La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Una marcha casi ignorada

Max Silva Abbott, Doctor en Derecho y Profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad Católica de la Ssma. Concepción (Chile)

            El sábado recién pasado, pese al frío y la lluvia, se realizó en Santiago una marcha para defender la familia. Diversos sectores, tanto católicos, como evangélicos y otros no religiosos (como TransformaChile.cl y HazteOír-MuéveteChile.org), se unieron para defender lo que estiman esencial para cualquier sociedad: la familia como realidad natural, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, y abierta a la vida. De esta manera, se pretendía alzar la voz, sin pretender ofender a nadie y de forma pacífica, ante diversas iniciativas que atentan contra la llamada familia tradicional (entre otras, los proyectos de ley de uniones de hecho, y de no discriminación).

            En sí, la marcha fue todo un éxito: no sólo por el alegre clima que se generó, sino también por el entretenido show ofrecido al inicio de ésta: diversos cantantes y animadores avivaron a ese grupo humano, que poco a poco fue creciendo y que con cantos, globos, lienzos y carteles, llegó hasta el Palacio de La Moneda para manifestar lo que todos sabemos: que la familia es el bien irreemplazable para cualquier sociedad que pretenda continuar existiendo: el lugar óptimo para engendrar a las nuevas generaciones y donde mejor se forman los niños y jóvenes para en su día, ser los protagonistas de su tiempo.

            Como siempre, la cifra de manifestantes dio para todos los gustos. Sin embargo, cálculos bastante objetivos (estuvimos allí) hablan de unas ocho a nueve mil personas. Todo un éxito, si se toma en cuenta la casi nula cobertura que tuvo esta manifestación, si se la compara con la de otras que hemos tenido en el último tiempo.

            Este es un tema que no debe ser pasado por alto: en realidad, los medios de comunicación casi no prestaron atención a este evento, ni antes ni después del mismo, lo que contrasta sobremanera con la increíble cobertura que tuvo, por ejemplo, la marcha gay de hace algunas semanas, que pese a todo, sólo logró juntar doce mil personas, de acuerdo a la versión oficial de carabineros. Esto significa que lo que muchos medios transmiten y difunden, no siempre coincide con la realidad de las cosas. De hecho, la prensa dio la misma importancia a esta marcha por la familia y a otra contramanifestación pro homosexual que no juntó más de cincuenta personas (repito: estuve ahí), lo que no hace sino corroborar lo que vengo diciendo: que en muchas ocasiones, la prensa no informa, sino que en realidad, pretende adoctrinar.

            Lo importante es que los que defendemos la familia (tradicional) pudimos salir a la calle, alzar la voz y representar a esa inmensa mayoría anónima que ya sea por comodidad u ocupaciones, no se manifiesta, e incluso mira indolente cómo suceden las cosas.

            Es de esperar, pues, que situaciones como ésta, se repitan y crezcan en el futuro.