La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La difícil transición libia

 

 La evolución de los acontecimientos en Libia abre un panorama lleno de interrogantes y de inquietudes. Parece fuera de duda que la toma de la capital libia fue posible gracias a la intervención de las milicias “yihadistas” dirigidas por veteranos de la guerra de Afganistán contra el Ejército soviético, razón por la cual el dividido Consejo Nacional de Transición ha apresurado su traslado desde Bengasi a Trípoli para evitar un golpe islamista dentro de la “revolución de febrero”. Pese a ello, ya se anuncia como algo inevitable que la nueva Libia será una república islámica y, de hecho, son los imanes de las mezquitas los que están ejerciendo el control de los barrios, tal y como ocurrió en los comienzos de la guerra civil en la vecina Argelia.  El principal problema que deberá el Consejo de la Transición, que ejerce de gobierno provisional, además de desarmas a las milicias yihadistas, será poner de acuerdo a la treintena de tribus contrarias a Gaddafi, divididas entre sí en clanes y subclanes, para elaborar una Constitución y convocar elecciones.

El hecho de que no exista ejército regular y de que haya sido asesinado misteriosamente el único militar con autoridad en el seno del Consejo, complica aún más las cosas al tiempo que se encienden todas las alarmas en la fronteriza Argelia que teme una Libia convertida en un nuevo santuario de los islamistas. Como fondo de este caótico panorama está la escasa preparación de la ONU para dirigir la transición hacia una problemática democracia, después de haber ordenado los bombardeos selectivos de la OTAN… Ahora más que nunca, la evolución de la esperanzadora “primavera árabe”, e incluso de todo el mundo islámico, de Siria a Pakistán, depende del  modo con que se gestione la caída del régimen gaddafista, que precisamente hoy hubiera cumplido 42 años de tiranía.