La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Gigante con pies de barro

Los nuevos banqueros del mundo tienen los pies de barro. China es un gigante, pero la férrea disciplina con la que el Estado opera no impide que los conflictos y las injusticias se expresen con la misma violencia con la que opera el régimen. China tiene problemas sociales graves nacidos de un materialismo que arraiga a pasos acelerados entre sus ciudadanos; tiene problemas territoriales que le enfrentan con sus vecinos, como sucede estos días con Vietnam; tiene problemas de índole étnica y religiosa,  como demuestra la postración que padecen los musulmanes uigures en la región de Xingjian; y qué decir de la persecución desatada contra la Iglesia católica y de los arrestos de disidentes. Pero entre todos estos problemas, hay uno que curiosamente es el que más cautiva a los occidentales: el Tíbet.

Y ciertamente, a tenor de la solemne protesta que el Gobierno chino ha elevado a la administración Obama por la presencia del Dalai Lama en la casa Blanca, el Tíbet es uno de los principales problemas chinos. El Tíbet se ha convertido en un símbolo de la resistencia al régimen de Pekín, que vería su independencia como el principio del fin. Está claro que el Dalai Lama no es un mero líder espiritual. China quiere intervenir en la designación de su sucesor, y en ello se juega una parte importante del futuro. No porque David pueda acabar con el gigante, pero sí contribuir a debilitar y minar, aunque sea lentamente, al todavía gigante chino.