La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La nueva ley del aborto no ha traído nada bueno

El derecho a la vida no entiende de estadísticas. Ahora que el Gobierno se está empleando a fondo para contar las supuestas bondades que ha traído la nueva Ley abortista, hay que recordar que el aborto siempre es un mal, que acaba con la vida de los que van a nacer y que arruina la de la madre. Aunque fuera verdad que en este año que lleva en vigor la llamada «Ley Aído», hubieran descendido en España las cifras de abortos, habría que seguir procurando, por todos los medios legítimos, que esta legislación tan injusta fuera abolida. Pero es que además esas cifras maquillan la realidad. No tienen en cuenta la cantidad de abortos que se han producido desde que se dispensa libremente, sin ni siquiera receta médica, la llamada «píldora del día después».

Tampoco presentan ningún análisis sobre la multiplicación de los embarazos en adolescentes y las tremendas secuelas que el síndrome post-aborto deja en las mujeres que se ven empujadas a eliminar a su hija. La actual Ley del aborto ha empeorado la que existía anteriormente, ya de por sí injusta. Lo ha hecho porque considera la eliminación de la vida de los que van a nacer como un derecho de la gestante durante las primeras catorce semanas del embarazo, dejando sin protección alguna esas vidas humanas, justo en el periodo en el que se producen la gran mayoría de los abortos.

Un análisis profundo de este primer año de la nueva ley desvela el drama que estamos sufriendo, ante el que  nadie se debería permitir la frivolidad de sacar pecho y ofrecer un discurso triunfalista.