La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Los cambios han empezado ya

El pleno del Congreso que ayer aprobó la incorporación a la Constitución de la limitación del gasto público, ofrece toda una antología de enseñanzas de signo positivo y negativo que serán de gran utilidad para las futuras generaciones de estudiosos del Derecho y de la política.

La primera de ellas, sin duda la más importante, es que, por encima de las ideologías, el consenso que hizo posible la transición democrática en España, ha vuelto a ser posible aunque se haya tardado demasiado tiempo en verle las orejas al lobo de la crisis. La segunda es que no hay que dejarse llevar por el espejismo de un acuerdo constitucional, porque, en el fondo, el consenso ha sido posible “in extremis”, forzado por la Unión Europea y porque la izquierda y la derecha siguen en mundos diametralmente opuestos cuando se trata de promover políticas sociales que tengan como meta el bien común.

Una tercera consideración es que la actual crisis está acelerando, en buena medida, un profundo cambio en el seno de Europa que tiende a hacia la unificación de la política económica y fiscal. Por ello resulta cada vez más evidente el anacronismo de ciertas ambiciones nacionalistas que suelen aprovechar cualquier circunstancia para abrir nuevas brechas en la unidad española, en contra de la tendencia solidaria europea.

En este sentido, está fuera de lugar la amenaza que soltó ayer en el Congreso el portavoz de Convergencia y Unión, Durán y Lleida, al hablar de “choque de trenes” para advertir que Cataluña hará su propia ley de estabilidad fiscal en contra de la Constitución. Igual puede decirse de la rabieta del Partido Nacionalista Vasco y no digamos de los pequeños partidos de la extrema izquierda que aún no han despertado de sus sueños totalitarios. En todo caso, puede afirmarse que los cambios políticos que se avecinan tras las cercanas elecciones, han empezado ya.