La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
Pelillos a la mar

Parábolas de nuestro tiempo: el “terrorismo necesario” o qué le preguntaría Amy Winehouse a Anders Breivik

Me preguntaba al conocer la muerte de Amy Winehouse si la desdichada cantante tuvo tiempo y consciencia suficiente para conocer lo que había ocurrido horas antes en la cercana Noruega y, sobre todo, qué podía pensar de ello. Lo más probable es que Amy viviera sus últimos momentos ensimismada en su vaciedad y que le trajese sin cuidado lo que pasaba en Noruega o en la casa de al lado de su lujoso piso londinense.. .

De alguna forma, la cantante de “soul” se había alejado tanto de la realidad como el salvaje fundamentalista Anders Behring Breivik: ambos vivían mundos imaginarios aunque en ambientes distintos. A sus 27 años, como tantas otras “celebrities” del espectáculo, Amy ha caído fulminada por el espejismo del sexo, la droga y el alcohol que le ofrecieron un mundo vacio de valores, sin otro sentido que el disfrute permanente que le ofrecía el dinero y que, acaso, la llevó a odiarse a sí misma, fiel a ese espíritu destructivo que ha conducido a tantos jóvenes a seguir el cínico consejo del actor John Derek: “vive rápìdo, muere joven y deja un bonito cadáver”.

Recuerdo ahora el hijo mayor de uno de los más brillantes… y destructivos  periodistas que he conocido, Eduardo Haro, que le dejó escrito a su padre, poco antes de morir de sobredosis, que cuando encontrasen su cadáver en la calle lo arrojase a un vertedero de basura… La de Amy, como la de Eduardo hijo, como la de Behring, son típicos ejemplos de vida-basura, unos poseídos por la droga de los placeres artificiales y otros, los salvajes neonazis de todos los tiempos –los ha habido mucho antes que Hitler- deconstruidos por la droga del odio, del fundamentalismo religioso, del nacionalismo a ultranza y, en suma, por la ignorancia.

Dice este típico salvaje noruego, modelado por la cultura del nihilismo, que sus asesinatos en serie han sido atroces “pero necesarios”. ¿Necesarios para qué? Todos los terroristas justifican sus crímenes como instrumentos necesarios para alcanzar sus fines y algunos políticos irresponsables  caen incluso en la tentación de escucharlos y hasta de negociar con ellos, para que dejen de matar aunque sigan con sus ideas contrarias a la convivencia. ETA ha matado –y ya veremos si vuelve a matar- para conseguir un fin que, de seguir Zapatero en el poder, acaso podría haber alcanzado: la independencia del País Vasco después de fulminar la Constitución que ha servido para que el resto de los españoles vivan en paz y en democracia.

Pues bien: el tipo éste, el noruego Behring, ha matado para manifestar su odio a la tolerancia que, a sus escasas luces, ha desnaturalizado la democracia de la tranquila Noruega al abrir las puertas a la inmigración de gentes de otras culturas, especialmente musulmanes, a los que acusa de querer convertir a los europeos al Islam. De ahí su inmersión en un nacionalismo que pretendió convertir Europa en un campo de concentración. La inmediata reacción del primer ministro noruego, Jens Stoltenberg, ha sido la esperada por la lógica: “Responderemos con más democracia”.  Es decir, con más tolerancia y más libertad. Solo que una vez introducido el virus del miedo en la fría sociedad noruega, de ahora en adelante será una democracia más vigilada, con más controles… y, de alguna forma, el salvaje Behring habrá alcanzado al menos parte de su propósito: que la adormecida sociedad inmersa en el bienestar despierte al temor de que no es tan libre como creía. Y con Noruego, toda Europa, todo el mundo libre, donde crecen los grupúsculos y hasta los partidos radical-nacionalistas.

Los atentados de Behring pueden convertirse, sí, en un antídoto contra el neonazismo pero también en una merma de la democracia, en contra de los deseos de Jens Stoltenberg y de todos los dirigentes europeos. Ya vivimos los resultados de las amenazas islamistas, que no están tan lejos de los nacionalismos radicales generados por la adormidera del bienestar. Si no fuese por los millones de parados y por la fragilidad instalada en tantas familias al borde del desahucio y el hambre, habría que acoger con alborozo la crisis económica y financiera que está sacudiendo al mundo más desarrollado.

Si hemos vivido por encima de nuestras posibilidades –como viven los drogadictos adinerados que no conocen ni su propio cuerpo y menos aún su alma, ese “soul” que pretendía renovar la desdichada Amy- la crisis ha venido a sacudirnos como un aviso dramático de que así no podíamos seguir. En este sentido, ¡benditos sean los “indignados” de Sol aunque no sepan muy bien lo que quieren y estén mucho más manipulados de lo que ellos mismos creen! Y me pregunto, por cierto, por qué no está en Sol el señor Pérez Rubalcaba…

Para despertar no hacen falta salvajes como Behring, ni tampoco “indignados”: basta con una revolución del sentido común que nos haga recuperar uno de los principios de la  sabiduría: conocerse a sí mismo, conocer nuestras limitaciones y, sobre todo, saber que la vida tiene sentido. Lo dramático es que la llamada “civilización occidental”, como ya denunció Alasdair Macintyre, cuando se propuso ir tra la virtud. Lejos de “deconstruir” la sociedad como pretenden los bobalicones seguidores de la ideología de género, lo que hay que hacer es reencontrar las virtudes que nos civilizaron. Y vivir la realidad. O sea, hacerse las preguntas eternas despreciadas por los nihilistas:  ¿Quiénes somos, a donde vamos…?  Sin duda no lo sabía Amy y menos aún el salvaje Behring. La esperanza está en otra parte, como saben muy bien los millones de peregrinos que se han citado en Madrid en busca del tesoro escondido…