La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Israel-Palestina: la hora de la verdad, otra vez

Después del discurso de Mahmud Abbas en la sede de la ONU, solicitando la admisión de Palestina como Estado miembro, todo vuelve a empezar en el interminable conflicto del Cercano Oriente. Y llevamos ya sesenta y tres años desde que se inició, con el reconocimiento de Israel como Estado por esas mismas Naciones Unidas que ahora, a partir de hoy mismo, van a estudiar la petición del presidente de la Autoridad Palestina.

Recuérdese, aunque sea de pasada, que aquella ONU recién salida de la II Guerra Mundial, aprobó la partición de la Palestina hasta entonces ocupada por Gran Bretaña, en dos Estados. Los Estados árabes vecinos –especialmente Egipto, Jordania y Siria- rechazaron la decisión y, atribuyéndose la representación de unos palestinos huérfanos, declararon la guerra al nuevo Israel con el resultado bien conocido: la derrota árabe y la disgregación de los palestinos que tuvieron que refugiarse en los países vecinos.

Todo eso pertenece a una historia que ha representado para los árabes la “nabka”, la catástrofe, y que, hasta los Acuerdos de Oslo, en 1993, se ha pretendido negar para rechazar de paso la existencia misma del Estado de Israel. En apariencia, los países árabes han asumido ya sus dislates y sus derrotas aunque el terrorismo islamista, que se ha  buscado como pretexto de su odio al mundo occidental el drama de los palestinos, mantiene encendido el brasero de la violencia como bien demuestra con sus actividades el partido Hamas, atrincherado en Gaza y alimentado por la estupidez de algunos países –Irán no está solo…- que sueñan con talar de la tierra palestina ese árbol de la democracia que plantó Israel en 1948. En fin, todo esto es demasiado bien conocido por todo el mundo a pesar de que no existe un auténtico consenso internacional sobre el modo de favorecer la paz entre palestinos e israelíes.

¿Qué ha supuesto en este contexto, la iniciativa de Abbas en la ONU? Resulta interesante, antes de entrar en un análisis más completo, echar un vistazo a la propia prensa israelí que, por demócrata, mantiene posturas a veces muy distantes de las de su gobierno, ya sea laborista ya derechista. Para el progresista “Haaretz”, Benjamin Netanyahu, que se apresuró a acudir a Nueva York para reclamar el apoyo de Estados Unidos en su rechazo a una declaración unilateral de independencia de Palestina, no deja de perder la ocasión… de perder todas las ocasiones de hacer la paz con los palestinos”. El editorialista del periódico Yoel Marcus, afirma a este propósito que si realmente lo quisiera, Netanyahu hace tiempo que podría haber negociado con Mahmud Abbas un acuerdo definitivo, una vez que ya resulta imposible el sueño judío del Gran Israel. Y para otro de los periódicos punteros israelíes, el “Yediot Aharanot”, Mahmud Abbs ha conseguido con su discurso en la ONU transformar la debilidad militar de los palestinos en una formidable fuerza diplomática porque ahora va a quedar en evidencia ante el mundo árabe la doble moral de unos Estados Unidos, que apoyan la llegada de la democracia al mundo árabe al tiempo que se oponen a que Palestina exista como Estado democrático.

En cuanto a la prensa palestina, dejando de lado las críticas de Hamas –por cierto, bastante matizadas- es evidente que la pelota ha quedado ahora en el tejado de la Casa Blanca con su apoyo sin reservas a Israel. Sin embargo, el rechazo de Obama –y de su partido, y de los republicanos, no se olvide- a la iniciativa de Abbas, no ha sido tan rotundo como acaso hubiera querido Netanyahu. El famoso “Cuarteto”, sumido en un incomprensible letargo durante meses, ha despertado súbitamente y se ha puesto ya en marcha para favorecer una nueva etapa de negociaciones entre palestinos e israelíes. Y ahora, las cosas tendrán que ser diferentes porque si bien el Consejo de Seguridad rechazará a todas luces la admisión de Palestina en las Naciones Unidas… si Estados Unidos se ve forzado a utilizar su veto, resulta evidente que la Asamblea General, donde los palestinos cuentan con una mayoría de simpatizantes, haría lo contrario. En este caso, Palestina, de acuerdo con la propuesta de Nicolás Sarkozy, podría ser admitida como Estado observador permanente, sin derecho a voto, con el mismo estatuto que el Vaticano. Suficiente para dejar de ser un paria en la comunidad internacional y forzar a Israel a tomarse en serio la nueva etapa de negociaciones, de lo cual parece que ha tomado buena nota el primer ministro israelí.

De momento, el debilitado Abbas ha recuperado de golpe el prestigio perdido ante su propia gente, que lo ha recibido como un héroe a su retorno de Nueva York. Lo que ahora se va a plantear es hasta qué punto Israel será capaz de sentarse a negociar con los representantes de Ramalah –es decir, de Mahmud Abbas- sin tener en cuenta la presión de los terroristas de Hamás. Por supuesto que el propio Cuarteto y, por ende, la ONU, tendrá que exigir a Abbas que acalle la voz de la disidencia interna, pero también deberá reconocer la incapacidad militar y policial de la ANP para imponer el orden en Gaza.

Puede que una solución sea la de ampliar la misión de los “cascos azules” en Líbano a la propia franja mediterránea que, de hecho, se convertiría en un protectorado de la ONU. Pero esto queda para los entresijos de lo que puede ser la negociación definitiva de una paz que va a exigir, en todo caso, muchos sacrificios a las dos partes, empezando por los israelíes que deberán dejar muchos de sus asentamientos… Puede que, como ha afirmado un eufórico Abbas en la “Muqata” de Ramalah, que la “primavera árabe” haya llegado también a Palestina. Todo está por ver, como en 1993…