“La misericordia es el centro del Evangelio» (Francisco)

La JMJ no cierra

Jesús Ortiz López. Doctor en Derecho Canónico

Benedicto XVI manifiesta su satisfacción por la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Madrid:  “Agradezco a Dios este don precioso, que ofrece juventud y esperanza para el futuro de la Iglesia: jóvenes con un deseo sólido y sincero de radicar su vida en Cristo, permanecer firmes en la fe, y caminar junto a la Iglesia”, ha dicho desde Castel Gandolfo.

 

Nace una nueva generación de fe

Cerca de dos millones de jóvenes han participado en alguno de los eventos de la JMJ , a los que debemos sumar otros muchos millones que lo han seguido por televisión e internet. Hay que incluir a familias jóvenes con niños que han estado presentes en todos los momentos.  No parecen ser simples espectadores pasivos puesto que  ya se nota una mayor afluencia a las Misas y a los templos para vivir la fe, que muchos van recuperando después de un periodo de frialdad e incluso de alejamiento.

 

La mayoría de los jóvenes que han viajado desde tantos países y se han movido por Madrid, han crecido en una sociedad bastante secularizada que les ha dejado insatisfechos. Siguen buscando a Dios, les atrae Jesucristo y van dejando algunos prejuicios inducidos por los mayores contra la Iglesia. Porque la  Iglesia que han visto en el Papa Benedicto XVI, en los obispos y sacerdotes, y en otros jóvenes, no es anticuada, aburrida, o enemiga de la modernidad. Están comprobando que la fe es alegre y “tiene mucha marcha”, experimentada también al participar en algunas de las 300 propuestas culturales de la JMJ con espectáculos de arte, cine, danza, y hasta un partido de fútbol. ¿Dónde está el secreto de esa fe alegre?

 

Sorprendente tormenta

La tormenta puso a prueba la alegría de los participantes en la Vigilia de Cuatro Vientos. Se cumplió con naturalidad aquel dicho de “a mal tiempo buena cara”. Fue un buen rato de molestias para todos, empezando por un anciano joven de 84 años, como para significar que hay cruces pequeñas como esa y otras más grandes como la que ha presidido la Vigilia. Pues es bien significativo que los jóvenes de todo el mundo se van turnando desde hace veinticinco años, Jornada tras Jornada, para llevarla sobre sus hombros y levantarla en pie. Y conecta con la gallardía de los legionarios en el paseo de Recoletos al llevar a su Cristo de la Buena Muerte, algo que ha impresionado a los más fríos, despertando la sospecha de que va ser verdad que Jesucristo ha muerto por nosotros, de que la fe no es privativa de la tercera edad, y de que Dios nos ama.

 

Las condiciones que se dieron en la Vigilia no disminuyeron el entusiasmo sacrificado de los participantes pero dan motivo para pensar, pues ese sábado fue el día más caluroso de todo el verano, y Cuatro Vientos el punto más caliente de la Comunidad de Madrid; en ese aeródromo se registraron las rachas de viento más fuertes conocidas en muchas años. Y no se explica por qué sólo volaron varias carpas para la adoración eucarística mientras quedaban intactas las destinadas a restauración o discapacitados. Misterios para la historia de las JMJ. 

 

El secreto de la JMJ

En medio de aquella lluvia horizontal surgió la Custodia de Arfe, como una aparición, ofreciendo toda su belleza al Cuerpo de Cristo que el diácono depositó en el ostensorio. Benedicto XVI permaneció arrodillado adorando al mismo Jesús que nació en Belén, murió en el Calvario y resucitó abandonando el Santo Sepulcro. ¿De verdad es el mismo?, preguntaba  después una joven. Y al confirmarle que así es, respondía con asombro: ¡es que eso es muy fuerte! Y tanto, pero ni ella ni el millón y medio de arrodillados en el barro lo dudaban entonces, aunque no supieran explicarlo. Y es que la fe de los demás nos acompaña y fortalece a todos. Aquel silencio prolongado durante un buen rato puede parecer un espejismo porque estamos acostumbrados a convivir con el ruido invasor en cuanto se juntan cuatro amiguetes; sin embargo es posible que una multitud no sea masa de aislados con sus iPod sino un conjunto de personas llamados por un Jesús vivo, que atrae las miradas y conforta los corazones.

 

Muchos lo han encontrado y les ronda por la cabeza la llamada a un compromiso más alto para cambiar el mundo, con el eco de aquellas palabras de Benedicto XVI : “Os invito a pedir a Dios que os ayude a descubrir vuestra vocación en la sociedad y en la Iglesia, y a perseverar con alegría y fidelidad”. Ahora toca trabajar  a todos, sin prisa y sin pausa, ayudando a discernir vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada, y al compromiso apostólico en medio del mundo.