La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Sinfonía del sufrimiento de los inocentes

Religionconfidencial

José Francisco Serrano Oceja

21/06/11

El sol llenaba la Catedral de la Almudena, una Catedral que, con Kiko Argüello presente, con esa cascada palabra suya que se cuela por entre las rendijas de la historia, es más cátedra de testimonio que construcción de pensamiento. El sol lo llenaba todo, y con el sol, la música, esa armonía de Dios que penetra hasta la entrañas de lo humano. Las pinturas de Kiko tomaron vida y mudaron hacia la palabra y la vibración de lo eterno. La música también es encarnación.

Asistí al estreno mundial de la completa Sinfonía “El sufrimiento de los inocentes”, el domingo 19 de junio de 2011, en una celebración que fue al mismo tiempo catequesis, concierto, representación verbal de la pasión del Hombre y reflejo de la pasión de Dios.

Kiko Argüello ha compuesto una sinfonía de paz sobre los destellos de la violencia del mundo, de la violencia que genera el pecado del hombre, que clama al cielo. Una sinfonía en cuatro tiempos, Getsemaní, Lamento, “Perdónales” y Resurrexit; una sinfonía que hace que la carne se estremezca y que el espíritu ascienda por la escala de la belleza. Con la dirección del joven director Pau Jonquera, y una orquesta formada por miembros del Camino Neocatecumenal, una vez más se palpa que la vida de la fe, que la experiencia de Dios, siempre es fecunda. La Sinfonía es eminentemente mediterránea, mezcla de sabores de culturas antiguas y de nuevas formas musicales; conjunción de constelaciones de plenitud de lo humano, de historia de salvación, de liberación. La música de Kiko es un abrazo de humanidad y un diálogo permanente entre quienes confiesan al Dios uno, entre quienes se miran a los ojos del sufrimiento del otro. La música de Kiko es expresión del don de la paz, del amor que se parte y reparte entre movimientos, a través de los instrumentos de cuerda y de viento que hacen bailar a la redención. La música de Kiko es caricia de María, Madre de Dios y madre nuestra.

En esta Sinfonía, también experimental, también aportación de Kiko Arguello al atrio de los gentiles, hay mucho sufrimiento palpado en la oscuridad de la historia. En las palabras iniciales, delante de Carmen y de una catedral abarrotada de gente, Kiko Argüello se refirió a su experiencia de las barracas de Palomares, en donde pudo tocar la experiencia del sufrimiento de los inocentes, de personas que llevaban sobre sí los pecados de otros. Hubo un momento de la interpretación en el que más que Catedral de la Almudena, la Sinfonía parecía interpretarse en un poblado chabolista, quizá por eso de que nuestro tiempo se parece a un barrio de chabolas. En una caseta, “Dios tenía la idea de que allí surgiera el embrión de un Camino de iniciación cristiana”, un Camino que, como recordó el cardenal Rouco, acompaña el sufrimiento del hombre, como nos enseña la Iglesia, en más de ciento veinte países. Un Camino de conversión y de resurrección capaz de hacer, también, el milagro de escribir e interpretar la sinfonía de la redención de lo humano.