La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
EN EL INFORMATIVO DIOCESANO DE COPE

El Cardenal Rouco destaca que “hay que hacer fructificar la conversión”

El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, recordó el pasado domingo en una entrevista en el Informativo Diocesano de COPE que el esquema de las JMJ comenzó en Santiago de Compostela en 1989, aunque “ha ido enriqueciéndose de jornada a jornada ampliando la mirada a sectores de la realidad juvenil de la Iglesia con gran trascendencia para el futuro de su misión”.Cardenal Antonio Mª Rouco Varela

Así, hizo un repaso por los actos centrales de la JMJ en Madrid y destacó  el papel de las religiosas jóvenes en la Iglesia. Y es que “en los ámbitos de la vida contemplativa estamos viviendo una especie de gran renovación de la vocación para la vida contemplativa de la mujer, y en gran medida son las que alimentan el alma de la Iglesia, el corazón de la Iglesia”. “Eso se ha puesto de manifiesto en la Jornada Mundial con el acto de El Escorial, a la vez que se ponía de manifiesto lo que ellas habían colaborado para que espiritualmente y desde el alma de la Jornada Mundial fuese un acontecimiento provechoso, gozoso y muy fructífero para la vida de la Iglesia”, reconoció.

Para el Cardenal, “un gran tanto por ciento muy elevado de los jóvenes ha llegado a una edad ya de madurez, del comienzo de preparación profesional y sus vidas se encaminan por la vía de la universidad, una institución que ahora ha proliferado mucho, que se ha diversificado enormemente, donde el alma del joven, la suerte en la vida, su futuro, su decisión final de emprender el camino de la vida que está más allá de la muerte”. Por ello, “son un aspecto importantísimo de lo que tiene que comprender la pastoral juvenil y un lugar privilegiado para la evangelización”.

En cuanto a los jóvenes profesores que se reunieron en El Escorial, señaló que el Papa “les dijo que no tuviesen miedo a ser testigos, haciendo bien su trabajo, enseñando, formando profesionalmente, pero también formando la personalidad del joven en sus aspectos incluso más profundos y más íntimos”. Según, manifestó, “el Papa es un buen ejemplo, que fue un profesor universitario que vivió así su vocación de docente y profesor de universidad; enseñando bien intelectualmente, respondiendo a las grandes cuestiones de la vida con la inteligencia, con la razón iluminada por la fe, acercándose a los jóvenes doctorandos como un amigo, como un padre, como un hermano, que les acompañaba espiritualmente hasta el final de sus estudios. Eso lo hemos querido poner también de relieve en la JMJ”.

Sobre la visita a la Fundación Instituto San José, afirmó que los más necesitados “jugaron también un papel muy importante en la preparación de la Jornada y la propia celebración”. “Ha sido uno de los grupos que más hemos cuidado, y que más han contribuido, desde esa situación de dolor y de ofrenda de la vida, al fruto y al éxito de la Jornada”, declaró.

Habló también del Vía Crucis, que “adquirió en la Jornada una dimensión que creo que ya no va a perder en las futuras: la gran piedad de la Semana Santa expresada en música, imágenes y que se convierte en una gran celebración de extraordinaria belleza y hondura”. Además, hizo hincapié en la misa con los seminaristas. “Ha sido una nota especial nuestra que se va a mantener en el futuro”.

Respecto a los frutos, consideró que “comienzan muchas veces espectacularmente, con una conversión, un giro radical en la vida”, aunque matizó que “después hay que hacer fructificar la conversión, y eso es ya tarea larga. Creo que eso va a ocurrir con nuestra acción y misión en relación con los jóvenes y también con respecto a la Iglesia”. “Alguien me decía: Bueno, la JMJ ha demostrado desde el punto de vista de lo más periférico, y de lo más sociológico y externo, que la Iglesia es de jóvenes también, que hay muchísimos jóvenes, que la Iglesia es alegre, que lo que en ella se vive irradia alegría, y una alegría, además, auténtica, contagiosa. La Iglesia no sólo no es sospechosa de actitudes de reserva con respecto a lo humano, sino que lo muestra y lo demuestra como un camino de plenitud y de felicidad y de gozo, en los momentos más íntimos y profundos de su vida como es la celebración de los sacramentos: La Eucaristía, la Penitencia…”

Finalmente, sostuvo que cuando se termina la jornada, como ha ocurrido en otras ocasiones, también en Madrid, se dice: “Hombre, pero ¿por qué se ha terminado esto?, ¿no podíamos continuar así alguna semana más? Una serie de datos de observación sociológica que son muy sorprendentes en el sentido más positivo, de bien, de paz, de felicidad y que abre un horizonte nuevo para el presente y futuro de las sociedades, sobre todo de las sociedades en que la Iglesia ha estado siempre – con mucha historia, como es el caso de España, Europa, América; donde es muy joven como es el caso de África, Asia u Oceanía, es un mundo nuevo el que emerge y ha quedado testimoniada en la JMJ de Madrid, de una forma inequívoca-.  El cabeza visible de la Iglesia universal ahí estaba, presidiendo las grandes celebraciones y la gran asamblea de la Iglesia joven, rodeado de centeneras de obispos de todo el mundo, de quince mil sacerdotes, también de padres y madres jóvenes de familia, de educadores, de esa variedad de una policromía y un polifacetismo fantástico; y que refleja no sólo lo que el Señor fundo, la realidad instituida y mantenida por él, refleja de algún modo el mundo y la sociedad actual en sus aspectos y elementos más jóvenes, que buscan a ese Cristo y que buscan esa Gracia que les viene a través del misterio de la Iglesia”.