La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

No habrá paz sin justicia y sin memoria

En Ermua, la ciudad que en pocos días rememorará el asesinato de Miguel Ángel Blanco y que hace catorce años encarnó el espíritu de la resistencia contra el terror de ETA, los concejales de Bildu se han negado a condenar y a rechazar la violencia terrorista. No puede sorprender que las gentes de Bildu hagan gala, sin rubor alguno, de las únicas y verdaderas motivaciones por las que están en la vida política. Lo que sí escandaliza es que los miembros del PNV sigan militando en la equidistancia cuando de ETA y del terrorismo se trata.

Ante la propuesta del PSOE y el PP en el Ayuntamiento de Ermua, el PNV sostiene que la condena del terrorismo y la petición a ETA de que entregue las armas y se someta a la acción de la Justicia es una iniciativa partidista contraria a la paz social. Una vez más el PNV se abstiene, seguramente porque le gustaría, como a Bildu, una salida negociada y sin culpables, en la que la historia del terrorismo acabe diluyéndose como un azucarillo.

 

Ojalá que la vida política española no hubiera llegado a estos límites. Pero toda vez que Bildu ha entrado en las instituciones y que sus tesis han cobrado carta legal de naturaleza, el orden constitucional tiene el deber de ponerse a funcionar para evitar, con la fuerza de la ley, que los asesinatos de 857 españoles a manos de ETA queden impunes. No hay nada peor que la indiferencia moral y la equidistancia. Eso es lo que  la sociedad española debería evitar.