Cuando se vive apegado al dinero, al orgullo o al poder, es imposible ser feliz (Francisco)

Santos de todos los tiempos

En medio de una cultura que tiene como aspiración máxima el “pasarlo bien”, la beatificación de tres sacerdotes alemanes que fueron decapitados por los nazis plantea un ejemplo de santidad que, en principio, parece incomprensible. Los tres nuevos beatos murieron por su oposición al nazismo y vinieron a demostrar al mundo que existía otra Alemania donde había cristianos que no se dejaban doblegar por la dictadura hitleriana, tal y como destacó el cardenal Kasper en la ceremonia de beatificación. Por supuesto ha habido otros muchos casos de heroísmo en las cárceles y campos de concentración de la Alemania nazi, reconocidos por la Iglesia en las últimas décadas. La pregunta es hasta qué punto las historias de los nuevos beatos ofrecen un modelo atractivo para los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

La respuesta es que estos tres sacerdotes, a los que se une un pastor protestante que también sufrió el mismo martirio, nos dicen lo que significa ser cristiano: “Estar donde está Jesús, vivir y morir con Él”. Ese testimonio lo están dando en nuestros días muchos cristianos en todo el mundo. Hay también otros ejemplos de santidad que pueden pasar inadvertidos, como    los tres beatos proclamados el domingo Milán y que se hicieron grandes a través de su testimonio evangélico en las circunstancias de su vida cotidiana.  Se trata de un párroco, un misionero y una monja que realizaron su vocación en una total disposición para los demás en diversas circunstancias. El rasgo común de todos ellos, es el propio de cada cristiano en todos los tiempos: el testimonio de la fe en la vida ordinaria, que hace surgir una humanidad incomparable, cuyo atractivo nunca pasa de moda.