La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Antes y después de Cristo

 

La banalidad, la estupidez o la cristianofobia de algunas formas políticas, culturales y sociales, parece desbocada. Cuando aún tenemos vivo el ejemplar testimonio de apuesta por el futuro que ha representado la Jornada Mundial de la Juventud, nos encontramos con la pretensión de las autoridades australianas de que en los manuales escolares, Cristo deje de ser el punto de referencia histórico. De un plumazo borrarían no sólo las usuales y universales denominaciones “antes de Cristo” y “después de Cristo”, sino que inaugurarían un nuevo calendario con ridículas expresiones como “antes de nuestra era” y “después del inicio de nuestra era” o similares.

Si no fuera por lo que revela, esta pretensión del gobierno de Australia sería tan solo una ridícula broma de mal gusto. El empeño de borrar a Cristo de la historia, eliminar su existencia real, su vida y su biografía, parece ser la condición para un paso más: borrar las huellas de la presencia del cristianismo en el presente. Una presencia que ha contribuido decisivamente a que países como Australia hayan heredado la tradición de los derechos humanos, de la compasión con el débil, del amor al trabajo y el servicio a la justicia. En todo caso un gobierno puede alterar estúpidamente los manuales de historia, pero no podrá eliminar el cristianismo mientras haya personas que lo vivan sin complejos, abierta y sencillamente, en medio de la plaza pública.