La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La JMJ ya empieza a dar frutos

Sin duda el mejor fruto que hasta ahora estamos experimentando a nuestro nivel parroquial es la gente que empieza a saber que viene el Papa y empieza a hacer preguntas. De la simple curiosidad se pasa a cosas más profundas, cosas sobre la iglesia que no pocas veces derivan en cosas personales, como es lógico, y llegan en alguna ocasión a auténticos acercamientos a Dios.

Aquello de que sobre gustos no hay nada escrito se cumple siempre pues así de variopinto es el ser humano, y en una ocasión tan importante como la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en Madrid este verano, se vuelve a cumplir una vez más. Por eso encontramos todo tipo de reacciones, desde las más contrarias –también en el mundo eclesiástico, en el cual de todo tiene que haber…– hasta las más favorables, incluyendo incluso lo más ridículo como es lo que leíamos hace unos días en la prensa acerca de algunos colectivos de ateos y librepensadores que piensan dar la bienvenida al Papa vestidos de “trolls, elfos y obispos” (que todavía no entiendo yo lo que tengan que ver los obispos con las otras criaturas enumeradas).

Pero la verdad es que el fijarnos en lo que hace noticia acerca de la JMJ y su preparación –teniendo en cuenta que lo que hoy en día suele ser noticia suele es lo morboso más que lo objetivamente importante, osea lo que excita la curiosidad y atrae la audiencia– puede hacer que no nos demos cuenta de algo que es evidente y que cualquiera que tenga que ver con la preparación de este gran evento está ya experimentando: El gran bien que está haciendo ya entre la gente.

Me refiero a la gente sencilla y anónima, que es la mayoría y es la que realmente interesa, la gente de cada día, los que en mi caso veo y trato en la parroquia que mi Obispo me encomendó hace años. Llevamos ya varios meses con la preparación de la Jornada Mundial a un nivel tan sencillo como el de una parroquia de barrio en una ciudad de las llamadas “dormitorio” de las afueras de Madrid: La logística de la acogida de los peregrinos, la publicidad en el barrio, las inscripciones de los jóvenes, la organización de los voluntarios. Parece cosa de poco, pero lleva su tiempo y sobre todo personas concretas que están dedicando muchas horas de su tiempo, de modo totalmente desinteresado, a esta tarea.

Y aquí aparece el primer fruto: La de gente que se ha presentado para colaborar. Son sobre todo gente mayor que quiere ayudar para que los jóvenes se puedan dedicar a vivir tranquilamente y en profundidad todas las actividades de la semana que culmina con la Jornada. Para que los jóvenes disfruten todo aquello, un montón de adultos están dispuestos a sacrificar sus vacaciones de agosto, que es cuando se las toman cada año. La verdad es que conmueve la de gente que se ha presentado para colaborar, algunos de lo que ya son conocidos de la parroquia y otros que son caras nuevas, gente a los que les ha llegado el mensaje y han decidido echar una mano.

Pero los mismos jóvenes quieren colaborar con la acogida de los peregrinos, darles la bienvenida y hacerles sentir como en casa. Saben que van a ser jóvenes como ellos, aunque todavía no saben de qué parte del mundo van a venir, y quieren hacerles sentir como en casa, por lo que ya están preparando alguna fiesta para hacerles pasar un buen rato. Saben que sean quienes sea, van a ser hermanas y hermanos suyos, dispuestos a conectar fácilmente, pues la misma JMJ es la mejor conexión.

Sin duda el mejor fruto que hasta ahora estamos experimentando a nuestro nivel parroquial es la gente que empieza a saber que viene el Papa y empieza a hacer preguntas. De la simple curiosidad se pasa a cosas más profundas, cosas sobre la iglesia que no pocas veces derivan en cosas personales, como es lógico, y llegan en alguna ocasión a auténticos acercamientos a Dios a través de la confesión o el diálogo con el sacerdote. Este fruto, que va aumentando según se acerca la JMJ es sin duda uno de sus fines principales y ya empieza a manifestarse meses antes del evento.

Y ya de paso hay que decir que no es poco fruto la colaboración de muchas instituciones con la organización local del evento. La disponibilidad de las administraciones, algunas de buena gana y otras obligadas por autoridades superiores, hace que en sitios como la ciudad en la que está mi parroquia la preparación sea más fácil de lo que en principio parecería. El interés mostrado por ciertas administraciones, como el rectorado de la universidad que tenemos en esta ciudad, es esperanzador acerca de futuras colaboraciones con la Iglesia. Son frutos éstos que no se dan igual en todos los lugares pero que allí donde se dan hay que aprovecharlos, como veo que está ocurriendo con los sacerdotes encargados de juventud y pastoral universitaria de mi diócesis. La Jornada Mundial abre un campo de posibilidades que no se puede desaprovechar.

Ya ahora, cuando todavía quedan un par de meses, a muchos interroga, a otros atrae, a alguno repele, qué se le va a hacer. Pero el bien que poco a poco esté haciendo la JMJ de Madrid, y que sin duda se irá incrementando según se acerque la fecha, por no hablar cuando una riada de jóvenes invada toda España para acabar llegando a la capital, ese bien que es el de cada persona en su interior interpelada por una presencia que no es habitual en sus vidas, es un fruto por el que merece la pena el esfuerzo y los preparativos. Y para que ese interpelarse llegue a concretarse en acercamientos a Dios o la Iglesia, conversiones, vocaciones, etc, el Señor mismo proveerá, sin duda lo hará, a mí personalmente no me cabe la menor duda.