No hay medicina que más cure que el cariño (Francisco)

Buenas ideas para un verano en crisis

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor y Profesor de Lengua y Literatura

Más allá de ideologías políticas o de cualquier otro mensaje, de la bien documentada novela El espía de Madrid, de Goyo Martínez y Juan Salvador Vergés –Singular Ediciones- me quedo con esa mañana de domingo en Barcelona, inminente ya la Guerra Civil Española, en la que los ciudadanos salen a la calle como si nada sucediese.

Unos acuden a la playa, otros visten sus mejores galas para ir a misa, el que más y el que menos, aprovecha esa mañana soleada para tomar un aperitivo, y un camarero, que más tiene de filósofo que de hostelero, aprovecha para comentar con nuestro protagonista, Nelo, que todos los días le da gracias a Dios por haberle permitido vivir un día más, por tener la ocasión de disfrutar la vida veinticuatro horas más. Es una opción vital fascinante, que quizás sólo pueda ser sentida así en un momento histórico como el que relata la novela.

Por otro lado, contrasto con cierta desazón que los acontecimientos que se relatan, a saber, fuerte crispación social –ahora tenemos el 15 M, que es más light, pero similar en el significado-, subida desproporcionada de los precios –desde la llegada del euro ha sido un no parar-, caída en picado de la bolsa, debilidad gubernamental. En fin, que estamos viviendo una situación muy similar a la que se vivió en el 36. Sin ser alarmistas, supongo que quienes tienen opción para tomarlas, deberían tomar medidas inmediatas para aplacar la crispación, aliviar la presión económica, y en fin, evitar unas circunstancias que no pueden nunca desembocar en nada bueno.

Aparte de todo esto, la novela está muy bien relatada, y sobre todo, los autores se muestran como grandes creadores de personajes y ambientes que aportan a la novela una verosimilitud que nos atrapará al instante.

En el aspecto formal las más de quinientas páginas no deberían pararnos en unas fechas en las que se suele tener tiempo y lugar para disfrutar de prolongados momentos propicios a la lectura.