Octavio Roncero, periodista
“Se apela al relativismo para explicar –y criticar- esa agenda ideológica que pretende un cambio de sociedad”.. Así empieza un articulo, titulado “Los costes del relativismo” del magistrado José Luis Requero, en el periódico “La Razón” (28-6-2011). Requero es un habitual en el comentario lúcido, siempre orientado desde un punto de vista jurídico. El Derecho es su instrumento de trabajo y lo que dice desde este ángulo, tan necesitado de reflexión, le hace un comentarista insólito, en una sociedad tan necesitada de reflexión.
Lo dice con una mayor claridad: “El relativismo aflora cuando se renuncia a la ardua tarea de pensar y se opta por llenar, con esos eslóganes, el espacio mental que deberían ocupar convicciones forjadas a base de reflexión. Es un terreno ideal par los expertos en manipulación, en el pensamiento fácil y, de ordinario, único”
Recuerda Requero que para el relativismo “nada es verdad ni mentira, ni auténtico ni falso, solo hay conveniencia y la verdad cede ante la propaganda para vender productos radicales como el aborto libre, la ideología de género, el “matrimonio” homosexual, la eutanasia, etc.”
Y sigue estudiando esta sociedad tan nuestra y tan descabellada con una agudeza que no es muy común entre nosotros. Así se refiere que es más útil, en lugar de demostrar los errores de las iniciativas del relativismo, ver sus consecuencias prácticas. “Lo digo-dice- porque no pocas veces hablar de los fundamentos de la familia, del matrimonio o de la vida humana choca con ese muro relativista: “Esa es tu opinión”, “la ley debe hacerse para todos”… “Ante ese muro, quizás sea mas eficaz mostrar sus consecuencias –todas- más que demostrar su error”, afirma el autor. Y pone el ejemplo del etarra Txeroke cuando dice que “la lucha armada ya no procede” y razona: luego si ETA deja las armas no es porque respete la vida humana sino por que “no procede”, luego si procediese, volvería a matar.
Se para luego a analizar la conocida frase de Zapatero de que España como nación “es un concepto discutible y discutido” para afirmar: “Si no hay una verdad histórica sobre nuestra nación, es discutible que seamos una nación” luego entonces “si no sabes ni lo que eres, difícilmente puedes hacerte respetar”
Se refiere también a que la cimentación moral del relativismo permite falsear datos y cuentas. Así ocurre que cuando aparece un déficit millonario, más que oculto, ocultado, que traerá mas pobreza a las generaciones futuras “El relativista puede decir hoy –porque le conviene- que no hay crisis, para decir mañana, que vivimos la peor crisis de los últimos setenta años”
Otro ejemplo de Requero es que tras perder la oportunidad de hacer reformas imprescindibles o afirmar que España va bien y no precisa de reformas estructurales, reconocer, a la semana siguiente que está en quiebra e iniciar un recorte presupuestario, de prestaciones sociales y de salarios nunca visto, “eso sí, tras un telefonazo de Obama”. “En fin –continúa Requero-, “cuando el relativismo recala en el ordenamiento jurídico, sobran jueces que digan el Derecho y se precisen otros que vistan de Derecho la conveniencia. Aparecen entonces tribunales politizados, fiscales mercenarios, y la inseguridad jurídica se enseñorea. No se trata de tener razón, sino el poder y la influencia para que digan que es Derecho. El Estado de Derecho cede ante la arbitrariedad y una sutil tiranía nos hace siervos y ahuyenta a quien quiera invertir sus recursos ante semejante panorama”.
La conclusión a que llega Requero es que “el relativista lo es para todo, su mentalidad es única y acaba destrozándolo todo: familia, derechos, libertades… No sale gratis y su coste es real e insoportable”

















