Cuando no se adora a Dios, se adoran otras cosas. Dinero y poder son ídolos que a menudo ocupan el puesto de Dios (Francisco)

El siglo XIX, ese gran desconocido

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado. Doctor  y Profesor de Lengua y Literatura

 Cuando se trata de leer a un político, por mucho que se dedique a la poesía, es inevitable abstraernos de nuestros ideales e intentar comprenderle. En el caso del libro que hoy nos ocupa: Cartas a Lord Holland, de Manuel José Quintana –Editorial Alfar- nos resultará mucho más fácil este ejercicio ya que el liberalismo de Quintana se posiciona claramente frente al enemigo común napoleónico, que por una vez, puso al país entero de acuerdo.

Dicho esto, el aroma poético del autor supone que las cartas que remite a su amigo británico sean de una belleza y plasticidad tal, que aunque no compartamos sus ideales, sí que podremos disfrutar de su depurado estilo, y así, mejorar el nuestro.

En este sentido, suele ocurrir que cuando leemos a un buen autor, mejora nuestra escritura y hasta nuestra dicción. Por otro lado, si pasamos una noche con un amigo dado al taco, nuestro vocabulario se contaminará inmediatamente con la consiguiente sorpresa de amigos y familiares. Buena razón esta última para leer a autores exquisitos, como Quintana, y olvidarnos de ciertas películas de corto diccionario propensas al exabrupto.

En un trabajo como el que estamos reseñando hoy es de justicia dedicar unas palabras al editor, en este caso Manuel Moreno Alonso. Sin su dedicación habría sido imposible disfrutar de este libro, y de la recuperación de un autor como Quintana y su obra, perdido en la indefinición y poco tenido en cuenta por la crítica, como se demuestra. Ni siquiera los especialistas en el propio Manuel José Quintana parecen detenerse en exceso en estas cartas, que si se animan, podrán disfrutar de manera casi única, ya que se trata de una reedición de una obra, como he dicho, perdida en la noche de los tiempos.

Como siempre que reseñamos un libro epistolar, animamos a nuestros lectores a que tomen buena nota del estilo y tono de cartas seculares que harán las delicias de amigos y familiares que puedan recibir una nuestra.

Nuevo motivo de agradecimiento a Manuel Moreno Alonso es el de darnos la oportunidad de volver sobre ese gran desconocido que es nuestro siglo XIX, de manera que en aulas, cine y literatura pasamos de la Guerra de la Independencia a la Guerra Civil sin que, al parecer, nada reseñable hubiera ocurrido entre una y otra.

En el aspecto formal se trata de un libro agradable, manejable e ideal para llevar en el transporte público en la vuelta a coles y trabajos. Que lo disfruten.