La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Acelerados y descontados

Pedro Herráiz, Filósofo

El entorno socialista está acelerado y el verano no está dando para hablar del dichoso calentamiento, así es que andamos recogiendo deseos de adelantamiento electoral y vemos lanzar ya nada menos que quinielas de ministrables postelectorales. Campaña larga. Más por lo que se nos va a hacer que por el tiempo.

Con una contumacia cansina, el resumen habla de los temores de la derecha y las audacias de la izquierda. La derecha siempre se presenta temerosa y precavida hasta la inoperancia; en tanto que la izquierda, pavoneándose ostentosa de la superioridad moral que irracionalmente se auto atribuye y cuela, reparte advertencias-amenazas, insinuaciones, promesas de favores, presiones, globos sonda, maquinaciones de vario pelaje para camuflar lo mismo como nuevo. No se le puede negar la exuberancia en su panoplia de armas políticas; no en vano es la madre del actual sistema de partidos.

De entre todos los recursos, el de la aceleración siempre es muy llamativo, porque genera un clima de urgencia sin que sea necesario aportar nada y siempre se puede traspasar la responsabilidad al otro. Así estamos en que, dependiendo de la conveniencia política partidista o de facción, la aceleración hueca se presenta como producto de los intereses partidistas de unos o de los contrarios; de uno mismo o de la nación misma. Este clima viene muy bien al verano informativo, se puede engordar como la serpiente; como el gobierno engorda la serpiente del terrorismo para ver si le pare un “trend topic”, mientras la serpiente sólo ordena sus crías recién eclosionadas y lo celebra.

La aceleración tiene un hijo tonto: el descuento. De un día para otro todo se da por descontado: el terrorismo ha descontado sus víctimas, por tanto sobran; estamos pendientes de los índices de la deuda soberana y de toda deuda, pero sin interlocutores; no se han hecho las reformas necesarias pero nadie espera ya que se haga nada –se da por descontado-. Toda la maquinaria de ingeniería social desplegada a lo largo de estos años se da por descontada. Detenerse en esto suena a estación pasada, la actualidad tiene rabia, su aceleración hipnotiza y emborrona el paisaje. Sin embargo, las leyes siguen actuando, las serpientes calentando sus crías, y maniobrando para hacer volar los faisanes.

Con la aceleración no hay alarma social, no hay tiempo para alarmarse, sólo queda la sensación del viento en la cara, ciegos; lanzados al futuro, aunque sea al precipicio o contra el muro. La aceleración es una clase de desesperación. No hace falta acelerarse para exigir elecciones generales ya, a no ser que se sea el candidato marcado.