La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Una política al desnudo

Miguel A Espino Perigault, Analista político (Panamá)

No se me ocurre mejor título que este para comentar el  escrito de la señora  embajadora de  Estados Unidos de América,  doña Phiyllis M Powers, (La Prensa, 1-7-11), quien ha mostrado en toda su desnudez el liderazgo mundial de su país en favor de los homosexuales y las principales categorías  (LBGT) que ellos mismos establecen.

La importancia  de su mensaje resalta al proferirlo  en el marco del 235 aniversario de la independencia de ese  país, fundado sobre las bases de la familia tradicional  y la igualdad de todos los hombres y mujeres ante Dios.

Pero, de todos los posibles  ejemplos de las numerosas aportaciones del genio norteamericano a la humanidad, en las ciencias,  las artes y  su reconocida generosidad, la única muestra  que la señora embajadora nos presenta es  el  empeño de su gobierno por  imponer la pervertida  agenda homosexual  en el mundo y en nuestro país.

Este afán por imponer supuestos  derechos  y privilegios a una minoría que se proclama ella misma odiada, perseguida y discriminada; pero que estigmatiza  a todo el mundo con la ofensiva  etiqueta de la “homofobia”,  constituye una vergonzosa política  que deja al desnudo la hipocresía del gobierno de Barack Obama en el terreno de los derechos humanos.  Es un campo en el cual la diplomacia norteamericana  arría la bandera nacional para izar la  del arco iris como el símbolo  del nuevo orden mundial en clave homosexual, impulsado desde las Naciones Unidas. Por eso, las palabras de la embajadora Powers no causan sorpresa.

Las proclamas del presidente Obama sobre la igualdad de  derechos humanos para todos son hipócritas porque, mientas  promueve “derechos” especiales para los homosexuales,  niega y rechaza  el derecho a la vida a millones de niños por nacer,   facilitando  su asesinato mediante el aborto,  en su país  y en el  mundo.

¿Estamos por llegar a  la sociedad imaginada por George Orwell, en donde se proclamaba la igualdad de todos; pero se reconocía que  algunos “iguales  eran más iguales que los otros”?

Por la magnitud y extensión del  apoyo  al aborto, el presidente  Obama  tiene  responsabilidad en mayor número de   muertes de personas inocentes,    que las  de muertes  provocadas por  Adolfo Hitler,  Benito Mussolini y José Stalin bajo sus respectivos regímenes dictatoriales, en el siglo veinte.

Nada puede enseñarnos  Estados Unidos en  derechos humanos, en ese sentido. Ni puede enseñarnos tampoco nada sobre supuestos derechos  a una minoría  instrumentada por ellos para sus políticas anti-vida y anti-familia  en el mundo.

Al igual que allá, nuestras leyes   salvaguardan los derechos legítimos  de todos los ciudadanos, incluidos los homosexuales. No se les discrimina en ningún sentido; viven como y  en donde quieren, viajan, estudian  y trabajan en donde desean y cuentan  con todas las posibilidades para superarse como personas,  en todas las áreas.

En cambio, señora embajadora, en su  país y en otros que les han cedido privilegios, los homosexuales crean  conflictos  que discriminan y vulneran los derechos humanos de todos en las libertades de acción  pensamiento, expresión y de culto.

Señora embajadora, usted felicita a  la asociación homosexual local  por la marcha del “orgullo gay” que llevaron a cabo. Su gobierno, al parecer,  no le ordenó que participara personalmente, como ha sucedido en otros países.   Supongo que, como dama,  su  participación le hubiera resultado  desagradable, porque esas marchas, no sólo muestran verdades desnudas, sino cuerpos también, lo cual es una nota característica de la baja autoestima  del homosexual y de  su irrespeto  hacia la moral de las mayorías.

Es lamentable que  usted no se hubiera percatado  de la  otra  marcha celebrada también en esos días: la marcha  “por la familia”: por la natural, la formada con base en la unión amorosa y responsable de un hombre y una mujer, como Dios manda y que corresponde, precisamente, a los valores que  sirvieron de base fundacional  a los Estados Unidos.

La familia tradicional,  señora embajadora, necesita mucho apoyo para superar  la pobreza,  la ignorancia y la insalubridad, males sociales discriminadores, que se agravan con la nefasta política exterior  en los terrenos judicial, de salud y educación propiciada  por su gobierno.

Las familias  tradicionales  merecen ser fortalecidas con ayuda internacional para que levanten  hijos sanos, muchos hijos,  el mayor tesoro de cualquier país. Pero, esto no parece entenderlo, ni le importa, al presidente Obama, obsesionado, como está, con los derechos de los gays.