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Benedicto XVI visita Alemania: Se necesitan testigos, no funcionarios eclesiales

Cope.es

Ricardo Benjumea

20/09/11

Benedicto XVI emprende hoy su primer Viaje de Estado a Alemania, que lejos de presentarse como una plácida visita a su Patria, se perfila como el más complicado de todos sus viajes hasta la fecha. En la primera parada, la capital, Berlín, el contexto está marcado por la secularización de la sociedad, mientras que la recta final, Friburgo, tiene como trasfondo la secularización dentro de la propia Iglesia. En el centro de su Viaje,el Papa celebrará Vísperas marianas junto a una probada comunidad católica en el Este, que, «a través de todas las peripecias de la Historia, ha permanecido católica», junto a la Virgen, en tierras de Lutero y de Carlos Marx

Comienza hoy un decisivo Viaje para toda Europa. «Vivimos en una época de nueva evangelización», decía el Papa, el domingo, en Castelgandolfo, durante el rezo del Ángelus. Se necesitan «personas, familias, comunidades» dispuestas a trabajar en la viña del Señor, sin «otra recompensa que la de participar en la misión de Jesús y de la Iglesia».

Alemania parecía muy presente en su pensamiento. Ante su próximo Viaje –añadía ya de manera explícita, en su saludo a sus compatriotas peregrinos–, el gran reto es hoy que «redescubramos la belleza y la frescura de la fe, y la podamos dar a nuestros semejantes como testigos de esperanza y orientación para el futuro».

«Donde hay alegría, se percibe a Cristo»

Alemania es hoy un país mayoritariamente católico, pero este dato es engañoso. Ocurre simplemente que la pérdida de fieles ha sido mucho más rápida en los últimos años entre los protestantes, por lo que los católicos son ahora mayoría, con algo más del 30% de la población. La sensación dominante, sin embargo, es que la secularización avanza de forma inexorable, y que poco puede hacer frente a ella una Iglesia con una pasmosa habilidad para enredarse en tediosos debates internos, en viejas y estériles polémicas, o en interminables debates sobre estructuras internas de poder, periódicamente reabiertos por determinados grupos laicales.

Ése no es el camino para presentar al hombre de hoy una fe que pueda fascinarle. «Sólo donde hay alegría, se percibe el espíritu de Jesucristo», advertía, hace unos días, el cardenal suizo Kurt Koch, Presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, durante un Congreso organizado en Karlsruhe por el Foro de los Católicos Alemanes. En sus palabras, se percibía con claridad el eco, aún fresco, de la JMJ de Madrid, en la que participaron unos 17 mil peregrinos alemanes. Ese testimonio de fe, sencillo y alegre, casa a la perfección con la frase: Donde está Dios, ahí hay futuro, lema elegido para esta Visita, la tercera del Papa a su país natal (tras las de Colonia, para la JMJ, en 2005, y la de 2006 a Baviera), aunque la primera con carácter oficial de Estado. Sí, es posible creer en Dios, y «volver nosotros mismos a ser personas por las que entre en el mundo la luz de la esperanza, que es luz que viene de Dios y que nos ayuda a vivir», decía el Papa, en un mensaje que emitió, el domingo, la ARD, televisión pública alemana.

El videomensaje se presentaba como un anticipo de un intenso Viaje de cuatro días, en el que hay previstos, al menos, 17 discursos y homilías, y numerosos encuentros, en los que el Papa tendrá que abordar cuestiones y situaciones nada fáciles, como los crecientes obstáculos en el diálogo con un protestantismo cada vez más secularizado, o el preocupante fenómeno del secularismo agresivo que exhiben algunos sectores de la sociedad. Es probable también un encuentro con víctimas de abusos sexuales dentro de la Iglesia.

Berlín, o la sociedad secularizada

La llegada de Benedicto XVI a la capital alemana está prevista, esta mañana, a las 10:30 h. Antes de almorzar, tendrá tiempo de visitar al Presidente Federal, en el Castillo de Bellevue, y de recibir a la Canciller Angela Merkel, en la sede de la Conferencia Episcopal. A las 16:15 h., pronunciará un discurso en el Bundestag o Cámara Baja y, en ese mismo edificio, se reunirá después con una representación de la comunidad judía en Alemania. A las 18:30 h., el Papa celebrará la Misa en el Estadio Olímpico. Inicialmente, se había barajado un lugar más pequeño, pero ya en junio, a la vista del interés suscitado, los organizadores tuvieron que rectificar y trasladar allí el acto. Las 70 mil localidades están agotadas, desde hace varias semanas.

Diversos elementos suscitan un especial interés por su discurso ante el Parlamento federal. Acaba de celebrarse el 50 aniversario de la construcción del Muro, símbolo de la opresión socialista, en una ciudad que antes había padecido, con especial virulencia, el horror de la guerra y la locura del nacional-socialismo. De un gran intelectual y europeísta convencido como Benedicto XVI, se espera también una palabra ante la difícil situación que atraviesa la Unión Europea, y el creciente cansancio entre la opinión pública alemana a liderar (y financiar) el proyecto comunitario. Se tambalea, a la vez, la convicción en el multilateralismo, que ha guiado la acción exterior alemana desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. De alguna manera, las nuevas generaciones de alemanes sienten que ya han pagado su deuda con el mundo por el nacional-socialismo, y que tienen derecho a anteponer su interés nacional a otras consideraciones. Desde esa óptica, cobra también importancia el gesto del Papa de recibir, en Friburgo, al ex Canciller Helmut Kohl, claro exponente del mejor europeísmo y universalismo (catolicismo, en definitiva) alemán, que se ha caracterizado últimamente por sus críticas a cómo el Gobierno alemán está gestionando la actual crisis.

Boicot en el Bundestag

Hay materia de sobra para el debate. Los titulares de prensa, sin embargo, los han acaparado, hasta ahora, los en torno a 100 diputados (de un total de 620) que quieren boicotear el discurso del Papa. Son la mitad aproximadamente de los representantes del partido neocomunista La Izquierda, a los que se han sumado miembros del SPD (socialdemócratas) y de Los Verdes. Más de uno ha llegado a reconocer abiertamente que no tendría inconveniente en recibir al Dalai Lama o al líder de cualquier otra confesión, pero se niega a aplicar el mismo rasero con el Papa. Peter Seewald, biógrafo de Benedicto XVI, ha explicado el motivo de tanta agresividad entre quienes, curiosamente, presumen de tolerantes: pese a sus suaves y amables formas –dice a la agencia austríaca Kath.net–, «el Papa representa una provocación, porque hace que el hombre se cuestione su estilo de vida. Es como si nos pusiera un espejo delante, y eso no siempre es agradable».

También han centrado la atención las protestas planeadas por grupos laicistas y activistas homosexuales, con acciones hostiles que comenzaron a prepararse desde hace ya un año. Lo llamativo es que cuentan con las simpatías de las máximas autoridades de la ciudad, comenzando por su alcalde-Presidente, el socialdemócrata Klaus Wowereit, que se define católico, pero hace gala de su condición homosexual, y anuncia que va a plantear al Papa aspectos como el celibato, o la moral sexual, que a su juicio la Iglesia debe modificar. Los grupos laicistas intentaron también cuestionar los costes del Viaje, como sucedió en Madrid, pero la estrategia no cuajó, y al final el acento se ha puesto en aspectos de moral sexual.

Este tipo de hostilidades, que a su modo rodearon también a la Visita de Juan Pablo II a esta ciudad en 1996, han tenido, sin embargo, el efecto colateral de aumentar la expectación por lo que pueda decir Benedicto XVI. Y han provocado también interesantes reacciones, como la carta de bienvenida, firmada por unas 300 personalidades, católicas o no (hay políticos, deportistas, artistas…), o respuestas como la del histórico comunista Gregor Gysi, que califica al Papa de teólogo de la modernidad y subraya el valor de la fe católica para generar buenas normas, necesarias para la convivencia.

Erfurt:  Las heridas abiertas por Lutero y Marx

Berlín es también la ciudad con la mayor comunidad musulmana de Alemania. El Papa recibirá, mañana, a una representación de esta confesión. Los musulmanes son en su mayoría turcos, y su integración en la sociedad dista mucho de ser satisfactoria. Es una de las paradojas de esta ciudad, que presume de multiculturalidad, pero termina generando auténticos guetos.

Tras ese encuentro, el Santo Padre se desplazará a Erfurt, en la antigua RDA. En respuesta a la petición del Presidente del Consejo de la Iglesia evangélica, Nikolaus Schneider, el Papa introdujo una modificación en el programa inicial para alargar esta etapa, y dar así mayor protagonismo al diálogo ecuménico, en el contexto, con miras ya a 2017, del V Centenario del cisma luterano. El cardenal Koch ha revelado que se está preparando una declaración común para entonces, que pondrá el acento en la necesidad de conversión y penitencia, y en los 1.500 años de Historia conjunta. En ese sentido, es significativo que el encuentro ecuménico de mañana se celebre en el monasterio agustino del siglo XIII, en el que vivió Lutero hasta 1511, todavía como monje católico.

Pero Alemania no es sólo la tierra de Lutero. También es el país de Carlos Marx, y en el Este abundan las huellas del régimen socialista de la RDA, tanto materiales como espirituales. En Turingia, cuya capital es Erfurt, no llega a uno de cada 3 la proporción de niños bautizados, ya sean católicos o evangélicos.

En esta isla en medio de un mar de protestantismo, y en la que el régimen socialista sometió a la Iglesia a fuertes presiones para apartarla de Roma, se produjeron heroicos testimonios de fidelidad. Benedicto XVI lo conoce de primera mano, porque, desde los años 70, primero como profesor invitado a Erfurt, y después como arzobispo de Munich, hizo todo lo posible por sostener a estas comunidades en la diáspora. Desde entonces –tal como acaba de revelar la televisión pública regional MDR–, fue sometido a vigilancia por la policía secreta de la RDA.

Uno de los centros de ese catolicismo, en el este de Alemania, es el santuario mariano de Etzelsbach, donde se celebrará el rezo de Vísperas, mañana por la tarde. Las peregrinaciones a este lugar, que alberga una bella Piedad, se remontan al sigo XVII. La mera existencia de este santuario es ya en sí misma un recordatorio de la importancia de la piedad popular mariana, como la que sostuvo aquí a una feligresía mayoritariamente compuesta por campesinos, en situaciones a menudo extremadamente adversas.

Friburgo, o la secularización en la Iglesia

Esa piedad popular y mariana contrasta poderosamente con el ambiente teológico predominante en Alemania, y que va a marcar la última etapa del Viaje, el sábado y el domingo, en la próspera Friburgo. Benedicto XVI, sin embargo, parece decidido a afrontar de cara los aspectos más complicados.

Lo demuestra la reunión prevista con el Comité Central de los Católicos Alemanes. Este grupo adopta, a menudo, posiciones críticas con la Jerarquía y el Magisterio, y a él pertenecen importantes personalidades del país. Entre ellos, hay altos cargos del partido democristiano, la CDU, que firmaron, en enero, una carta dirigida al Papa, en la que pedían una excepción para la Iglesia en Alemania, en lo relativo al celibato sacerdotal. Esa carta fue seguida del manifiesto Iglesia 20011, un giro necesario, con reivindicaciones similares, suscrito por 143 teólogos de Alemania, Austria y Suiza. Y el celibato es también uno de los caballos de batalla de un grupo de 300 sacerdotes austríacos, que amenazan con provocar un cisma en la Iglesia en este país. El argumento suele ser que, con la incorporación de mujeres y hombres casados al ministerio sacerdotal, podría paliarse la escasez de vocaciones, pero la respuesta que invariablemente reciben es que la Iglesia no tiene autoridad para introducir determinados cambios (la Iglesia custodia el Evangelio, no es su dueña), y que, además, la experiencia demuestra que ese tipo de medidas no han fortalecido a las comunidades evangélicas que las han introducido, sino más bien al contrario.

En la carta de los políticos, figuraban, entre otros, la ministra de Educación, y quien será el anfitrión del Papa en el Bundestag, el Presidente de la Cámara, Norbert Lammer, un católico divorciado y vuelto a casar. Ése es otro de los debates recurrentes: la problemática de los divoricados que no pueden acceder a la Comunión. En vísperas de la llegada del Papa, acaba de reabrir esta discusión el arzobispo de Friburgo y Presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Robert Zollitsch, en una entrevista al semanario Die Zeit. «Hablaremos de este tema intensivamente en el futuro próximo», dijo.

La fe no se alimenta de polémicas

En esa entrevista, el arzobispo interpreta la disposición a debatir abiertamente sobre cualquier tema como una de las grandes virtudes de la Iglesia en Alemania. De hecho, la Conferencia Episcopal ha iniciado, este verano, un Proceso de diálogo, que se extenderá hasta 2014, con especial atención a este tipo de polémicas, que tanto interesan a los medios de comunicación. Es una de las respuestas que ha dado el episcopado alemán al escándalo de la pederastia, que aunque de alcance muy limitado en comparación con lo sucedido en otros sectores del país, ha concentrado la atención mediática y socavado la credibilidad de la Iglesia.

Muchos católicos creen, sin embargo, que dedicar tantas energías a esos debates es una pérdida de tiempo, en el mejor de los casos. Y que los católicos que van cada domingo a misa e intentan vivir con coherencia su fe tienen otro tipo de preocupaciones, bien diferentes.

Le preguntaba este martes el diario católico Die Tagespot al cardenal Meisner, arzobispo de Colonia, acerca de cómo había percibido la incidencia de esta iniciativa durante sus catequesis en la JMJ de Madrid. El cardenal respondió que, «en los coloquios con los jóvenes tras las catequesis, raramente surgieron los asuntos que se abordan en el así llamado Proceso de Diálogo, como la ordenación de mujeres o la homosexualidad». Los jóvenes de hoy ya conocen las propuestas que les ofrece el mundo, las han probado y se han quedado «con un sabor de boca amargo». Lo que les preocupan son cuestiones más importantes. «Tienen hambre de Dios», y sus grandes preguntas se refieren a cómo «seguir a Cristo» en relación con «las propias decisiones vitales».

Frente a la secularización, oración

En vísperas del Viaje del Papa a Madrid, el Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, junto al cardenal arzobispo de Munich y a otros dos prelados, viajaron a Castelgandolfo para informar al Papa sobre este Proceso. El Papa les animó a proseguir «por el camino del diálogo», aunque les invitó a encuadrarlo en el 50 aniversario del Concilio Vaticano II; esto es, a plantear las reformas de la Iglesia dentro de la continuidad, no como ruptura.

«La fe no es un problema que deba solucionarse, sino un regalo, que debe descubrirse día a día nuevamente, como fuente de la felicidad y de la plena realización», decía hace un año el Papa en el Reino Unido, y recordaba recientemente su secretario personal, monseñor Georg Gänswein, al presentar este próximo Viaje.

También el vaticanista Matthias Matussek, del semanario Der Spiegel, parece de la opinion de que la frase le va como anillo al dedo a la situación de un importante sector de la Iglesia en Alemania.  Basta echar un vistazo –explica– a las listas de libros más vendidos, para percibir el interés de los alemanes por la religión. En los escaparates, lo mismo se encuentra el último libro del Papa, que el de algún famoso teólogo rebelde. Pero falta lo fundamental. Escribe Matussek, en La aventura católica: «Ya no sabemos rezar, pero estamos muy dispuestos a litigar». Ése es, cree, el resultado de un modo de vivir superficial, generado por la ilusión de una sociedad del bienestar que durará para siempre. «Cuando tengamos de nuevo necesidad de Dios, aprenderemos de nuevo a rezar».

En situaciones difíciles…

De algún modo, este asunto estaba también presente en la entrevista de monseñor Zollitsch a Die Zeit. Preguntado sobre la percepción en Roma acerca de la Iglesia en Alemania, responde: «Cuando se necesita dinero en cualquier lugar, los alemanes importan mucho».

Pero la Iglesia adinerada en Alemania es pobre en vocaciones, justo al revés de lo que sucedió en tiempos no tan lejanos. El arzobispo de Friburgo cuenta que, tras la guerra, cuando apenas tenía seis años, vio cómo los partisanos yugoslavos asesinaban a su hermano. «Aún escucho los disparos», confiesa. De ahí Zollitsch fue llevado a «un campo de exterminio». El lugar era un infierno, pero, «por la noche, cuando rezábamos el Rosario, la gracia de la fe abría otra dimensión». Y fue en esa situación donde se consolidó su vocación. Y la vocación de otros muchos sacerdotes. Los hermanos Ratzinger, por ejemplo.