La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El arzobispo de Nueva York, monseñor Timothy Dolan, evoca la respuesta de Nueva YorK al 11-S, después de los atentados de 2001

 «Experimentar una solidaridad extraordinaria hasta el extremo del sacrificio fue la respuesta de Nueva York ante los ataques terroristas”. Así lo expresó el Arzobispo de Nueva York, monseñor Timothy Dolan en una entrevista concedida a Christopher Altieri de Radio Vaticana , a propósito de este décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre y en la que subrayó que la venganza es inútil, ya que de este acto tan vil surgió amor y fraternidad.

“Los ciudadanos de Nueva York, en particular, no permanecieron retorciéndose en el dolor y en la rabia, sino que inmediatamente comenzaron a ayudar y a consolar a cuantos lo necesitaban. Lo que celebramos es el amor que se impulsó en muchos hasta el sacrificio de la propia vida. Pienso sobre todo a los bomberos, a los agentes de policía, a los socorristas. Esta comunidad se hizo fuerte ante una tragedia sin precedentes».

En este sentido, añadió que «todavía hoy, después de 10 años hay programas de ayuda a las familias, iniciativas de oración y de memoria. Nos hemos encontrado frente a la pregunta que cada hombre y cada mujer de fe debe plantearse: ¿Cómo quiso Dios que reaccionáramos ante tan insensata violencia, una violencia tan contraria al amor que Dios nos ha enseñado? Y los neoyorquinos respondieron: Hemos experimentado una solidaridad extraordinaria hasta el extremo del sacrificio”.

Al reiterar que cuidar a los que fueron golpeados en esta tragedia, dar consuelo a quien sufre, fue la prioridad para la comunidad de la gran metrópoli, Monseñor Timothy Dolan, afirmó que la iglesia también cumplió su papel fundamental.

 “La cosa más grande que la iglesia puede dar es la fe, la esperanza y la caridad. Y la comunidad católica de Nueva York la tiene en abundancia. Ha ayudado a las personas material y espiritualmente. Ha ayudado a curar los corazones, a perdonar. Ha ayudado a la gente a recuperar la esperanza en un momento desesperado, y ha enseñado que la venganza es inútil y que la verdadera indignación, -la justa, el desprecio que se levanta contra el mal- lleva a la reconciliación, a la renovación y a reconstruir. La mejor manera de vencer sobre los terroristas es demostrar que absolutamente nada puede destruir el espíritu que está dentro de un pueblo de fe que vive en el pueblo norteamericano y que lo lleva a sostener a cuantos sufren, a reconstruir aquellos que aprecian, a llorar con dignidad a sus muertos y ayudar a las familiar a rehacer sus vidas. Todo esto ha sido una constante en el último decenio. Y hay que agradecer a Dios por todo esto”.