La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Jesús de Nazaret

Zenit. Monseñor Rodrigo Aguilar Martínez.

Puede haber situaciones y circunstancias que nos zarandeen y confundan e incluso provoquen que nos preguntemos: ¿Estoy haciendo bien mi trabajo? ¿Tiene sentido seguir afanándome en lo que pretendo? Yo encuentro la respuesta en quien dijo: “Yo soy la Luz del mundo”, y también dijo “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Esta persona se llama Jesús de Nazaret. En él encuentro la respuesta a mis preguntas más hondas, la orientación y la fuerza para seguir adelante. En él encuentro el qué, el por qué, el para qué, el cómo de mi vida. Sin él, lo demás no tiene sentido; con él, lo demás puede desaparecer.

Para mí estar con Cristo, ser de Cristo, vivir para Cristo y que los demás así también lo sientan y lo vivan, es algo esencial. El Papa Benedicto XVI desde su primera Encíclica nos lo ha dicho: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Deus caritas est, 1).

Cristo es la novedad del amor de Dios y que define la historia humana en antes y después de Cristo. Todo tiene su centro en Cristo. Todo anuncia y prepara la llegada de Cristo. Todo se renueva y recupera en Cristo. Todo prolonga la misión de Cristo.

Cristo es la Palabra eterna que Dios Padre ha pronunciado de una vez para siempre y “se ha hecho pequeña, tan pequeña como para estar en un pesebre” (Verbum Domini, 12); ha crecido en sabiduría, estatura y gracia ante Dios y ante los hombres (cf. Lucas 2,52).

Soy de Cristo no por tradición o por imposición, sino por fascinación. Cristo llena mi vida. Pero también me compromete, porque su misión lo lleva a la cruz, cuando Cristo, que es la Palabra eterna del Padre, “enmudece, se hace silencio mortal, porque se ha dicho hasta quedar sin palabras, al haber hablado todo lo que tenía que comunicar, sin guardarse nada para sí… Cristo, Palabra de Dios encarnada, crucificada y resucitada, es Señor de todas las cosas; él es el Vencedor, el Pantocrátor, y ha recapitulado en sí para siempre todas las cosas” (Verbum Domini, 12). Decidirme por Cristo me lleva a asumir la cruz, pero también a entrar con gozo en la experiencia de la resurrección.

Decido seguir perteneciendo a Cristo, anunciarlo, vivirlo, celebrarlo, servirlo en las muchas formas, lugares y personas que me hacen encontrarme con él. Cristo lo ha dicho, si creo en él no quedaré defraudado. Invito a usted a vivir esta fascinación por Cristo.