La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La jeringuilla con dosis letal de Rubalcaba

Magdalena del Amo.-

Le faltó tiempo a Rubalcaba para anunciar que, si ganaba, la primera ley que pondría en marcha sería la de muerte digna, uno de los jalones del proyecto socialista para transformar la sociedad. ¡Eso sí que es meterle el dedo en el ojo a los católicos! Lo de Mourinho a Tito Vilanova se queda en nada. ¡Qué inoportunidad y qué falta de diplomacia! ¿Fue en respuesta a la discreción conciliadora y propositiva del Santo Padre?

La gran preocupación del Gobierno con la visita del Papa no era el gasto o el colapso de la ciudad durante cinco días, argumentos principales de los anticatólicos. Al Ejecutivo le preocupaba sobremanera el discurso de Benedicto XVI, sobre todo, desde el comunicado del cardenal Rouco de remitir la excomunión latae sententiae a las mujeres que abortaron, y a cuantos intervinieron en esta práctica. El Gobierno quiso ponerle a Su Santidad una mordaza prohibiéndole hablar de aborto y eutanasia, o aludir al laicismo salvaje, comparable al de otros tiempos que no queremos recordar, como lo hizo en su anterior visita a España. ¿Por qué les duele tanto la verdad? Si están tan orgullosos dela República,la República fue eso, quema de iglesias, asesinatos de curas… Pero no quiero abrir este archivo ahora. Y si los socialistas consideran el aborto como un derecho y un logro de la sociedad del bienestar, ¿por qué temen que el Papa hable de él?

Lo cierto es que Benedicto XVI, sin nombrar las palabras aborto y eutanasia, dejó bien claro cuál es la doctrina dela Iglesiaen esta materia, cuando criticó “a los que se creen dioses y deciden quién vive y quién no”; o cuando habló de una ciencia sin límites. No hace falta hacer demasiada exégesis para ver que se defiende el derecho a la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural y se condena la clonación y la investigación con embriones para cualquier fin: genotipado para evitar taras genéticas, elección de sexo, bebés medicamento, vientres de alquiler u otras prácticas que coadyuven a la cosificación del ser humano.

No es la primera vez que un gobierno anticatólico le impone censura al representante de Pedro. Cuando el Papa visita algún país totalitario donde la vida no tiene ningún valor, y la tortura, la lapidación de mujeres o la muerte de homosexuales es práctica común, se entiende que su discurso se salpique con notas de funambulismo alegórico, para evitar despertar a los monstruos. Aunque, en ocasiones, no son las palabras las que ofenden, sino ciertas actitudes. Cuando en 1967 Pablo VI visitó Turquía, se puso de rodillas y oró en la iglesia de Santa Sofía, esa bella joya bizantina que mandó construir Justiniano, convertida en mezquita por los árabes en el siglo XV, y que hoy está dedicada a museo por iniciativa de Ataturk. El gesto del Papa causó malestar político y tuvieron que esmerarse  a fondo los diplomáticos. Con este precedente, cuando Juan Pablo II –hoy beato—repitió el viaje, se le aconsejó por parte musulmana tener en cuenta que iba a Estambul y no a Constantinopla. El Papa interiorizó la advertencia, pero al llegar al lugar donde se había hincado su antecesor, él se detuvo a orar durante dos minutos, lo que causó cierto nerviosismo en el ministro turco que lo acompañaba.

Que en España se pretenda supervisar los discursos del Sumo Pontífice, como en los regímenes totalitarios, nos parece preocupante. En la breve reunión entre el Papa y Mariano Rajoy hablaron de economía, pero también de principios y valores. El líder de la oposición estaba pletórico con el ambiente que se respiró en Madrid durante las jornadas dela JMJy le dijo al Papa que trabajaba para crear una sociedad con valores. Eso esperamos, pero tendrá que afanarse, porque los últimos años vivimos un invierno nuclear que nos impide ver la luz del sol. Uno de los mensajes de despedida de Benedicto XVI, ya con un pie en el avión, fue que España puede progresar manteniendo vivo el espíritu católico. Esperemos que muy pronto las aguas vuelvan al cauce de la libertad.