La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El cristianismo y los jóvenes

José Mª Martí Sánchez

Con ocasión dela Jornada Mundialdela Juventudde 2011, el Cristianismo ha mostrado su vitalidad. La fuerza de convocatoria y la originalidad de sus propuestas resaltan en un mundo cambiante que todo lo engulle y cuestiona. Ello explica la atención que le dispensan incluso sus detractores. La contradicción fue siempre compañero de viaje de Jesús y de sus seguidores. El anciano Simeón se refirió a ella, como signo distintivo de Jesús, cuando, recién nacido, fue llevado al templo en brazos de su madre. Lamentablemente, en aquellos días de agosto, la oposición e intolerancia, escenificada por los “antipapa”, no tuvo otra motivación que el prejuicio o el afán por conservar su status. Se trató de un odio violento, excluyente y estéril. Tal actitud abochornó incluso a quienes compartían algunos de sus postulados. Así lo exponen “Vergüenza ajena” de Eduardo Goligorsky, y “Coletilla” der Bernd Dietz (en “Revista de Agosto. Libertad Digital”, 15 agosto 2011).

Por el contrario, no cabe dudar de la fecundidad del Cristianismo. Y ello a pesar de que los “maestros de la sospecha” (Nietzsche, Marx y Freud) trataron de desprestigiarlo. Era una moral o un mensaje de resentimiento e impotencia, era la alienación frente a la injusticia social o un mecanismo para restablecer un código de conducta inspirado en la figura paterna. Una huída de la realidad. Hoy, por influjo del relativismo permisivista que afloró en Mayo de 1968, se quiere desfigurar al Cristianismo. Se olvida, desde la utopía y la irresponsabilidad, que «tanto los niños como los adolescentes y los hombres adultos necesitan un marco moral en el que moverse, un marco que les permita dejar a un lado sus propios intereses» (Meg Meeken). Una vida plena sólo se puede edificar desde la fidelidad a unos principios sólidos. Para “el pensamiento débil”, el Cristianismo sería un residuo del pasado y del oscurantismo, una especie de aguafiestas que obstaculiza todo progreso —personal o social— con “verdades” y actitudes intransigentes. Muchos jóvenes, seducidos por el discurso dominante, se han rendido al ídolo del placer.

El Cristianismo es exigente, pero ofrece, a cambio, la verdad. Destacaba Cesar Vidal del Judaísmo su nivel moral y fuerza de atracción, frente a un paganismo corrompido. Jesús, convoca a un estilo de vida nuevo dirigido al corazón y abierto a todos: “Yo soy el Camino,la Verdadyla Vida” (Jn 14.6). Su motor es el amor y el compromiso. Decía el Papa, en su primera comparecencia en Cibeles (18 agosto 2011): “Al edificar sobre la roca firme no solamente vuestra vida será sólida y estable, sino que contribuirá a proyectar la luz de Cristo sobre vuestros coetáneos y sobre toda la humanidad, mostrando una alternativa válida a tantos como se han venido abajo en la vida, porque los fundamentos de su existencia eran inconsistentes”. ¿Es esto escapismo o ingenuidad? Más bien parece una respuesta, quizá la única, a quienes han perdido toda referencia y, engañados por la duda o el narcisismo, han sucumbido a los dictados de la moda o el interés inmediato.

Pero hay una nota que hace que el Evangelio tenga como receptores privilegiados a los jóvenes. Su generosidad y esperanza. Los jóvenes necesitan dar sentido y contenido a sus vidas, pero quién se lo dará en un ambiente de confusión y desconfianza ¿Hallarán respuesta en la incitación a un consumo compulsivo e insolidario, en el pragmatismo del hedonismo muelle o en la sed de poder que construye ídolos inertes? Jesús, en contradicción con la “cultura” del “tener” y de la “muerte”, nos llama a la aventura de vivir en la entrega (amor). Es un tesoro para compartir. El Papa ha recordado que abrazar este ideal, personalizado de acuerdo a la vocación particular, es motivo de orgullo. Hay que vivirlo con entusiasmo contagioso. Concluimos con la exhortación del Papa a los seminaristas, enla Catedral deLa Almudena: “apoyados en su amor, no os dejéis intimidar por un entorno en el que se pretende excluir a Dios y en el que el poder, el tener o el placer a menudo son los principales criterios por los que se rige la existencia”.