La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La superioridad moral que necesitamos

Francisco Rodríguez Barragán. Miembro del Movimiento Familiar Cristiano

Cuando cayó el muro que dividía el mundo y se comprobó que el sistema comunista hacía tiempo que se había hundido, si es que alguna vez funcionó, parece que los cascotes del derrumbe no afectaron a los numerosos partidos comunistas que vivían y siguen viviendo en Occidente, incluso presumiendo de una falsa superioridad moral.

Los partidos nazis y fascistas, que fueron afortunadamente vencidos en el campo de batalla, no pueden ocupar ningún espacio político en la Europa de las libertades, pero los comunistas, que no fueron vencidos en ninguna guerra, pero se hundieron bajo el peso de su propia podredumbre, siguen campando por sus respetos como si el marxismo pudiera ser resucitado, en nuestras democracias.

Cuando vivimos bajo los efectos de una crisis que va a ser duradera y que tan mal ha gestionado la que se autodenomina izquierda, resulta inconcebible que Cayo Lara, en nombre del partido comunista, busque desesperadamente impedir que gobierne “la derecha”, mostrando así el torvo rostro del odio, del enfrentamiento, de la lucha de clases, en lugar de invocar la necesidad de la colaboración de todos para sacar a flote España.

Muchas de las pancartas enarboladas el 19 de junio, repetían cosas que ya eran viejas en mayo del 68, pero dejaban claro que el viejo y desacreditado marxismo inspiraba a buena parte de los indignados. No he oído ataques de los indignados al partido gobernante, por el contrario todas sus acciones están claramente dirigidas contra el partido que ha ganado las elecciones del 22 de mayo, quizás para amedrentarlo y hacerle saber que pueden movilizar la calle contra ellos, como ya hicieron otras veces.

Nuestra democracia es manifiestamente mejorable desde hace mucho tiempo, pero de ello solo parece  haberse tomado conciencia cuando se avecinaba y confirmaba el triunfo del partido de la oposición. Entran entonces en acción los que pretenden deslegitimar al sistema, aunque si lo que defienden es la II República, cuya bandera tricolor enarbolaban con profusión en las manifestaciones, estamos arreglados. ¡Menudo progreso, volver a 1931!

Me parece absolutamente deletéreo seguir hablando de derechas e izquierdas, ni que éstas se arroguen una superioridad moral inexistente. Puede haber distintas maneras de intentar resolver los problemas, pero o todos colaboran o esto se hunde.

Un izquierdismo laicista, anticristiano, intervencionista y sectario no nos hace ninguna falta. Una derecha acomplejada y temerosa de no resultar  lo bastante “progresista y políticamente correcta” tampoco servirá para nada.

Necesitamos la superioridad moral de hombres de estado, de todos los colores, pero con la suficiente altura de miras para colaborar y juntos terminar con años de despilfarro y corrupción.