La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Luis Ruiz, sj: ha muerto un hombre de los grandes

No se han decretado en España días de luto oficial, pero esta semana ha muerto una gran personalidad española contemporánea: el padre Luis Ruiz, jesuita y misionero en China durante más de 70 años. En Macao, donde murió a los 97 años, se le conocía con el apodo de “padre de los pobres”. Así era conocido en China este asturiano, hombre de gran sonrisa, cuya biografía sería digna de una trepidante novela de aventuras. En los años 30 el padre Luis Ruiz sufrió la persecución religiosa bajo la II República, y tras unos años de exilio en Bélgica y Cuba, recaló en China, donde padeció la ocupación japonesa y la revolución comunista.

En ese contexto resplandeció el testimonio de este jesuita, en medio de un siglo que es el que más mártires ha dado a la Historia de la Iglesia. Como casi siempre, la prensa internacional tenía cosas más importantes de las que ocuparse, pero mientras tanto, el padre Ruiz salvaba la vida a miles de refugiados. Con el tiempo, sobrepasada la edad a la que los europeos se jubilan, fundó cerca de 150 leproserías y antedió a más de 10 mil enfermos, e incluso ya nonagenario, puso en marcha un centro para enfermos de sida. Pero más que los números, lo característico de su obra es la alegría que contagiaba a quienes atendía. Su gran legado es ese reguero de auténtica humanidad, que digan lo que digan algunos, es el rasgo que mejor describe el peregrinar de la Iglesia por este mundo.