nuestros jóvenes y de nuestra sociedad, debemos de ser difusores y testigos de la alegría de la Fe en Jesucristo, que vence al mal en su raíz, al pecado, que despeja el camino a la esperanza de la victoria y asegura la apertura a la práctica del amor sincero y verdadero”.

Confiando a la Virgen María “este comienzo de curso pastoral que se abre a la esperanza con una nueva y renovada luz de Cristo”, concluyó manifestando “¡Que en nuestra Comunidad Diocesana ‘alumbre la esperanza’ de nuevo con un resplandor excepcional: el que brilla desde los días inolvidables de la JMJ 2011!”.