La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
EN LA CATEDRAL DE LA ALMUDENA

El arzobispo de Madrid destaca que en la JMJ «todos tuvieron ocasión de escuchar una renovada llamada e invitación del Señor a seguirle”

El Cardenal-Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, presidió ayer en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena una solemne celebración de la Eucaristía con motivo del inicio del curso 2011-2012 de la curia diocesana. Concelebraron con él el Obispo Auxiliar de Madrid, Mons. Fidel Herráez, los Vicarios episcopales y Delegados diocesanos, entre otros sacerdotes. 
En su homilía, el Cardenal hizo referencia a la festividad del día, San Mateo, y señaló que esta Misa se celebra un mes después de que concluyese en Cuatro Vientos la Misa de envío de la JMJ, presidida por el Santo Padre, el pasado 21 de agosto. Por eso, destacó que “comenzar este curso sin hacer referencia a la JMJ es imposible: por razones psicológicas, espirituales y, sobre todo, eclesiales y pastorales”. Para el Cardenal, la JMJ ha supuesto una “siembra de gracia de Dios, que se vivió en esa Jornada memorable, y que afectó y afecta sobre todo a nuestra iglesia diocesana -junto con las dos iglesias diocesanas hermanas de Getafe y Alcalá- y que lleva consigo, para nosotros, una especie de llamada y de invitación a vivir nuestra vocación cristiana de esa forma y modo apostólico y misionero, tal como se realizó en la persona de Mateo”. Por ello, “iniciar el curso teniéndolo a él como referente para aprovechar los frutos de la JMJ en la curia diocesana, en el contexto específico de todos los que trabajan en la curia diocesana (obispos, sacerdotes, laicos, consagrados y consagradas) es, también, una especie de gracia que Dios nos concede esta mañana”.

Recordó la figura de Mateo, a quien la sociedad de Israel consideraba “publicano y pecador público”, y explicó que los impuestos de aquella época eran “exagerados e injustos”, por lo que “la fama de pecador iba con ellos por todas partes”. Sin embargo, Mateo “acoge la llamada del Señor”. “En la JMJ, los jóvenes tuvieron la ocasión de escuchar y muchos, vamos a decir todos, moralmente todos, y con ellos toda la Iglesia, una renovada llamada e invitación del Señor a seguirle. El lema de la JMJ era muy expresivo: `Enraizados y edificados en Cristo. Firmes en la fe`”. Esa palabra renovada del Señor se convirtió, para todos los que vivieron la Jornada, en una especie de encuentro como el del Señor con Mateo: `Quiero ir a tu casa, quiero estar contigo, estoy dispuesto a participar en tu comida, reúne a tus amigos, aunque sean muy pecadores todos ellos, y luego seguidme`”.

Una lección y un modelo que nos ha de servir, prosiguió, para “que enfoquemos el curso, nuestra tarea de servir a la Iglesia pastoral y apostólicamente”, pues “ejercemos la acción apostólica, nosotros los presbíteros los primeros, de una forma total, exhaustiva y propia. Seguimos siendo los que llevamos la Palabra de Cristo a todos. Seguimos sirviéndole de voceros y de servidores de su voz y su palabra, para que llegue al corazón del hombre, y éste crea y se salve. Vosotros colaboráis en nuestra tarea y nuestra misión para que esa realización de la misión apostólica sea fecunda”, aseguró.

Volviendo a san Mateo, dijo que es el modelo “que debe de inspirar nuestra forma de recibir y de hacer llegar a la vida de la Iglesia diocesana, sobre todo a sus jóvenes, a partir de ahora, la invitación a la fe y al seguimiento de Cristo. Primero, porque, humildemente, nosotros queremos hacernos también acogedores de esa invitación y renovarla en nuestra vida. Segundo, porque queremos vivirla con el gozo y la alegría con la que se mostró la experiencia de la fe y de la comunión eclesial en la JMJ. Tercero, porque queremos amar a nuestros hermanos, dándoles lo mejor de lo que nosotros les podemos ofrecerles, que es a Cristo”. “No hay ningún otro bien que lo pueda sustituir, ni ninguna otra fórmula de presentarle a él y a su Evangelio que no sea esa, y no hay otro camino de evangelización para los jóvenes y la sociedad de nuestro tiempo, de Madrid y de España, que esa”, aseguró. Aunque “hacerlo y vivirlo con sentido apostólico tiene exigencias prácticas”. Así, “muchos necesitan oír de nuevo la palabra del Señor, necesitan ser invitados explícita o implícitamente al sí de la fe, casi todos necesitan verse renovados en esa potencialidad de la esperanza cristiana que se encierra en el encuentro con el Señor. Y seguro que todos necesitan ser tratados con caridad y amor cristiano”. “El Señor nos invita a ser sus instrumentos de su palabra, para que sea acogida por la fe, e instrumento de la gracia”, apuntó.

Para el Cardenal, “la Iglesia está llamada a ser, en la vida diocesana, a lo largo y ancho de todo el calendario del curso que ha comenzado, esa especie de gran signo, testimonio de que Jesucristo está aquí, viene al encuentro de toda persona que viva en nuestra comunidad diocesana, que quiere ofrecerle el camino de la salvación. Esa es nuestra gran responsabilidad, y la respuesta que el Señor espera de nosotros”. Por ello, ha exhortado a los presentes a saber “aprovechar ese don que hemos recibido, para el bien de la Iglesia”.

Concluyó pidiendo a la Virgen de la Almudena “que nos ayude a dar esa respuesta con el gozo y la vibrante alegría de la JMJ, y que sepamos aprovechar ese tesoro de gracia que hemos recibido para el bien de la iglesia”.